Mostrando entradas con la etiqueta Articulo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Articulo. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de abril de 2014

La ley de inversión extranjera



Se ha manejado tan bien la información nacional por los medios difusivos oficialistas que por ahí anda la gente, el pueblo de a pie, contento y esperanzado con la nueva ley de inversión extranjera.
Hay hasta quienes piensan que a partir de la implementación de esta nueva “apertura” el pueblo de Cuba recibirá beneficios millonarios, que el nivel de vida individual superará el de cualquier haitiano y que podremos tener carros propios, casa confortable y viajar al exterior producto de nuestro propio peculio.
Pero las cosas no son tan bellas como esa gente cree. En primer lugar el negocio y sus beneficios son, como muy bien se titula la ley, para extranjeros. ¿Qué pinta un cubano natural, un obrero simple y llano, esperanzándose con participar en este supuesto pastel de cumpleaños? Y cuando se menciona la persona cubana, es la persona jurídica estatal, o sea, instituciones gubernamentales del Estado envueltas en el celofán de la palabra “persona”, para que los ingenuos crean que se trata del ciudadano individual.
Nada que ver con nosotros. A nosotros se nos emplearía en esas compañías como simples trabajadores asalariados. Pero no asalariados con moneda convertible como se manejarán los frutos de las utilidades de dichas compañías, sino con el peso nacional que vale cuatro centavos.
¿Y si algún ciudadano de a pie recibe de un familiar suyo en el exterior una remesa capaz de crear una empresa, abrir una shopping, o simplemente participar como inversionista en una compañía mayor, puede aplicar a esa ley? ¿Y si el inversor extranjero escoge a un amigo o familiar residente en este país y delega en él para director de su empresa, lo permite la ley? ¡Claro que no! Los cubanos insulares no tienen derecho a capitalizar, ni a ser ricos, según palabras de altos funcionarios del Gobierno. ¿Entonces, cómo podemos catalogar a la ciudadanía nacional, o sea, al pueblo? ¿Cuál es el calificativo que realmente le corresponde?
Claro que la respuesta soterrada de ese pueblo está allí, implícita en su conducta. Es esa respuesta sin palabras, que no sale por los medios difusivos, pero que la presiente, tanto el Estado como la ciudadanía culta y moral que permanece en la Isla: la desobediencia a leyes injustas, la fechoría en cualquiera de sus aristas, la constante perturbación al orden público y tantas otras que hicieron confesar al presidente del país meses atrás que suman 191 formas negativas del pueblo. Y la peor de todas, la emigración multitudinaria, solo refrenada por la frontera marina y por la negativa al visado en múltiples embajadas radicadas aquí.
Es mi criterio, mi triste y quejumbroso criterio, que si el Gobierno del pueblo de Cuba no hace cambios profundos y funcionales –y al parecer, muy pocos deseos tiene de llevarlos a cabo –la nación cubana se difuminará por el mundo como las gotas de lluvia que caen en el océano.

Pedro Armando Junco

miércoles, 9 de abril de 2014

La crisis del agua amenaza no tener fin en el casco histórico de Camagüey.


 
Es totalmente paradójico que luego de la remodelación de las vías conductoras con tubos nuevos y de gran capacidad, cuando las lluvias de este último período han sido prolíficas, sea ahora el momento en que falte el agua por largos períodos a la población.
Un amigo me comentó al respecto:
–Nunca te asombres de las contradicciones de esta sociedad. Cuando se dice que vamos a tener abundancia de algo es cuando primero se acaba. Recuerda la papa: estaba racionada a 30 centavos la libra; la pusieron por la libre a un peso y ahora para empatarte con una librita, tienes que desembolsar ocho o diez veces su precio.
Aunque los presentes se echaron a reír por la jocosidad, el problema del agua es terriblemente peligroso. Puede faltarnos la electricidad –que de hecho falta muchas veces –y sobrevivimos como en el siglo XIX. Pero el agua es tan vital como el alimento. Es más, con algo que llevar a la boca, aunque no sea de la mejor calidad, sobrevivimos –de hecho queda demostrado en nuestra sociedad actual –; pero si no bebemos agua nos deshidratamos, y como sin ella no hay pulcritud, nos invaden enfermedades mortíferas, que ya abundan.
Pero en esta oportunidad no seré yo quien lance la piedra, sino que voy a dejar la exposición a un grupo de vecinos de mi barrio, quienes redactaron y reprodujeron diez copias de una carta que llegará en breve a manos de diversos dirigentes y diferentes medios de comunicación.

Camagüey
Año 56 de la Revolución
De: Vecinos de la calle Carmen, entre General Gómez y Medio. Ciudad

Los vecinos que habitan en los lugares arriba mencionados están preocupados por la carencia de agua en esta zona de la ciudad que es bastante alta. Hace días que no entra una gota de agua y nadie explica el porqué. Precisamente, en este lugar hay tres enfermos encamados de ochenta y noventa y pico de años, a los que obligatoriamente hay que mantenerles la higiene, además de niños pequeños cuya ropa de cama y demás utensilios, hay que lavar diariamente.
Como es conocido el agua es vital para todo, desde que uno se levanta hasta que se acuesta. Usted, como todos, conoce los altos precios de la comida y demás productos necesarios para vivir, por lo que los salarios no le alcanzan a nadie. No hay dinero suficiente para comprar diariamente las tanquetas de agua de 20 litros a tres ($3.00) pesos, o pagar un camión-pipa que cuesta cien ($100.00) pesos como mínimo.
 Sin higiene no hay salud. Este es un lema muy repetido. Todos nos podemos enfermar pero, reiteramos, nadie dice nada ni hace nada, ¿hasta cuándo vamos a estar así? Nos encontramos en medio de una situación de salud difícil, alarmante, porque se sabe que hay dengue, cólera, por mencionar solo estas dos enfermedades entre muchas otras que existen en la ciudad actualmente y que a pesar del gran esfuerzo que día a día realiza Salud Pública, no ha sido posible erradicar todavía estas epidemias.
Para cocinar hace falta agua, cuando sentimos sed tenemos que tomar agua. Tenemos que bañarnos diariamente. Sabemos que hay agua suficiente en Camagüey. ¿Entonces, qué está ocurriendo? Existe indolencia por parte de algunas personas responsables de abrir la llave de los registros. ¿Es que también hay que pagarles dinero extra para que abran esas llaves. Es urgente que se conozca que en algunas casas de la ciudad están conectando mangueras a la tubería maestra. ¿Es que esto está permitido por el Gobierno en la provincia?  ¿Es que los dirigentes desconocen lo que está sucediendo? Como se sabe, una vez rota la calle aun cuando se tape el hueco, la calle no queda igual. Verdaderamente esto da pena después del gran esfuerzo realizado para saludar  el 500 aniversario.
El lema higiene es salud se repite mucho, pero lamentablemente a algunos individuos poco les importa y solo se preocupan por su buena vida.
Esperamos que esta lamentable situación se resuelva por los niveles superiores y por los que trabajan en Recursos Hidráulicos. Evitemos más enfermedades y como consecuencia un mayor número de personas hospitalizadas.

En espera de su segura atención quedan de usted, revolucionariamente,

vecinos de las calles antes mencionadas.


Pedro Armando Junco

jueves, 27 de marzo de 2014

Que salten de alegría los trabajadores de la salud



Hace acaso un mes, un destacado dirigente de alto nivel expresó –más o menos con otras palabras –que se estaban formulando tácticas para obtener del trabajador cubano mayores bienes de consumo. O sea, utilizar una estrategia de estímulo que pusiera a trabajar de verdad a la gente. Eso fue lo que pude dilucidar del discurso, porque cuando ese compañero comparece frente a cámaras, su disnea crónica, el alto vuelo técnico de sus palabras y el revoloteo de sus brazos para que le veamos el hermoso reloj que cuelga en su muñeca, roba mucho la atención y nos deja fritos.
Y cuando se habla de estrategias desde allá arriba, inmediatamente pensamos en qué nuevos trucos se están gestando contra el ciudadano de a pie. Porque si de algo estamos convencidos es de que cuando se ofrece un novedoso beneficio a manera de anzuelo, detrás viene el batacazo violento que lejos de mejorarnos, nos aplasta más y más.
No obstante, me atrevo a proponer a esa personalidad de las altas esferas ministeriales, una fórmula más sencilla si se quiere conseguir que el cubano de a pie, el cubano obrero y campesino trabajen y produzcan riquezas: en primer lugar brindarle un sentido de pertenencia transparente y real: que lo suyo sea suyo, con garantía de que mañana no aparezca un decreto y se lo confisque. En segundo término no poner reparos a sus ganancias; y que estas ganancias sean contantes y sonantes con una moneda que tenga valor adquisitivo verdadero, que le permita adquirir hasta la última novedad confortable para su hogar y su familia. Por lo tanto me atrevo a garantizar a ese funcionario que en un espacio de tiempo, no muy extenso, todo irá tomando un camino de éxito económico en la ciudadanía. Más claro aún: si las entidades gubernamentales dejan que cada individuo eleve su patrimonio hasta donde su capacidad, su inteligencia y su laboriosidad se lo permitan tal a como lo planteara Carlos Marx, y sientan muy en serio el sentido de lo propio, todo irá de perillas y se saldrá del hueco financiero donde está enclavado el pueblo de Cuba.
Claro que la infraestructura laboral de Cuba es el primer gran obstáculo. Habría que comenzar por desenredar la maraña que se ha tejido durante medio siglo con la aniquilación de todo negocio productivo particular y tantos puestos de trabajo que no producen riquezas, sino las consumen. “Darle hacia atrás al casete” para decirlo en buen cubano y reconocer que aquellas medidas lapidarias de los años sesenta fueron el tiro de gracia a la economía nacional. Y habría, como señalé más arriba, que multiplicar el valor absoluto de las riquezas creadas por el individuo, invitando así a que aquellos que no la producen, marchen hacia donde puede ser originada. Previo a esto habría que eliminar todo tipo de ventajas y prebendas a dirigentes, a militares, custodios, mosquiteros, etc., –hijos bobos de la economía interna – y veríamos entonces, en poco tiempo, como estos y muchos inútiles más, marcharían en pos de un puesto de trabajo productivo.
Pero entonces aparece el mayor de todos los problemas: ¿dónde existe el sitio generador de riquezas en un país donde la infraestructura industrial está casi en cero? He allí la gran disyuntiva de grandes e inteligentes economistas como Juan Triana Cordoví, por citar solo a uno de ellos. La inversión extranjera en gran escala, cuya esencia ideal sería la norteamericana, tropieza con el embargo –en Cuba error etimológico al llamarlo “bloqueo” –y está lejos aún de poder implementarse mientras se atraviesen en su camino las cuestiones políticas fundamentalistas que aún hoy perduran.
Al parecer, el primer paso a ejecutar por aquel personaje que mueve mucho la muñeca para enseñar su reloj, es duplicar el salario al personal de salud dentro y fuera de la Isla. A nadie le es ajeno que una de las mayores entradas de divisas al Gobierno cubano está en alquilar decenas de miles de personas de este gremio a diferentes países, sobre todo en Latinoamérica. Según cifras oficiales, el 64% del total de servicios en el exterior. Pero con las últimas medidas restrictivas indirectas, como es la imposibilidad de comprarse un carro al regresar a la Patria luego de varios años de dolorosa odisea alrededor del mundo, debido a los exorbitantes precios que les han impuesto y la inutilidad de una carta que anteriormente facilitaba la prebenda de adquirirlo a un precio asequible para sus ahorros, ha sido mucho el desencanto de los galenos “internacionalistas” y, ni qué decir de los que dentro del patio sobreviven con salarios miserables que nos les alcanza ni para comer.
Debo reconocer que muchos de estos nuevos beneficiarios del nuevo decreto están dando saltos de alegría. El Consejo de Ministros, fiel escucha del hombre del reloj de lujo, ha conseguido entusiasmar a muchos –a pesar de ser un personal intelectual universitario –que no tienen puesta la luz larga hacia el porvenir y al parecer ignoran, en primer lugar, que la duplicación del salario de un profesional todavía es una menudencia si se le compara con ese cargo suyo en el extranjero, ni en la injusticia de este “privilegio” que traerá respuesta inmediata en otros muchos sectores gremiales que pondrán el grito en el cielo, y por último, que una inflación galopante acelerará sus pasos como los del gigante de las siete leguas y reducirá a la mitad cuando menos el valor adquisitivo del duplicado salario.  
Por primera vez en 55 años hemos sido informados de la cifra real de caudal financiero que recibiría Cuba en el 2014 por su rebaño internacionalista: dos mil ochocientos millones de pesos convertibles (CUC). Al tomar la calculadora cualquier ciudadano de nivel elemental y dividir esa cifra entre 11 millones de cubanos y luego multiplicarla por 25 –que es el valor real de esa moneda frente a la que se le paga al trabajador –cada cubano percibiría 18 636 pesos y 36 centavos al año incluyendo desde el recién nacido hasta el más longevo. O sea, 1553 pesos mensuales per cápita, cifra que nadie percibe en nuestro país. Si a este caudal sumamos el de las remesas familiares que van a parar a manos del Estado, las exportaciones en renglones tan importantes como el ron, el tabaco y el pescado, los frutos de la TRD (Tiendas recaudadoras de divisas) y el turismo, más el capital en moneda fuerte de ETECSA, la aviación civil y tantas fuentes más de entrada financiera al país, cada cubano y cubana pudiera vivir como Dios manda.
Los cubanos de hoy no poseen la ingenuidad de las dos generaciones anteriores. Los golpes han abierto los ojos a la población y para nadie es secreto que el total de la fortuna acumulada en el país se va por otras vertientes nada propicias para el pueblo. Inventar nuevas fórmulas para que el cubano trabaje es buscar la cuadratura del círculo o la circunferencia del cuadrado sin el número pi.
Después que se paguen los nuevos salarios al personal médico cubano y transcurran algunos meses, tendremos mucho que contar sobre la euforia de los afortunados y el desánimo de los maestros, profesores, abogados, intelectuales en general y los siempre arrinconados obreros simples y campesinos, si no se les tiene en cuenta en este “regalo”. Y si se les tiene en cuenta, tendríamos que ser profetas para predecir el precio de una malanga en el mercado.

Pedro Armando Junco

martes, 18 de marzo de 2014

Mujer


Hace algunos días, de visita en la casa de un matrimonio amigo, debatíamos sobre la mujer antes y después del “59”. Este matrimonio, septuagenario y con más de medio siglo de unión familiar, es uno de los pocos que ha llevado la carga conyugal durante toda la vida. Y de esos pocos, casi todos son anteriores al “59”.
Al comentar la facilidad con que asumen los matrimonios de hoy la ruptura conyugal, casi siempre acometida por la mujer, la esposa de mi amigo me respondió lacónica: “Es que hay mujeres… y mujeres”. Y mi viejo camarada acotó: “En un matrimonio de toda la vida, el que se va primero es el más dichoso”.
¡Hermosa escena de ternura en dos viejecitos que para ellos el amor dejó a un lado los apetitos genésicos que acaso un día fueron motivos de la unión, pero que hoy se han transmutado en cariño verdadero!

Cuando triunfó la Revolución el Primero de enero de 1959, quemó todos los prostíbulos. Ese mismo día se arrancaron las cadenas de peaje que recaudaban fondos para mantener en buen estado los caminos vecinales. Y se llevaron a cabo muchas acciones más, en nombre del pueblo. Pero yo recuerdo estas dos primeras solamente porque era un niño de apenas once años.
Las prostitutas fueron recluidas en centros de rehabilitación: les enseñaron artes manuales: fabricar jabas, tejer sombreros de yarey, coser a máquina, etc. Fue un proceso de reivindicación muy arduo para aquellas mujeres que se ganaban la vida con una parte de su cuerpo que no eran las manos precisamente. Al parecer el más viejo oficio de la mujer quedaba fuera de lugar en una sociedad con altas miras de altruismo y moralidad.
Meses más tarde, emancipadas de su mácula, las devolvieron a una sociedad nueva, cuya proclama mayor era la igualdad plena de los seres humanos: todos seríamos iguales: negros, blancos y mulatos; pobres y ricos; hombres y mujeres. Y los caminos vecinales estarían libres de impuestos para que todo el mundo pudiera cruzar por ellos sin pagar un centavo.
La mujer asumió su autonomía con todas las de la ley. Aquellas jovencitas que esperaban vírgenes el hombre que las desposaría y con el cual estarían unidas el resto de la vida, pasaron al anacronismo más deplorable. La virginidad era rezago de una burguesía enfermiza y el matrimonio una atadura social injusta y –¿por qué no? –discriminatoria, porque la religión superpone al hombre como cabeza de familia y hasta la religión tuvo su parte de castigo por anticuada y fanática. En lo adelante la mujer estaría libre para irse a estudiar a la Unión Soviética y perder el himen con el primer ruso que le gustara, mientras las del patio marcharían a la vanguardia soldadesca como milicianas a perder el suyo dentro de una trinchera antimperialista, o dentro de algún plantón de caña de azúcar en plena cosecha azucarera, sin tener en cuenta aquellas premonitorias palabras martianas de que el niño nace para caballero y las niñas para ser madres.
¡Se acabaron las putas! gritaba el entusiasmo callejero. Se acabó el reino de la burguesía, con sus ricos encopetados y autosuficientes. Se acabó la propiedad privada en todas sus aristas y dimensiones. Se acabó el compromiso matrimonial al que solo llegan hasta el final los que se resignan. Llegó la hora de la libertad absoluta.

Sin embargo, han transcurrido más de 55 años desde aquel Primero de enero. Pudieran saturarse hasta el colmo bibliotecas completas que recojan las crónicas de los resultados obtenidos por aquellas disposiciones revolucionarias. Los caminos vecinales, las carreteras, las calles de cualquier sitio en Cuba, incluyendo las viviendas de hasta la última ciudad y el último pueblito, fenecen y se convierten en intransitables los primeros e inhabitables las últimas.
Y nuestras jóvenes de hoy, no importa si nietas de las muchachas alegres del burdel o de las más rancias familias otrora burguesas, indefectiblemente si profesionales o simples campesinas, han asumido la liberalidad de su sexo, unas como jineteras a ver cómo sobreviven o las saca del país un extranjero; otras como “internacionalistas”, y ¡al diablo con el compromiso matrimonial! La política gubernamental de los últimos años ha sido la de alquilar personal calificado a otros países donde no se puede ir acompañado por su pareja; trayendo esto como resultado, el aniquilamiento de los matrimonios en casi todos los casos.
¿Y qué de los hijos de padres separados? Porque, puede que sea cierto que el matrimonio socava la libertad de la pareja en materia genésica. Y puede agregarse además que esos matrimonios que vemos hoy –muy pocos y casi todos anteriores a la proclama de la “igualdad de la mujer” –han tenido que resignarse a una vida conyugal monógama –salvo los deslices secretos que no dejan de ser otra realidad –pero han conseguido llegar a viejos al lado de una persona que es la sustituto del padre o de la madre que por ley natural ya ha desaparecido.  ¿Que han tenido que soportar espinas y escollos de todo tipo? Es cierto. Pero estas limitaciones llevadas a una balanza emocional ¿pueden compararse a las sufridas por el matrimonio o los matrimonios deshechos en cadena que colocan a los hijos en una encrucijada altamente dolorosa?
A los que aseveran que el matrimonio es una esclavitud social, puedo responderle que sí; pero que hay esclavitudes sociales mayores –porque la sociedad en sí, a no ser la utópica de Rosseau – acarrea siempre esclavitudes muy difíciles de reconocer, pero que no por ello dejan de ser sometimiento abyecto y brutal, sin que precisamente el matrimonio lo sea tanto. Puede que el casamiento exija una buena dosis de resignación, de consenso, de limitaciones. Pero es una esclavitud amable cuando se halla en ella esa otra mitad que desde los remotos tiempos socráticos se viene hablando.

Pedro Armando Junco
      

martes, 21 de enero de 2014

Prefacio para un Congreso


                   En el mes de abril del presente año la UNEAC celebrará su Octavo Congreso. Para aquellos que desconocen las siglas, debo aclarar que UNEAC significa Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba. Fundada en los primeros años de la Revolución y presupuestada por el Estado presenta en sus estatutos como requisito previo para integrar sus filas “su adhesión a los principios de la democracia socialista y en consecuencia defiende el derecho a la información, a la palabra, al ejercicio del criterio, a la libertad de creación, a la investigación, a la experimentación, a la crítica, al debate y la polémica”.
Durante décadas el discurso homogéneo y centralizado de sus miembros, fue verticalmente el discurso del oficialismo. Ni obra literaria, ni plástica, ni musical, ni mediática, podía apartarse un ápice de la voz gubernamental. Y en consecuencia, hoy lastra su historia como el más sonado de su radicalismo político, el caso Padilla, aunque pueden agregarse otros de menor estrépito, pero que de manera soterrada excluyeron artistas cuyas obras demostraron más tarde, altos y transcendentales valores: Pedro Luis Ferrer y José Valladares, compositores de piezas musicales que se manifestaron más allá de las fronteras del país, son dos buenos ejemplos de compositores, entre otros muchos, que podrían citarse. En el campo literario, a Leonardo Padura y Pedro Juan Gutiérrez, su heterodoxia los obligó a triunfar fuera de Cuba primeramente, para luego ser reconocidos y publicados en el patio.
Sin embargo, hace poco más de cinco años, Eusebio Leal pronunció un discurso en la clausura del Séptimo Congreso de la UNEAC, que abrió puertas y ventanas al futuro. Y a partir del Séptimo Congreso, la UNEAC se ha ido democratizando paulatinamente. “Democratizando” no es en realidad la palabra idónea que explica mejor la liberalidad con que sus miembros pueden hoy escribir o pintar, a pesar de que otra de sus agrupaciones –como es el caso de los medios difusivos –mantienen aún la mordaza puesta.
Si bien es cierto que todavía queda mucho camino por andar en las editoriales del país, ya salta a la vista la intención de reconocer los valores del artista sin prejuicios políticos fundamentalistas. En el quinquenio anterior, cuando para las asambleas previas al Congreso nos reunían, a pesar de cierta soltura aparente, se nos “monitoreaba” lo suficiente como para hacer llevar al Cónclave planteamientos estereotipados. Mas hoy, nuestras asambleas provinciales han gozado de la libertad de expresar criterios más diversos y sacar a la luz ideas anteriormente inimaginables, siempre a la sombra de una postura revolucionaria.
Pienso que transitamos por un camino cada día más prometedor. Escollos habrá que sortear, empecinados en frenar el avance del cambio de mentalidad, nunca faltarán. No son pocos los que temen, conocedores de su mediocridad, el destete de los cargos y prebendas que los han mantenido arriba gracias a su careta política. Pero la fortaleza de la idea renovadora, la entereza por salvar conquistas del socialismo, junto a la disposición de un pueblo cada vez más documentado gracias al desarrollo de las nuevas tecnologías y deseoso de mejorar sus condiciones de vida familiar, llevarán a cabo la obra de la reestructuración de nuestra cultura, que es, a fin de cuentas, el pilar imprescindible para alcanzar la reestructuración de todos los valores sociales, ya sean educativos, económicos o de cualquier otro tipo.
Trabajemos todos por un Congreso donde el arte brille con el esplendor intrínseco de la libertad verdaderamente creadora.

Pedro Armando Junco

martes, 24 de diciembre de 2013

Indisciplinas sociales



En estos tiempos que multitudinariamente todos sobrevivimos gracias a las ilegalidades, surgen como géiseres un sinnúmero de ellas que sobrepasan  los límites de las necesidades básicas y se convierten en indisciplinas sociales altamente delictivas. Otras, un tanto ajenas a lo económico, pero dañinas y perturbadoras, brotan como ramas torcidas del tronco enfermo de la sociedad en que nos ha tocado vivir. Son muchas, acaso innumerables, a pesar de que el presidente de Cuba, Raúl Castro Ruz, en reciente discurso televisivo, ya había conseguido computar 191 contantes y sonantes.
Y a propósito, pongo a disposición de ustedes el reciente trabajo de mi colega y amigo Pável Alejandro Barrios sobre UNA SOLA de las tantas indisciplinas sociales que atentan contra el bienestar y la tranquilidad ciudadana, precedido por un fragmento de Roberto Fernández Retamar a manera de exergo:

 INDISCIPLINAS SOCIALES: LA APOTEOSIS DEL ESCÁNDALO

“Un error teórico cometido por quien puede convertir sus opciones en decisiones, ya no es solo un error teórico: es una posible medida incorrecta. Con medidas incorrectas hemos topado, y ellas plantean, por lo pronto, un problema de conciencia a un intelectual revolucionario, que no será de veras cuando aplauda, a sabiendas de que lo es, un error de su revolución, sino cuando haga ver que se trata de un error. Su adhesión, si de veras quiere ser útil, no puede ser sino una adhesión crítica, puesto que la crítica es el ejercicio del criterio. Cuando hemos detectado tales errores de la revolución, los hemos discutido. Así ha pasado no solo en el orden estético, sino con equivocadas concepciones éticas que se han traducido en medidas infelices. Tales medidas fueron rectificadas, unas, y otras están en vía de serlo. Y ello, en alguna forma, por nuestra participación. (…) de alguna manera, por humilde que sea, contribuimos a modificar ese proceso (la revolución) De alguna manera somos la revolución.”
Roberto Fernández Retamar
Hacia una intelectualidad revolucionaria. 1967

Llevamos más de 50 años de implantación de una cultura del bullicio, en la cual el ruido y la algarabía se han venido utilizando como símbolo de diversión a escala colectiva y de entusiasmo. Ejemplo de ello son los actos culturales de amplias concentraciones de personas en los cuales, para posibilitar la recepción del talento artístico, se utilizan equipos de alta potencia que se emplazan, las más de las veces, en lugares residenciales no diseñados para tales estrépitos. ¿Para qué tenemos los teatros, las Plazas de la Revolución, las Salas Polivalentes y los Estadios, entre otros espacios que se han diseñado arquitectónica y urbanísticamente para este tipo de actividades? ¿Por qué insistir en celebrar actos, conciertos, fiestas populares y actividades culturales en zonas residenciales en las cuáles podría afectarse a varios sectores de la población como los ancianos, los niños pequeños, los enfermos y a cualquier persona amante de la tranquilidad? ¿O es que acaso el texto martiano recogido en el Capítulo 1, artículo 1 de nuestra Constitución y que refiere construir una patria con todos y para el bien de todos, no funciona cuando se trata de divertir al pueblo, diría yo, a parte del pueblo? ¿Es que acaso los sectores poblacionales más afectados con tales actividades no importan, no cuentan en un país que ostenta cifras de ancianidad y de personas de la tercera edad a la par de los países más desarrollados del mundo? ¿Somos entonces un país de jóvenes escandalosos y fiesteros? ¿Una turba ensordecida por los estruendos? Hace algunos años un periodista, si mal no recuerdo, Lázaro Barredo, en una mesa redonda, caracterizó la realidad que vivimos como  “selva hiperdecibélica”. Con tales ejemplos, cualquiera se siente con el derecho de poner la música alta a volúmenes alarmantes cualquier día, a la hora y hasta la hora que más le venga en gana. ¿Y qué le vamos a decir? ¿Cómo los vamos a combatir? ¿A través de los CDR cuya estructura de base es cada vez más cuestionable? ¿Cuántos participan en las reuniones y asambleas del CDR solo por no señalarse? ¿Cuántos votan las más de las veces sin saber por qué hacen ejercicio del voto, ni por quién lo hacen o desconfiando de que las cosas tengan realmente soluciones? ¿Cuántos no creen que a estas alturas el funcionamiento de los CDR es pura orientación asumida por compromiso y no por convicción? Los CDR no pueden ni podrán acabar con las indisciplinas sociales porque hace mucho que dejaron de ser y actuar con el protagonismo que determinados contextos les exigían. ¿Qué puede propiciar la intervención directa del CDR en el combate de las indisciplinas sociales? Violencia entre vecinos, altercados, enfrentamientos y desavenencias, más dispersión en la comunidad cuando lo que debemos es estar más unidos y sentirnos más parte de todos y de cada uno. Se precisa de la actuación de una fuerza del orden con autoridad social establecida y no otorgada por votaciones desganadas.
En todo momento y en cualquier tipo de sociedad la policía es “una fuerza de seguridad encargada de mantener el orden público y la seguridad de los ciudadanos y sometida a las órdenes de las autoridades políticas.” En múltiples ocasiones he presenciado a entidades o a particulares escandalizando en espacios públicos con equipos de música y he visto a agentes de la policía pasearse indolentes por esos lugares sin ejercer su función. Incluso, frente al sector de Avellaneda, uno de los vecinos ponía ¿o continúa poniendo? un equipo de música que se escuchaba en la esquina de la calle San José en su intersección con Avellaneda, y a la policía parecía no molestarle. Luego viene la Semana de la Cultura, las Fiestas del San Juan, o la Fiesta del Tinajón, sobre la cual, hace muy poco, hubo quejas en el programa Sin Rodeos, y pasó sin penas ni glorias, y vuelve el escándalo a señorear en las zonas residenciales, el escándalo autorizado y legal. Entonces, ¿con qué autoridad vamos a combatirlo a nivel de CDR, de cuadra, de escalera de edificios multifamiliares? También nos visitan artistas (músicos) de la capital o de otras provincias, que rechazan nuestros teatros, o nuestra Plaza de la Revolución, o Sala Polivalente o Estadio, y piden dar su concierto en lugares públicos de zonas residenciales, y son autorizados. ¿Doble discurso o permisibilidad conveniente? ¿Haz lo que yo digo y no lo que yo hago? ¿Alguien se ha preocupado por hacer encuestas a la población más afectada residente en estos lugares para constatar el bullicio institucional? ¿Acaso no se dimensiona el papel del CITMA que debe atender estas violaciones institucionales? ¿Lo dimensiona el propio CITMA? ¿O es que la contaminación sonora propiciada por las instituciones culturales y las organizaciones políticas y de masas no es escándalo ni constituye contaminación sonora? ¿Acaso estas instancias se exentan del cumplimiento de las leyes No. 81 del Medio Ambiente y No.59 del Código Civil, que en  su artículo 203, sostiene que el poseedor de un bien (en el caso, la vivienda) puede exigir legalmente el cese de cualquier perturbación que le impida su disfrute?
Pienso que se impone lidiar con las causas de los problemas y no con las consecuencias, como hemos hecho y hacemos en repetidas ocasiones. ¿Por qué se continúan vendiendo a la población equipos de música de altísima potencia? ¿Por qué no se hace uso de los espacios públicos adecuados para intervenir con altas sonoridades? Hay que predicar con el ejemplo si en verdad pretendemos concienciar a las masas para que se autodisciplinen; pero también hay que disciplinarlas. La PNR debe combatir las indisciplinas sociales incluso antes de que se produzcan las denuncias, baste con presenciar tales indisciplinas para actuar. Creo además, que deben rediseñarse los mecanismos de sanción comprendidos en estas leyes, porque los existentes no se corresponden con la realidad económica y política del país. ¿Qué significa una advertencia para los escandalosos? ¿O una multa de 10 ó de 100 pesos? Sin embargo tenemos sanciones mucho más rígidas y cuestionables que multan con 1000 o más pesos y con decomisos de mercancías a los infractores. La contaminación sonora es espeluznante, y constituye el contaminante más común en nuestra sociedad. Contaminante que comienza a evidenciar consecuencias reversibles e irreversibles en la población.
El ruido es nocivo, y la exposición regular a él tiene consecuencias catastróficas para la salud física, mental y repercute en el comportamiento social. Se ha comprobado que la exposición a ruidos de más de 85 decibeles produce disminución de la secreción gástrica, gastritis o colitis, aumento del colesterol y de los triglicéridos, con el consiguiente riesgo cardiovascular, aumento de la glucosa en sangre. Aquellos con problemas cardiovasculares, arteriosclerosis o problemas coronarios, ante los ruidos fuertes y súbitos pueden hasta sufrir un infarto. Y en cuanto a los efectos psicológicos se produce insomnio y dificultad para conciliar el sueño, fatiga, stress (por el aumento de las hormonas como la adrenalina), depresión y ansiedad,  irritabilidad y agresividad, histeria y neurosis.
Y ahora preguntémonos: ¿Por qué campea la violencia y la irritabilidad en nuestra sociedad, fundamentalmente entre los más jóvenes?
La batalla contra el ruido es compromiso de todos. No permitamos que se nos generalice como escandalosos y se le achaque luego a una particularidad cultural, somos alegres sí, pero la alegría no es sinónimo de desconsideración, ni de egoísmo, ni de escándalo, ni de otras virtudes de una marginalidad que intenta establecerse en nuestra sociedad como modelo cultural.               

Pavel Alejandro Barrios Sosa
Curador y Crítico de Arte. Guionista Radio y TV.
        Teléf: 262393      Correo: palejandrobs@gmail.com

lunes, 9 de septiembre de 2013

Propuestas para una refundación de la prensa cubana


Este es el título de un amplio dossier en el que la revista Espacio Laical recogió las opiniones de cinco destacados intelectuales del país.
Por supuesto, esta prestigiosa revista nacional, auspiciada por la iglesia católica, tiene su sitio en Internet y puede encontrársele en su web. A pesar de esto, opino que no es superfluo resaltar, a modo de resumen, la opinión impactante de uno de estos cinco entrevistados, con quien estoy totalmente de acuerdo: el politólogo Esteban Morales.
Este trabajo que presento ante ustedes es un extracto de sus parlamentos; y he tomado lo que me ha parecido fundamental de dichos enunciados. La objetividad y franqueza de este intelectual cubano, a mi modo de ver, sienta las bases para que, junto a otros de igual prestigio como el sicólogo Manuel Calviño, haga reflexionar a personalidades de las altas esferas del país y se efectúe el cambio de mentalidad que tanto urge.  
Al ser interrogado sobre qué elementos caracterizan a la prensa cubana actual y algunos otros cuestionamientos, Esteban Morales responde:

Tal parece que más que informar al público, su interés mayor es agradar a aquellos que se afanan por presentar solo el rostro positivo del país.
Se repite constantemente por la radio, la televisión y la prensa escrita, un mismo esquema informativo. De modo que si usted ve la revista de la mañana en televisión y escucha la primera emisión mañanera de Radio Reloj, prácticamente se puede ahorrar la lectura del periódico.
No son los periodistas, ni siquiera la dirección de los distintos medios, los que trazan esa política y deciden lo que debe ser dicho y cómo debe decirse, los que debaten la estrategia ni deciden lo que se publica. Los periodistas no pueden influir en nada en su estrategia, ni siquiera a veces atreverse a dar sus opiniones. Solo obedecer. Y eso no lo digo yo, lo han dicho periodistas de los propios medios.
Se trata de una prensa que más de 40 años después de haber asumido un esquema informativo, no lo ha abandonado, y se ha quedado desactualizada y a gran distancia de lo que el público de hoy, más instruido y culto, necesitaría recibir. Este esquema parte de dos premisas; una de que aquellos a los que va dirigida la información, son poco menos que ignorantes, no tienen capacidad de discernimiento y análisis y deben ser orientados. La otra, de que no tienen otra vía para informarse y solo conocerán lo que nuestra prensa les suministre, con los análisis que incluya. Ambas premisas son erróneas. La población cubana actual es mucho más instruida y culta que la de los años sesenta y tiene suficiente cultura y perspicacia política para analizar la información que recibe.
El principal y más peligroso resultado es la desconfianza en la veracidad de lo que se publica. El lector común ha perdido la confianza en la información tanto nacional como internacional que se brinda.  Y lo más grave es que esta desconfianza no se circunscribe a la prensa, porque se identifica esta con el Gobierno y el Partido, que es quien la dirige, por lo que también afecta la credibilidad de estas instituciones.  Un dramático ejemplo ilustrativo de este resultado es la desconfianza generada en la información internacional después de la debacle del socialismo en Europa. Recordemos que la URSS y los países socialistas eran presentados siempre en nuestra prensa como paraísos sobre la tierra. Sorpresivamente, la población conoció que existían problemas de los que nunca se les había informado y que dieron al traste con ese sistema. Así, un acontecimiento tan traumático para el país constituyó también una inmensa deuda de nuestros medios informativos y entronizó la duda en la población sobre las informaciones de los acontecimientos internacionales de hoy en día, como los sucesos de Libia y, actualmente, los de Siria.
Nuestra prensa continuamente pierde espacio y prestigio, también para informar sobre Cuba, más allá de nuestras fronteras, porque su política es “vender” externamente un país que no es el que realmente existe, ni el que conocen los que nos visitan, ni mucho menos, el que vivimos “los cubanos de a pie”.
Quiérase o no, está emergiendo una prensa, que apoyada en las nuevas tecnologías, está copando paulatinamente los espacios informativos. Prensa en la que el lector se va interesando de manera creciente. Son los blogs, los sitios webs apoyados por centros de debate, como Temas, Criterios, Observatorio Crítico, La Ceiba, Espacio Laical, Cofradía de la Negritud, Moncada, Boletín SDP y el correo electrónico, que dispersa a toda hora un tipo de información más realista, revolucionariamente crítica, de más nivel intelectual, que se corresponde mucho más con lo que la gente siente que debe recibir. Que se parece mucho más al tipo de periodismo que necesita la sociedad cubana dentro de un momento como el que se vive hoy en el país.
A pesar de todo ello, por razones que en el fondo aún son desconocidas, se limita el contacto con Internet, no se sabe donde está el cable de fibra óptica y solo un porciento ínfimo de ciudadanos dispone de correo electrónico. No obstante, la dispersión de esa nueva prensa es asombrosa.
Se hacen campañas demonizando a Internet, lo que trae como resultado una “reaccionaria y retrógrada oposición” al avance de las nuevas tecnologías.
Dudo mucho que en el futuro nadie se atreva a repetir el ridículo de desarrollar nuevamente una campaña de demonización como recientemente se desplegó por la televisión nacional sobre Internet y las nuevas tecnologías. Que como es de imaginar, no tuvo ningún impacto y a la gente “le entró por un oído y le salió por el otro”. Porque, por suerte, tenemos un pueblo bastante instruido y con un apreciable nivel cultural, al que no se le puede dar “gato por liebre”.
La prensa tendría bajo su responsabilidad ser la voz crítica de la sociedad civil y el freno a todos los potenciales excesos que contradijesen el desarrollo económico, social, político y cultural del país. Dentro de un equilibrio democrático, sustentado en un poder elegible, compartido por todos los ciudadanos en igualdad de condiciones. Lo que sería la base de su poder dentro de la sociedad.

Luego de leer la exposición de Esteban Morales sobre la prensa cubana actual y su impostergable cambio, nada más me queda por agregar.

Pedro Armando Junco

lunes, 26 de agosto de 2013

El murillo de Murillo


Desde que vi y escuché el enrevesado discurso de Marino Murillo en la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional, me percaté de que las finalidades del Ministerio de Economía de nuestro país, respecto al pueblo, continúan siendo las mismas. 
No voy a tocar críticamente los pormenores del lenguaje técnico y oscuro que utilizó el Ministro frente a cámaras y que, como cortina de humo perfumado, solo comprensible a medias para una alta categoría intelectual, dejó en vilo y en desconocimiento total a más de la mitad de nuestra población. Esto, desde el punto de vista informativo, razón de ser de la teledifusión de ese programa, deja mucho que desear ante una teleaudiencia ávida de soluciones y prerrogativas económicas concretas, no importa el nivel cultural y de instrucción de cada ciudadano. Luego, quizás con mayor disposición de tiempo, retome el tema nuevamente.   
Porque, a lo que pretendo referirme ahora es a la visión futurista de ese Ministro que, desde reiteradas ocasiones, no se cansa de repetir que en Cuba nadie podrá hacerse rico. Levanta un muro, o mejor: una muralla inexpugnable que frena definitivamente la capacidad creadora de cada individuo con aspiraciones de crecimiento. Declararle a un pueblo su imposibilidad de enriquecimiento tiene mucho de afinidad con aquel concepto que los esclavistas comunicaban a sus siervos, y me hace traer a colación la conocida frase que coloca Dante en la barca de Caronte a los condenados al Infierno: “Dejad toda esperanza”. Porque, ¿puede alguien sin esperanza de un futuro floreciente incentivar su amor al trabajo y la creación?
Así que ese aforismo, en boca del Ministro de Economía de un país, es la exposición más paradójica y contraproducente que pueda escuchársele, puesto que su cimera posición al frente del patrimonio nacional lo obliga e induce a procurarle la mayor riqueza posible. ¿No es precisamente el exitoso fin de su ministerio crear riquezas? ¿Es que el ministro Murillo no ha leído nunca aquella carta que escribió Martí al director de La Opinión Nacional en 1881:“Para hacer sólido al pueblo, hacerlo rico”. Y unas líneas más abajo: “Para la edad moderna, hombres modernos”? Porque si la piedra angular de su tesis es que la riqueza solo pertenece al Estado para repartirla equitativamente en todo el pueblo, ¿hasta cuándo vivirán unos cuantos amasando las comodidades y privilegios que pertenecen a todos y la mayoría careciendo de ellos? Esa tesis es inaceptable en estos momentos, porque el pueblo cubano de hoy no es el ingenuo pueblo del siglo pasado. A no ser que parodiemos al Apóstol: “Para la edad moderna: burócratas, demagogos y tiranos modernos”.
Si hemos aceptado el socialismo como un sistema más justo que el capitalista, no echemos tierra encima al más hermoso de sus designios, que es sacar al pueblo de la pobreza y no el de llevar a todos hacia ella. Y la razón de ser de un funcionario público, desde el último hasta el primero, ha de ser servir y no ser servido, obedecer los designios del pueblo y no hacerse obedecer por el pueblo. Pienso que no es necesario apuntalar estos conceptos con nuevas citas martianas, porque hasta los niños las conocen.
El Ministerio de Economía dirigido por Murillo cuenta con muchos tentáculos para atrapar el dinero del pueblo. El primero de ellos es la ONAT. Cierta vez escuché a unos cómicos decir al respecto de esta ocurrente sigla: “La ONAT, que es peor que la OTAN”. Por fortuna nuestros humoristas tienen luz verde para lanzar estos chistes inteligentes y simpáticos.
La ONAT está facultada para cargar con impuestos desproporcionados al trabajador por cuenta propia. El ministerio de Murillo ideó, cuando el Estado no encontró más alternativa que abrir trabajos privados para paliar un poco el desempleo y las necesidades básicas de la población, una variante del estilo chino. Y aferrado a su política de que nadie pueda llegar a enriquecerse, implantaron los impuestos basándose en un supuesto éxito de funcionamiento en el negocio del particular; esto es: bajo la suposición de que el determinado negocio obtenga el máximo de ganancias según tiempo y espacio de servicios del mismo, obviando totalmente las dificultades, contingencias y disfunciones que nunca dejan de estar presentes en todo negocio. Al verse atrapado en tan altos impuestos, el particular esquilmado encontró paliativo en esquilmar hacia abajo, trayendo como resultado un alza de precios que, achacada a la ley de la oferta y la demanda, tiene su génesis en el poco margen de utilidades que alcanza el negocio, y da lugar no solo a la subida de los precios de sus mercancías, sino a robar a sus consumidores.
Para ilustrar lo acabado de exponer, me remito a una conversación que obtuve con un vendedor de carne de cerdo en el más importante mercado particular de productos agrícolas de Camagüey, popularmente conocido como “El Hueco”. Me contó el entrevistado que el tributo a pagar por el alquiler de una estrecha casilla es de 500 pesos diarios. Al conversar con otro de aquellos expendedores y sacar cuentas objetivas, pregunté cual era la solución que habían “industriado” para obtener ganancias en un día normal de ventas cuando apenas alcanzan las utilidades para solventar el impuesto estatal. Sonrió y me dijo:
–Subiendo el precio a la mercancía y vendiendo las libras con 12 onzas.
O sea: robando al pueblo. Lo que he dado en llamar: antropofagia colectiva: devorándonos los unos a los otros, mientras una ley de embudo lleva limpio y fresco el dinero del pueblo a manos del Estado. Es así como la población incauta solo encuentra culpable al que le roba directamente, mientras exonera y le sonríe al que obliga a robar. Es así como el Ministerio de Economía obtiene un crecimiento interno bruto (PIB) de más de un 2% al año.

Otro tentáculo del Ministerio de Economía es el Comité de Finanzas y Precios. Y este tentáculo aún se bifurca: un brazo arrollador es la doble moneda que simplifica 25 veces el valor del salario de un trabajador cubano; el otro es la sobrevaloración de los productos estatales, incluyendo los de primera necesidad, excepto la mísera cuota alimentaria subsidiada por el Estado para que la clase más baja de la sociedad no perezca de inanición inmediata.
¿Puede solventar un trabajador honrado la higiene de su familia cuando un cepillo y un tubo de pasta dental,  un jabón de baño y otro de lavar cuestan a 10, 8, 11 y 6 pesos respectivamente: 35 pesos en total, si solamente eso representa más del 10 % de su salario bruto durante un mes de trabajo? Suponiendo que toda su familia se las arregle con eso durante los 30 largos días que tiene el mes, ¿qué le queda para comprar en las bodegas estatales, de forma liberada, el embutido llamado “jamón viking” a 30 pesos, el queso derretido a 18, el arroz a 5, el azúcar a 6 u 8 cada libra? ¿Y cómo adquirir el litro de aceite vegetal, solo dispensado en las shoping a $2.40 en CUC, que es igual a 60 pesos normales? A ese trabajador solo quedan dos opciones a tomar: o se adentra en el mundo de las ilegalidades o perece de hambre junto a su familia.
Pero aún queda un tercer tentáculo a esgrimir que no surge precisamente de las oficinas del Ministerio de Economía, pero que sí le sirve de báculo para su objetivo principal, que es el de enriquecer al Estado: las prohibiciones y las multas.   Los alimentos prohibidos son patrimonio exclusivo del Estado como los venados del rey en la época de Robin Hood.  Las multas no necesitan explicaciones.

Lo cierto es que un grupo de personas favorecidas de acceso a medios alternativos  de difusión no se cansan de dar la voz de alerta ante el colapso que se avecina. El propio Presidente hubo de reconocer la declinación moral de la población, aunque no se atrevió a profundizar en las raíces causantes. Afortunadamente el calificativo de “gusano” no está a la altura de estos tiempos y se utiliza muy poco, puesto que si así se les llamara a los inconformes y a los que critican estos desafueros ministeriales, el pueblo de Cuba hoy, en su mayoría, sería una gigantesca “gusanera”. 
Amplia gama de intelectuales, muchos de ellos marxistas, promueven el cambio de mentalidad lanzado desde el buró presidencial, sobre todo a las altas esferas del Partido y del Gobierno. Estos intelectuales  son la representación de la opinión pública del país, ahora llamada de forma más bonita: esfera pública nacional; es la voz del pueblo descontento que no tiene a otros que lo representen, ya que la prensa continúa parcializada con el Estado.
Un sistema económico cuyo interés es solo esquilmar al pueblo, nunca podrá justificarse como su defensor. Sin embargo, todas las promesas de cambios permanecen congeladas y la economía popular continúa en picada, sin que el murillo de Murillo y sus acólitos se resquebraje y desaparezca pacíficamente, sin dañar a nadie, parecido al que hace más de veinte años se desplomó allá por Europa.

Pedro Armando Junco









Pan al pan y vino al vino



Un serio amigo me contaba su discusión con una dama administrativa nombrada Laura. Según su testimonio, llegados ambos al consenso de que la dirigencia comete errores garrafales –él, aseverando la corrupción y la ineptitud de muchos, y ella doblegando su postura al hecho de que aquellos que dirigen llevan atadas las manos para las más insignificantes determinaciones –encontró esta como salida a su mala gerencia diciendo que “lo que más aborrecía en su vida era ser dirigente”.
Como mi amigo es de esas personas suspicaces y francas al extremo, se echó a reír en su propia cara. No querer ser dirigente en Cuba es un acertijo tan difícil de hilvanar como aquella vez cuando, en el programa de Amauri Pérez, el historiador Eusebio Leal aseveró ser cristiano y marxista al mismo tiempo.    
La discusión fue subiendo de tono y mi amigo le propuso ocupara el lugar de un obrero suyo, de esos que andan a pie, ganan apenas diez dólares mensuales y no cuentan con una cuota de alimentos extra –el llamado módulo alimentario que reciben militares y dirigentes –, entre otro montón de prebendas. Y para colmo la remató:
–Compañera Laura, la hipocresía tiene su límite. Más allá de ese límite, se llama descaro.

Cuento esta anécdota porque en el mundillo de la dirigencia cubana lo que más abunda son los abdómenes prominentes y los rostros mofletudos. Aunque es válido aclarar el no a la generalidad, ya que existen panzudos que dirigen bien y esqueléticos que son un desastre, es imposible negar la razón a la directiva que fustigó el caso de las manos atadas en la administración; pero tampoco es mentira que el acomodamiento y la ineptitud señalados por mi amigo dejen de ser la peor de las rémoras que arrastra la dirección administrativa de este país.
Sin embargo, mi criterio generaliza e incrementa las causas en la conjunción de todos los factores: los ya citados y otros muchos más. Me atrevo a colocar entre los más significativos la poca implicación del pueblo en las opiniones a escuchar y llevar a cabo. En una esquina al azar, donde conversen dos o más personas, puede escucharse el discernimiento privativo de cualquier persona que sobrepasa los límites del criterio oficial y que sería digno de escuchar y tenerse en cuenta. Nuestro pueblo de hoy es un pueblo con mayoría ilustrada a pesar de la zaga vulgar que nos lastra como sociedad general. Y esa población culta y consciente del desequilibrio social que estamos padeciendo contiene una riqueza medular en personas sumamente intuitivas que si se les permitiera la voz pública, ofrecería criterios muy convenientes a tener en cuenta.
Por el contrario, somos impotentes ante directrices a veces dantescas; callamos por la falta de voz ante ejecuciones perniciosas y poco populares, que dan motivo para pensar en el muy reducido número de cerebros que determina lo que ha de hacerse en el gigantesco monopolio estatal y lo muy poco aptos que son dichos encéfalos para conseguir el buen funcionamiento de la sociedad. Y como ejemplo puedo escoger un fiasco de dirección que en estos momentos está afectando a toda la ciudad de Camagüey: las llamadas obras de reestructuración del Casco Histórico camagüeyano para saludar el 500 aniversario de su fundación.
El Casco Histórico de Camagüey está intransitable. Se pretende ejecutar en menos de un año lo que desde hace decenios se pudo venir haciendo. Si nuestros dirigentes conocían que la ciudad cumplirá 500 años el 2 de febrero de 2014, ¿por qué no comenzaron las obras poco a poco desde el año 2000 o desde mucho antes? El resultado no se hará esperar el día del cumpleaños. Quise apostar con alguien que para esa fecha el proyecto de los cines no estará culminado, pero no aceptó el reto; y de estarlo, todo será un maquillaje para los festejos y luego arrancar los cosméticos y buscar la manera de una seudoterminación, no importa cuánto tiempo después y lo mal hecha que resulte. 
Apruebo con aplauso la obra hidráulica que hubo de esperar por Tapia –nuevo Secretario del Partido en la provincia –para acometerse. Pero romper tantas arterias importantes del Casco Histórico a un mismo tiempo, es poco menos que un sabotaje a la ciudad y a los que nos movemos en ella. Además de esto se desarrollan los proyectos de embellecimiento que han dado al traste con los parqueos, el cruce automovilístico y la viabilidad peatonal; así que dentro de poco, para asistir a la escuela o la policlínica tendremos que trasladarnos en helicópteros.
Al parecer lo que se pretende es un baño cosmético en el centro de la ciudad para el ojo turístico, no importa que cientos de viviendas amenacen derrumbarse de un momento a otro, continúen las calles en deterioro tal que hasta las rutas de ómnibus se hayan desviado, el deambular de mendigos alcohólicos callejeros vaya in crescendo, etc., etc., etc.
Por eso reitero lo impostergable que es conversar con el pueblo. La población está molesta, enfadada, harta con este lastre más, encima de las tantas penurias que soporta. Los “tanques pensantes” de estos macro proyectos nunca tienen en cuenta al ciudadano de a pie, que es la verdadera razón de ser de una sociedad. “Cada uno a su negocio”, porque no hay nadie a quien le esté permitido colocar un “pero”. La prensa que llega al pueblo, la oficialista, en su totalidad: radial, televisiva y escrita, continúa lamiendo zapatos sucios para luego decir que se ven lustrosos. Apenas hay algún periodista oficial que se “extralimita” y enseña el collar, pero se cuida mucho de mencionar el perro. El nuevo espacio radial y televisivo del Secretario del Partido ha creado buenas expectativas, pero solo el tiempo dirá si los resultados son los que la población espera.

Todo lo contrario ocurre con los blogueros de Internet: pueden emitir críticas y recibirlas. Cada cual es el propio editor y responsable de sus enunciados. No existe la censura cuando se echan al ciberespacio las ideas, y a los que reciben el mensaje les está permitido ripostar al momento y de forma directa: maravillosa perspectiva del siglo XXI. ¡Pero la población cubana no tiene cómo llegar a ella, ni siquiera cómo buscarla!
Algunos amigos que siguen mi blog señalaron críticamente el elogio al plan vacacional que la UNEAC nos ha facilitado. Hubo hasta quien insinuó haberme dejado comprar. El respeto por la opinión ajena, lejos de ofender, me enaltece. Hasta siento complacencia por el celo de esas personas que en otros momentos han catalogado mis artículos como valientes y arriesgados. Pero decir la verdad ha de ser siempre mi postura.
Lo bueno hay que mencionarlo también. Y si algo hallo censurable en mi comentario anterior es haber callado que ser miembro de la UNEAC es, en definitiva, un privilegio. Pero siempre un privilegio muchísimo menor que el que disfrutan otros por su condición de directivos que no son artistas ni escritores.
Quien sueñe con la preeminencia de sobrevivir, aunque sea unas décadas, después de su paso por la tierra, teniendo en cuenta la alta velocidad de la evolución social que acelera el mundo de hoy, persevera en la virtud…, o renunciando al sueño del reconocimiento póstumo, abdica de ella para intentar colarse en el mundillo de Laura. Mi anterior comentario de elogio a las cabañas de la UNEAC puede servir como ejemplo de la imparcialidad permanente de mis bloguerías. Porque lo que justifica el derecho a exponer criterios provechosos es llamarle pan al pan y vino al vino.

Pedro Armando Junco