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martes, 17 de diciembre de 2013

Barak Obama y Raúl Castro se dan las manos



La “comidilla” de los chismógrafos cubanos esta semana ha sido el efusivo saludo y apretón de manos que se dieron Barak Obama y Raúl Castro en Sudáfrica. No es para menos. ¡Tantos años esperando por, aunque solo fuera, un saludo cordial!
Por mi puestecito de viandas y hortalizas pasan al anochecer abogados, profesores universitarios, médicos, escritores y gente de pueblo que no por la ausencia de títulos plantean cuestiones interesantes. Y la noche del martes 10 de diciembre, que dicho sea de paso festeja un cumpleaños más de la maravillosa declaración universal de los derechos humanos, se convirtió en festividad de individuales criterios ciudadanos. Esta diversidad de opiniones salta a la vista en los habitantes como salmón en la cascada. Unas optimistas, otras recelosas y hasta despectivas algunas. Por eso, en mi afán de cronista “blogosférico”, he recogido algunas de ellas.

Uno de esos criterios destructivos fue el de un señor de avanzada edad que manifestó, mientras compraba algunas viandas en mi cochera:
–La política es lo más sucio de las superestructuras sociales. Se sonrieron mientras que por dentro el odio les corroía hasta los intestinos.
Y conocedor de mi afición martiana remachó con una cita del Apóstol: “Mientras más de cerca toco las cosas políticas más repugnancia me inspiran.”
Mi puestecito vespertino de viandas y hortalizas hace a veces de peña social con los feligreses. Así que me sirvió para sacar de ese señor el resentimiento añejo que lo taladra a más de medio siglo disfuncional entre las relaciones de ambos países y gobiernos. Para él –como para muchos –el diferendo comenzó el día en que el Gobierno Revolucionario confiscó todos los bienes de las compañías norteamericanas radicadas en nuestro país y se negó a retribuir sus valores. La respuesta de la otra orilla no se hizo esperar y se implantó el embargo económico, conocido en Cuba como “bloqueo”. A partir de allí el “tira que jala”, cada vez más fuerte y competitivo desató un desentendimiento perpetuo en ambas partes, muy parecido a un par de ignorantes que se pelean a puñetazos.
El hombre compró sus ensaladas, hizo un mohín con la boca, me dio la espalda y se marchó sin esperar mi respuesta.

Otra opinión todavía muy pesimista fue la de una joven profesional talentosa y expresiva que, sin soltar la cesta de sus manos, aseguró que el “tropezón” de Obama y Raúl en los funerales de Mandela no pasará de un apretón de manos y un saludo hipócrita por ambas partes, puesto que las políticas cubano-norteamericanas son diametralmente opuestas. Dos sistemas antagónicos por naturaleza, incapaces de sacrificar escollos para limar diferencias.
–A Cuba le hace falta un enemigo potencial para echarle la culpa de sus fracasos administrativos –afirmó con toda su fortaleza de mujer maquiavélica –, y ese enemigo, por excelencia, es Norteamérica y su embargo económico.
Para esta muchacha, al parecer, el futuro de las relaciones de mi país con el vecino del Norte, serán eternamente antagónicas. Ni tira ni encoge para un lado u otro. Tanto critica la explotación laboral del sistema capitalista como la miseria criolla causada precisamente por la ausencia de trabajo productivo verdadero. Como joven a fin de cuentas y con una gracia que casi le hace a uno enamorarse de ella, me soltó al marcharse un juego de palabras:
–A los cubanos solamente nos quedan dos maneras de irnos: una, irnos del país, y la otra, irnos acostumbrando a la indigencia.

Un rato después apareció un señor mientras sostenía un debate con otro intelectual desconocido y se incorporó a la palestra. Este señor, quien no pretendió siquiera identificarse, mira “el apretón de manos” de manera muy parecida a la mía –por no decir análoga, puesto que la dialéctica no permite la igualdad absoluta –. Él es del criterio positivista de un grupo poblacional que intuye un arreglo a corto plazo entre Cuba y Los Estados Unidos. Y según pude dilucidar de su exposición, este saludo cordial entre las principales figuras de ambos gobiernos es el disparo propiciatorio para una carrera de entendimiento rápido y certero. A Barak Obama aún le quedan tres años en la presidencia y Raúl Castro ha movido fichas de cambio muy importantes desde que tomó las riendas del poder hace apenas seis años.
Lo más interesante que escuché de aquel hombre fue la enumeración detallada de las aperturas promovidas por el actual Presidente:
 –La absolución de los presos políticos fue una medida correcta…; cuando otorgó el derecho de compraventa a los poseedores de carros y viviendas propias obró de manera correcta…; el derecho al trabajo privado, por cuenta propia, aunque en pequeña escala, ha sido otra medida correcta…; la entrega de tierras a los campesinos, cuestión que se vino anunciando desde comienzos de la Revolución y nunca se había llevado a cabo, aunque mantenga muchas limitaciones todavía, es otra medida correcta…; la exclusión de la “carta blanca” que nos convertía en prisioneros dentro de la Isla, debe tenerse en cuenta como la más importante de las tantas medidas correctas implantadas por el nuevo gobierno de Raúl Castro. Ahora solo nos falta desterrar inquinas pasadas con el vecino del Norte. Conversar con respeto. Callar la lengua a los medios difusivos oficialistas que no descansan un minuto en atacar a los Estados Unidos, para lograr sentarnos a la mesa de conversaciones y arreglar de una vez por todas el diferendo. No es secreto para nadie que nuestro países “hermanos” tienen hermosas relaciones financieras con ellos, mientras nosotros, con tantos ladridos inútiles, permanecemos aislados.

Todo parecía muy convincente cuando el otro interlocutor que había esperado pacientemente el final del discurso tomó la palabra:
Si soltar a los presos políticos y consentir la libertad de expresión son medidas correctas de Raúl; si convertir en lícita y verdadera la propiedad de los carros y las viviendas son medidas correctas de Raúl; si permitir pequeños trabajos por cuenta propia y entregar tierras a los campesinos son medidas correctas de Raúl; si aprobar que los cubanos puedan viajar al extranjero sin el permiso que los convertía en esclavos se suma a otra más de las grandes medidas correctas de Raúl…, yo pregunto: ¿Entonces todas esas medidas implantadas por su antecesor eran incorrectas?
Y el hombre se marchó sin esperar respuesta.

Pedro Armando Junco

lunes, 25 de noviembre de 2013

Réplica a los detractores de la Asamblea



Recientemente he leído que algunos intelectuales de alto nivel en mi provincia acusan de frustrante a la Asamblea del día 9 de noviembre de este año, como es el siguiente comentario de María Antonia Borroto:
Coincido en la frustración que Juan Antonio García refiere al constatar, cual punta de un iceberg, la indolencia, el laisser faire, que se adueñó de la Asamblea Provincial de la UNEAC: lo que bien hubiera podido ser un espacio de confrontación de ideas devino triste muestrario, salvo unas pocas excepciones, de miserias personales.
De paso quiero señalar con el mayor respeto, que esa acidez en el lenguaje al calificar de muestrario de miserias personales a la intervención de quienes expusieron necesidades privadas, es impropia en plumas doctas femeninas.
Si algún expositor no lo hizo a la altura de su categoría, no pienso que por eso haya que vituperarlo, pues todos conocemos que –parafraseando al poeta –de mediocridades está adoquinada la pasarela de nuestra cultura nacional. Realmente pienso que las asambleas son también para eso: para sacar a la luz los problemas nuestros, que a fin de cuentas entorpecen el posible desarrollo de las iniciativas y creaciones individuales, pues las “grandes ideas” no solo se exponen mediante un micrófono dentro de un teatro donde el viento se las lleva, sino se escriben y se publican y se lucha por ellas constantemente y se repiten hasta el cansancio.
Debemos tomar conciencia de que en este tipo de asamblea rara vez se elaboran soluciones concretas. Estas reuniones son buenas como génesis, algo así como espermatozoides eyaculados en la vagina; luego de un navegar incesante y agotador, de las muchas ideas planteadas, acaso una llega a fertilizar el óvulo; y después: a esperar nueve meses ¡a ver si se logra un parto exitoso!
Por lo tanto, mantengo el criterio de que esta última reunión de intelectuales y artistas fue mejor que la anterior, ya que se hablaron también cuestiones sociales muy a tono con los momentos que vivimos y de las que ya hice referencia en un post preliminar. Por ejemplo, la cuestión de por qué el cubano –o la cubana –no puede llevar en su indumentaria nuestra enseña nacional fue una bofetada al inmovilismo crónico de un solo criterio. La crítica a la prohibición de las salitas particulares de cine en 3D, estuvo magnífica. Y, por supuesto, no menos la advertencia de Luis Álvarez relativa a la peligrosidad de los juegos computarizados. Pavel trató un tema tan interesante, como interesantes fueron las intervenciones de los dos compañeros de la radio.
Estoy convencido de que en el ámbito intelectual, una asamblea debe recoger y poner sobre el tapete hasta la última disfunción social porque, como muy bien recalca Juan Antonio “tienen que ver con el bien público, es decir, esas que estudian asuntos que ayudan a proteger los derechos…” Así que, el “Divorcio a la cubana” de María Antonia debió haber sido condensado, traducido a lenguaje más asequible y expuesto por ella ese día, en vez de lanzarlo tardíamente por un blog al que ninguno de nosotros puede dar resultantes, a no ser elogiarlo. Era allí el sitio ideal para sacarlo a la luz. Exponerlo una hora después de culminado el cónclave habría sido como proponer destupir los tragantes después que el ciclón ha pasado.
Si a lo que hacen referencia los detractores de la pasada asamblea es a que se dejaron de hacer planteamientos importantes, estoy completamente de acuerdo. Se omitió exigir por enésima vez Internet para todos en nuestras casas. No hubo uno que se atreviera a preguntar qué es de la fibra óptica que nos facilitó Venezuela y que, según se nos anunció por la prensa hace ya mucho tiempo, encajó su cable por las costas santiagueras. Tampoco alguno se puso de pie, micrófono en mano, para reclamar mejores retribuciones a los escasos trabajos que se nos publican.
Pero además, si los artistas e intelectuales somos la representación pensante de la sociedad, como también acota Juani –“Las asambleas donde se reúnen los escritores y artistas de Cuba deberían ser de las que, en nuestro caso, merecerían convertirse en puntos de referencia insoslayable” –¿por qué no se reclamó que los productos estatales se equilibren con justicia respecto a los salarios? ¿Por qué razón la ola de los mendigos alcohólicos callejeros continúa in crescendo? ¿Hasta cuando se continuará convirtiendo en intransitable nuestra otrora resplandeciente ciudad, hoy saturada de olor a polvo sucio, posible causa de tantas enfermedades antes inexistentes, que nos convierten en émulos de los países más empobrecidos de África? Ah, pero eso es tabú para los “intelectuales” camagüeyanos.
Sin embargo, tengamos presente que estas polémicas intrascendentes son caldo de cultivo para crear divisiones perniciosas. Contrario a la máxima maquiavélica “divide y vencerás” debemos anteponer otra más moderna y positivista: une y triunfarás. Y no olvidemos tampoco que de la ignorancia y la cobardía, principales enemigas de la libertad, la primera es más fácil de superar.

Pedro Armando Junco



miércoles, 20 de noviembre de 2013

Por qué de la UNEAC y sus asambleas



Desde el extranjero alguien se asombró muchísimo porque los artistas e intelectuales cubanos pertenecemos a una organización llamada UNEAC y celebramos asambleas generales. Hasta lo creyó cosas de Corea del Norte o de extraterrestres. Pues no, amigo mío. No somos extraterrestres: somos caribeños y por demás, cubanos de la Isla. Tampoco nada que ver con los intelectuales de Corea del Norte –si es que acaso los tienen –porque los de Cuba, los verdaderos, no fingimos, aunque nos caigan de punta, rieles de cazadores de brujas.
Es discutible por qué la Revolución dio a los intelectuales la UNEAC, a los campesinos la ANAP, a los periodistas la UPEC, y así sucesivamente aglutinó los diferentes gremios en organizaciones “no gubernamentales” que poco tienen que ver con esta última condición. Es innegable la injerencia del Partido en cada una de ellas. Puede que, como muchos opinan, dichas instituciones fueron creadas para ofrecerlas hechas a la manera que más le convenía al Estado y evitar que estas colectividades nacieran libres e independientes por su cuenta y de sus propios actores.
No voy a negar que, hasta la toma del poder del actual presidente permaneciéramos con la boca tapada, sin poder expresar –al menos públicamente –nuestra crítica a los disfuncionamientos sociales que hoy combatimos con ideas frescas y concreta elocuencia.
No obstante, aquí estamos. Aún con limitaciones. Sin embargo, ya se nos escucha y se nos atiende. Y es nuestro deber como buenos cubanos ayudar a Cuba, que no es el cúmulo de terreno fértil y blancas playas que tantos envidian, sino el cúmulo de once millones de seres humanos dentro y quién sabe cuántos millones de seres humanos fuera.
Esta lucha de los intelectuales ha costado el dolor de los que fueron reprimidos como es el caso de Heberto Padilla, perseguidos como Reinaldo Arenas, expulsados como lo es el caso de Raúl Rivero y sus otros nueve compañeros; y pasará a la historia no como “el quinquenio gris” que ya hoy se rememora sin aprensiones, sino con mucho mayor tiempo a su desprecio.
Porque la palabra es más poderosa que la espada. Y siempre han existido y existirán hombres de la talla de Leonardo Padura y Pedro Juan Gutiérrez que, a pesar de ver marginada su obra dentro de la Patria, permanecieron dentro del país, contra viento y marea, y triunfaron con ella allende el mar para demostrar a los cazadores de brujas que eran buenos de verdad; y están aquí, dentro del terruño natal, sin que de modo alguno los hayan obligado a salir huyendo.
Aquí permanecen intelectuales como el politólogo Esteban Morales, exponiendo con valentía la necesidad de una prensa libre e independiente. Están el sicólogo Manuel Calviño y el economista Triana, dentro de la concepción marxista más rancia, explicando el porqué de la necesidad de un cambio de mentalidad política, social y económica. Tenemos periodistas, privados de su profesionalidad, que se sustentan de trabajos por cuenta propia como es el caso de mi amigo Alejandro Rodríguez.
Si la UNEAC no es todo lo independiente que quisiéramos, que no lo sea. Sus miembros la continuarán perfeccionando con especulaciones y conceptos novedosos. Peor sería que el rebaño anduviera al garete, perdidos los unos de los otros. Si en la UNEAC sobreviven elementos mediocres y serviles, es una prueba más de su capacidad para aglutinar individuos. Cada miembro que se destaque en una u otra vertiente social, tendrá que rendir cuentas a la historia, como tendrán que rendir cuenta los que se atrevan a ultrajar los heterodoxos. Y por otra parte, en lo que sí coincidimos todos los intelectuales cubanos de buena voluntad es en la imperiosa necesidad de propiciar en Cuba un cambio pacífico y conciliador, capaz de hacer estrecharse las manos a los antes considerados enemigos y abrirse al mundo como una vez aconsejara Juan Pablo II.

Pedro Armando Junco

martes, 29 de octubre de 2013

Un buen comentario del profesor Gavira



Uno de los más fieles seguidores de mi blog es el profesor de inglés Alberto Gavira. Vecino y amigo, me pide siempre le haga llegar mis post por correo electrónico, puesto que, igual a la inmensa mayoría del pueblo de Cuba, no tiene acceso a Internet.
En esta ocasión me envía una simpática misiva que por su acertado contenido social voy a poner a continuación para deleite de todos, tal como ha llegado:

Estimado Pedro: te envío este artículo para que puedas sacarle partido y lo publiques en tu blog. Saludos, Prof. Alberto Gavira.

Los deseos primarios de toda persona son progresar y ser feliz; muchos piensan que una forma efectiva de lograr esos anhelos es la riqueza. Así como hay personas pobres y ricas, hay países con iguales características. La diferencia entre unos y otros no está en el tiempo durante el cual han sido habitados; así lo demuestran casos como los de India y Egipto, que albergaron grandes civilizaciones hace miles de años y hoy en día son pobres como Cuba que en estos momentos es uno de los países más pobres del mundo y con una abultada deuda externa. En cambio, Australia y Canadá, que hace poco más de ciento cincuenta años eran territorios casi deshabitados y desconocidos, son ahora países desarrollados y ricos.
La diferencia entre los países pobres y ricos tampoco está en los recursos naturales con que cuentan. Japón (con la destrucción derivada de dos bombas atómicas, por ejemplo) tiene un territorio muy pequeño, del cual el ochenta por ciento es montañoso, no apto para la agricultura ni la ganadería; sin embargo, es una potencia económica mundial que, a manera de inmensa fábrica flotante, recibe materias primas de todo el mundo y las exporta, transformadas, a buena parte del planeta, obteniendo de ello riquezas.
Suiza no tiene océano, pero cuenta con una de las flotas navieras más grandes del mundo; no tiene cacao, pero fabrica el mejor chocolate (de forma privada); en sus pocos kilómetros cuadrados se pastorea y cultiva solo cuatro meses al año, ya que en los demás las condiciones climáticas no son favorables, pero produce los mejores lácteos de toda Europa (en fincas privadas). Al igual que Japón, un país sin recursos naturales que exporta bienes y servicios de excelente calidad (con carácter privado), Suiza es un país pequeño cuya imagen de seguridad, orden y trabajo lo ha convertido en la caja fuerte del mundo (bancos privados).
Tampoco la inteligencia de las personas marca una diferencia, como lo demuestran muchos estudiantes de países pobres que emigran a los países ricos, y logran resultados excelentes. Otro ejemplo son los ejecutivos de países ricos (de empresas privadas) que visitan las fábricas de los países pobres, y al hablar con ellos nos damos cuenta de que no hay diferencia intelectual.
Finalmente, tampoco la raza marca la diferencia: tengamos presente que en los países centroeuropeos o nórdicos, los llamados “vagos del sur” demuestran ser una fuerza productiva; no así en sus propios países, donde nunca supieron someterse a las reglas básicas que hacen grande a una nación.
Lo que hace la diferencia, entonces, es la actitud de las personas y el sistema de estimulación económica que su gobierno le brinda.
Al estudiar la conducta de los individuos en los países ricos se descubre que la mayor parte de la población sigue estas reglas, no importa el orden que se discuta:
La moral como principio básico.
El orden y la limpieza.
La honradez.
La puntualidad.
La responsabilidad.
El deseo de superación.
El respeto a la ley y los reglamentos.
El respeto al derecho de los demás.
El amor por el trabajo incentivado por salarios decorosos que lo estimulan.
El afán de ahorro para inversión. Con el trabajo por cuenta propia y la libre inversión.
¿Necesitamos más leyes que estas? No. Sería suficiente cumplir y hacer cumplir estas simples reglas. En Cuba solo una mínima parte de la población las sigue en su vida diaria. No somos pobres porque nos falten riquezas naturales o porque la naturaleza haya sido cruel con nosotros: simplemente carecemos del carácter necesario para cumplir estas premisas básicas y elementales del funcionamiento social. ¡Nada más hay que estimular al hombre y dejarlo trabajar en la libre empresa!

Este señor Alberto Gavira, talentoso profesor particular de inglés, es uno de los cientos de miles de cubanos que piensa. Uno más que expone su criterio, afanoso por armar este rompecabezas social en el que once millones de individuos vivimos enquistados.
Gracias, profe Gavira.

Pedro Armando Junco

lunes, 20 de mayo de 2013

Por un nuevo cine

Me resultó muy refrescante la opinión de Juan Antonio García Borrero (Juani) sobre la privatización de los cines; o sea, de los edificios que alguna vez constituyeron salas cinematográficas y luego fueron confiscados por el Estado y ahora son inmuebles muy cerca del “estado” de demolición. Claro que el lenguaje de mi amigo es sumamente cuidadoso, exonerando de responsabilidad a instituciones como el ICAIC, pero no por ello ha dejado de tocar una tecla –que en algún trabajo anterior dejé muy explícita –que puede resucitar en parte el deseo poblacional de salir por las noches de la casa, realizar vida social y asistir a disfrutar en pantalla grande una buena película.
Dice Juani:

Mi criterio personal es que los administradores ideales de esas salas serían los particulares. Sé que esto chocará a aquellos que han vivido la etapa de oro del ICAIC, con sus cines atendidos en términos de programación a lo largo y ancho del país. Y además, cada vez que se menciona la posibilidad de poner en manos de los privados los servicios que hasta ayer atendía el Estado, surge en algunos el horror (hay que decirlo por lo claro) de un posible enriquecimiento. A esos que se horrorizarían con esa posibilidad (que siendo una actividad honesta no veo por qué tendría que perturbar a nadie), le preguntaría si no le causa una similar conmoción moral ver cómo se ha llegado a legalizar la piratería concediendo patentes para vender productos audiovisuales de los cuales no se tiene ningún derecho, con la clara afectación de sus titulares. Esto me lleva a pensar que, efectivamente, cualquier paso que se dé en un futuro relacionado con el audiovisual en nuestro país, lo primero que necesita es un escenario de legalidad transparente, o dicho también por lo claro, una ley del audiovisual que proteja a productores y consumidores. 
Nada volverá a ser como antes. Eso es cierto. Los medios audiovisuales están ahora dentro de los hogares y aquellas películas de cuatro o cinco rollos, que cada uno de ellos pesaba veinte libras y necesitaba un gigantesco aparato que los echara a rodar, se ha simplificado a escala de mil a uno. Además, esta nueva modalidad audiovisual tiene a su favor que se puede escoger el filme que más guste, copiarlo en el ordenador, multiplicarlo en discos y memorias flash y llevarlo a ver al rincón más remoto de nuestra geografía. El mundo moderno sufre el daño económico de la piratería, perjuicio que no excluye al área capitalista, quien también lucha contra ella, infructuosamente, a brazo partido. No queda otro remedio que buscar alternativas y soportar su ineludible carga, como la medicina actual se resigna a soportar el SIDA y nosotros los cubanos a convivir con el dengue y tal vez el cólera.
Pero tampoco podemos abandonar la plaza y darnos por vencidos. No hay por qué olvidar que los “particulares” tienen cerebros generadores de ideas maravillosas y quiméricas, listos a poner a prueba su entelequia siempre que por medio se vislumbre una buena ganancia. El primer error generacional de nuestro sistema fue no tener en cuenta este detalle.
Lo primero en que habrán de fijarse los nuevos “administradores” particulares es en cómo los viejos capitalistas de ayer atraían hasta sus locales a la ciudadanía con películas de gran calidad, muy bien promocionadas gracias al expendio gratuito de programas semanales y grandes afiches en el lobby del inmueble –recuerdo aquellas fotos grandísimas y a todo color con la imagen de Gina Lollobrígida en Salomón y la reina de Saba –, precios y horarios asequibles a la mayoría, comodidad en el mobiliario –antes llamado confort –, atención distinguida y respetuosa al cliente, facilidad para un refrigerio, etc., etc., etc. Todos esos pequeños detalles de los que se olvidó por completo el Estado cubano a la hora de asumir el rol de dueño de las salas de proyección. Por último no se debe olvidar que los cines de Camagüey, a pesar de pertenecer a diferentes propietarios, conformaban algo así como un gremio, pues hasta se rotaban las películas y se promovían en conjunto mediante sus volantes gratuitos semanales. Aquel ciudadano que vivía en la periferia podía esperar que la película deseada fuera exhibida en el salón más cercano y no tenía siquiera que alejarse demasiado de su casa.
Pienso que otro aspecto muy importante para alcanzar el éxito es la descentralización de las ofertas. ¡Claro que la pornografía debe continuar fuera de lugar! Y como ella otras vertientes que inciten, sobre todo en la juventud, a distorsionados caminos. No olvidemos tampoco que en la sociedad actual, a veces se promocionan tendencias sodomitas que pueden resultar tan perjudiciales como la porno. A lo que me refiero en concreto es en que habría que dejar al dueño del cine –“al particular”, como dice Juani –a que elucubre, rastree y fomente qué es lo bueno y además gustoso a la población. Si ha de institucionalizarse un organismo rector que garantice la legalidad, la participación culta, una proyección más amplia del cine nacional, que lo haga; pero que lo haga tras bastidores, casi al margen del propio desarrollo, porque la privatización irá girando el ejercicio libre del particular. Uno de los peores daños que hemos sufrido a lo largo de muchos años es la imposición: en la música radio difusiva, por ejemplo, escuché hablar de un 70 % de música cubana obligatoria en los programas que salieran al aire. ¿Por qué? ¿Por qué se tiene que ver, que escuchar y que comer lo que a otro, como padre autoritario, le parece “idóneo” para el pueblo? ¿Y nuestras preferencias, qué? Ábranse las compuertas de la represa y las aguas solas tomarán el cauce conveniente.
Aledaño a mi casa están los restos del Cine América. Recuerdo perfectamente la imagen del lobby con la variedad de afiches de las películas en exhibición, y en el ala derecha del mismo, el merendero-bar de Romero, que ofertaba sandwich “medianoche” que mi estómago no era capaz de almacenar en su conjunto; maltas Hatuey a 15 centavos, variada cantidad de refrescos desde Piñita Pijuán hasta la gigantesca Materva, todos a cinco centavos solamente. No olvido la tablilla con decenas de revistas SEA, allá conocidas como “comic book” y acá por nosotros como “muñequitos”, con esos personajes que llegábamos a amar y hasta a creer verdaderos en nuestras mentalidades infantiles: Tarzán, Roy Rogers, Gene Austri, Supermán, Batman, El Llanero Solitario y tantos otros que, además, podíamos disfrutar en las tantas fílmicas de los domingos. Ya dentro de la sala de proyección, antes de comenzar la película que íbamos a ver, nos presentaban los “avances” de la que estrenarían próximamente.
Yo nunca vi la cara al dueño del cine. Pero hubo ocasiones en que, por falta de la peseta, nos dejaban pasar gratis al salón. Sin embargo, un día todo fue confiscado. Alguien aseguraba que los comic books enervaban el cerebro de los futuros hombres de la Patria, porque Supermán y los demás héroes de ficción eran la diabólica manera de introducir el diversionismo ideológico y la idea del sometimiento a hombres superiores. Y nunca más supimos de Tarzán y de mi tan querido Llanero Solitario con el que me identificaba y me sentía impelido a imitar. Y como yo, todos los niños del barrio. Cada uno con su héroe. El de mi primo Periquín era Roy Roger. Ahora teníamos que admirar a los héroes de carne y hueso que teníamos al alcance de la mano. Y sucedió que los hijos y nietos de aquellos que constituyeron la mitad de mi generación continúan disfrutando los “comic books”…, aunque en diferentes sitios del planeta.
Pienso que algo se pueda hacer todavía para que la ciudadanía acuda a disfrutar de la pantalla grande. Pero hay que reestructurar una cultura que fue volcada en ángulo de 180 grados y eso es una tarea ciclópea. Es un reto difícil, pero valdría la pena asumirlo. Mi criterio ha de ser el mismo que planteo para todas las vertientes de la sociedad: libertad de ideas y de acción; facilidad y apoyo a las propuestas particulares por parte del Estado. Así de sencillo.
Pedro Armando Junco


martes, 8 de enero de 2013

Festejos en la UNEAC por el fin de año

El 27 de diciembre, como ya es costumbre, la UNEAC llevó a cabo su segundo festejo anual. El primero se realizó en agosto, por el aniversario de la Organización; este por el fin del año 2012, siempre después de Navidad, para soslayar interpretaciones religiosas malintencionadas.
Este año, nuevamente en la sede de los escritores y artistas de Camagüey, se hizo la actividad. Anteriormente se alquilaba un círculo social y nos transportaban en ómnibus, pero se tornaba mucho más costoso el evento, pues los círculos sociales –que, por cierto, son del Estado –cobran un ojo de la cara por hora de estancia; pero la sede es relativamente pequeña, incómoda para el manejo y obstaculiza el disfrute directo de los asistentes a la actividad cultural.
Por fortuna –o por desdicha, ¿quién sabe? –casi nunca asiste la mayoría de los miembros de la sociedad y el estrecho espacio del patio interior, el portal y los dos salones de exposición rebasan las expectativas.
También en la época del anterior presidente, además de las gratuitas cajas con la cena –últimamente almuerzo –nos ofrecían de regalo dos o más cervezas, y todas las demás que quisiéramos consumir a precio diferenciado; ahora, las antes gratis, cuestan tres pesos, una sola per cápita, y el que desee alguna más tiene que adquirirla a precio de calle: ocho o diez pesos. Todos estos apretones a la tuerca económica no parecen venir de ideas de nuestro jefe, sino de una administración más estoica que está fuera del alcance de las cordiales y fraternas intenciones del presidente actual.
–Hasta en la UNEAC el burocratismo extiende sus tentáculos –me dijo aquella tarde un asistente descontento.
El valor nutritivo de la cajita quizás fue la causa de que alguno llegara, se identificara en el buró de la entrada en el que cada uno estaba registrado minuciosamente, pidiera su ticket, sacara la caja y se marchara casi de inmediato. El acto cultural, otrora insulso, se hacía esperar. Sin embargo, para sorpresa de todos, esta vez la invitada fue Maravillas de Florida, orquesta insigne de nuestra provincia que puso a bailar a todo el mundo. Una tras otra, las piezas fueron destilando su gracia al compás de un ritmo enteramente cubano y mi esposa y yo nos bebimos, entre tema y tema, casi media caja de cervezas Tínima.
Nunca la había pasado mejor en una fiesta de la UNEAC. Debo confesar que, a pesar de mi consabido autocontrol alcohólico, más de un tropezón me costó retornar a mi casa.
Quede esto dicho para que en la próxima oportunidad de festejos, la mano restrictiva de la administración se conduela un poco más de los artistas de la provincia y contraten nuevamente a la Maravillas de Florida.   

Pedro Armando Junco

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Código de “Ética”

Hace algunas semanas se nos conminó a firmar un “código de ética” a los miembros de la UNEAC si deseábamos mantener el privilegio del acceso a Internet. Y no es de extrañar lo paradójico del título porque, según parece, lo contradictorio es el plato fuerte cotidiano en nuestro país. ¿Sabe usted lo que es llamar código de ética a la poca ética resultante de vigilar los sitios que visitamos en Internet y restringirnos ciertos y determinados lugares de acceso?
Reconozco que en todos los países del mundo actual, debido a la explosión demográfica, al desarrollo de los medios tecnológicos, a las perentorias y cada vez más difíciles necesidades del ser humano, el hombre se deprava por momentos y surgen cada vez más sofisticados modelos de corrupción. Y que para mantener lo más organizadamente posible a una sociedad, se ha hecho necesaria una estrecha vigilancia de la ciudadanía, o sobrepasaríamos –y ya lo hemos conseguido en miríadas de veces –los extravíos de Sodoma y de Gomorra.
En que se vigilen las máquinas para su conservación estoy totalmente de acuerdo. Preservarlas es una garantía del bien común que allí disfrutamos. Que “Alguien” meta las narices secretamente en los sitios que visitamos es indecoroso y anti ético, pero debido a las circunstancias que antes mencioné, puede soportarse. En lo que estoy totalmente en desacuerdo es en que se nos amenace con prohibirnos el acceso a las máquinas si entramos a ciertos y determinados sitios; en que se haga público, como para humillarnos, que estamos vigilados, porque esto resta credibilidad a nuestro derecho a la libertad individual y al de no ser molestado a causa de nuestras opiniones, e investigar y recibir informaciones y opiniones sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión, como reza en la Declaración de los derechos Humanos.
Para estos propósitos draconianos llegaron desde La Habana dos jovencitos especialistas que nos reemplazaron el buscador Mozilla por el Explorer pues, según nuestra muchachita, es el que facilita la total vigilancia de nuestros movimientos internáuticos. Y para rematar el fiasco, ahora las máquinas funcionan peor que antes, las conexiones son más lentas y todos los usuarios protestan dentro del local, puesto que cada hora de consumo tiene un costo de cinco pesos. Perdemos dinero y tiempo, artículos vitales en el rápido tumulto en que nos desenvolvemos hoy día.
Yo declaré ayer dentro del local que iba a colgar mi protesta en el blog. Sugerí que todos hiciéramos lo mismo, aunque mantengo en duda que otros muchos lo hagan, porque todavía nuestra población subvive con la careta puesta y dice hoy “digo” y mañana “Diego”.
Finalmente, soy del criterio que si un homosexual quiere visitar un sitio gay, si un maniático prefiere lo porno virtual a la realidad objetiva, ese es su problema. ¡Allá ellos!
El que tenga preferencia por leer lo que dice el Nuevo Herald, que lo lea. Al que gusten los comentarios de Yoani Sánchez, que los disfrute. El que prefiera las páginas internacionales del periódico Granma, que las goce. Castrar estas ventajas de la era modernas no es otra cosa que la retroacción al desarrollo y al desenvolvimiento de la nación que pretendemos sacar adelante.
 
Pedro Armando Junco
    

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Trabajadores anónimos


Allá donde convergen por sus fondillos los repartos La Esperanza, La Mosca y Marquesado, se halla un lugar conocido como Los Ranchos. Este sitio, al sureste de la ciudad, cercano a la circunvalación sur y aledaño a un vertedero provincial, se ha convertido en la mayor fuente hortícola de Camagüey con sus casas de tapado e innumerables pequeñas parcelas particulares y cooperativas.
Por esos rumbos anduve, en busca de reabastecimiento para mi punto de venta de viandas y hortalizas. Iba en mi moto con sidecar, preguntando, y alguien me recomendó que llegara hasta aquel sitio. Y como nada hay mejor para quienes escriben como adentrarse en los recovecos menos conocidos y relacionarse con las personas más diversas, quedé sorprendido y feliz de haber llegado a uno de esos cortijos particulares de apenas tres o cuatro hectáreas de tamaño.
Admiré, maravillado, decenas de canteros, aproximadamente de 60 metros de longitud cada uno, sembrados con maestría de horticultores veteranos, paralelamente distantes, a lo sumo, por el espacio necesario para que penetre el trabajador que realiza la limpieza y la extracción del producto; trasplantados a ciclo de diez días cada determinada cantidad de ellos, previniendo que las hortalizas, en su maduración, no se pasen de tiempo, y también que les permita extraer la cosecha con menor premura en cada ciclo; fertilizados con aserrín de madera y resembrados instantáneamente a su recogida por uno de aquellos hombres que, mientras los otros cortan y venden, va revolviendo el terreno con el hierro y luego ejerciendo el trasplante.
Era un mar de canteros reverdecientes de lechugas, acelgas y cebollines, una choza rudimentaria y un feraz pozo criollo con turbina tan poderosa como para anegar en poco tiempo todo aquel terreno.
Pero lo más sorprendente de aquel minifundio es cómo solo tres hombres han sido capaces de levantar ese pequeño emporio hortícola. Cómo alcancé a ver aquel padre, sofocado y sudoroso, con la fatiga en el rostro descompuesto, no ceder al cansancio de los años y ocuparse del más ligero trajín, trasladando en carretilla la mercancía desde los surcos, lavando en el tanque su producto y recibiendo el pago de los clientes con las manos húmedas.
Al conversar con ellos aspiré la pureza innata del campesino criollo; esa sencillez ingenua y amable con que son capaces de ofrecer la amistad más sincera, sin recelos ni arrogancia. Sin embargo, por cuidarme de alguna pregunta que levantara sospecha de intrusión, solo pude rescatar para esta crónica los pequeños detalles que he dejado expuestos.
¡Maravilloso panorama rural dentro de la ciudad! ¡Sorprendente manera de trabajo empírico y rudo! Porque Rolando, Carlos y Roly viven metidos entre el fango, descalzos, cubiertos de tierra húmeda desde las cuatro de la madrugada hasta que la luz del sol se lo permite, con el afán de ganar un dinero que mañana pueda representar la mejoría en el nivel de sus vidas.
Cada cantero de aquellos, según mis cálculos, puede representar dos mil pesos cubanos, que multiplicados por los cuarenta o cincuenta en existencia, ascienden a la cantidad de 80 o 100 mil pesos: unos 4 mil CUC –moneda similar al dólar estadounidense –por cosecha, mucho dinero para un residente cubano cualquiera, cuyo salario mensual nunca es capaz de rebasar los mil pesos –los 40 CUC –si se tiene en cuenta que en la época de sequía pueden obtenerse hasta dos cosechas continuas.  
Debo suponer que el terreno les fue entregado para su explotación gracias a los nuevos decretos gubernamentales que rompieron la centralización de las tierras desde cuando se les hacía la “guerra a los conucos”. Debo suponer también que estos hombres no sufrirán ahora el acoso de burócratas e inspectores que, atraídos por un probable “futuro enriquecimiento”, puedan intentar interrumpir el auge de su prosperidad.
Y como de suposiciones estoy hablando, ¿podríamos suponer cuál sería el futuro alimentario de los más de 300 mil habitantes de Camagüey si todas las familias hicieran, en sus respectivos campos de producción, parecido a como practican hoy Rolando, Carlos y Roly?

Pedro Armando Junco


jueves, 15 de noviembre de 2012

Otros diferentes criterios


Luego de hacer pública en el blog la crónica Criterios, he recibido opiniones disímiles por parte de varios amigos. Cada persona tiene puntos de vista tan personales, de mayor o menor profundidad según su intelecto, que he podido constatar que todos, hombres y mujeres, son capaces de opinar con singularidad sobre cualquier asunto a todos apropiable. Al echar a un lado el fardo de la censura y la doble moral, es muy interesante escuchar ideas ajenas, ponerlas en tela de juicio y sacar conclusiones propias y originales.
Cierto que no es la hora de sembrar la duda, como tampoco lo es de caer en la demagogia hipócrita que muchos pretenden sembrarnos. La hora es para calzarnos los pantalones hasta la rodilla y trabajar juntos por el porvenir de la Patria, no importa cuál sea el mañana que nos aguarde. Decir la verdad con objetividad suprema. No callar errores ni salpicar con agua bendita los malos manejos cuando provienen de personalidades importantes.
Desde España, otro amigo que aprecio como a hermano, me señala al respecto de mi opinión sobre la reciente apertura migratoria:

Lamento no coincidir contigo, la reforma migratoria es una pequeña mejoría para el cubano medio, ahorro d dinero para ese cubano a la hora d viajar pero las limitantes están igual q siempre, ahora el pasaporte se convierte en el permiso d salida, ellos pueden negar la emisión del pasaporte a quien quieran, para eso dejaron abierto el camino. A los disidentes, los profesionales, etc., no les será emitido dicho pasaporte,(q ahora cuesta el doble y en una moneda q ustedes no ganan). Para empezar nunca tenía q haber existido reforma migratoria pq nunca debían d haber violado impunemente los derechos d los ciudadanos. Tampoco coincidimos en la opinión q tienes del presidente y su camarilla, no amigo, no hay solución. Tampoco es tan fácil lo de repatriarse, q dicho sea d paso no me pasa por la cabeza en este momento. Sinceramente te noto muy entusiasta y me alegro por una parte, q es bueno para el estado emocional, por otra no me alegro pq te puedes llevar una gran desilusión.
Q no coincidamos no debe ser motivo d malos entendidos, aquí aprendí q se puede convivir perfectamente con personas d ideas distintas, donde todos tenemos q pensar igual es allí y por suerte esa mala costumbre la perdí. Así q, hermano, espero q el equivocado sea yo pero me temo q no es así.
Recibe un fuerte abrazo, saludos a Celina y la niña, cuídate mucho, Luis.
(He respetado la ortografía y la sintaxis del original)

Recuerdo cuando mi amigo optó por marcharse de Cuba, cuando nos abrazamos por última vez en el aeropuerto. Estaba “ahogado” y “señalado” por el Régimen, por haber sido un duro crítico del Gobierno: no se le admitió como miembro en la Unión de Escritores y Artistas a pesar de estar catalogado como uno de los mejores fotógrafos de la provincia. Se sintió traicionado hasta por un amigo que sirvió de informante de sus conversaciones a la policía política. Se marchó solo, defraudado en sus aspiraciones, y algunos años después sacó a su familia. Recuerdo cuando le dije: “Si te llevas a las niñas y crecen y se casan en España, no pienses más en regresar a Cuba, porque tus nietos nacerán españoles y no les interesará Cuba para nada, y uno se debe a la descendencia.”
Hasta ahora ningún menor de edad podía marcharse del país a no ser definitivamente. No obstante, a partir del 14 de enero del próximo año, eso quedará solo como una mancha de la historia. Ahora todo el que se expatríe no sufrirá la pérdida de sus inmuebles y sus carros, cesará la prohibición de regreso y no habrá más necesidad de un aval para marcharse.
Con respecto a que ahora el pasaporte asumirá el oficio de la Carta Blanca, no lo pasé por alto en mi artículo Nuevas aperturas migratorias cuando dejé escrito:

No obstante, queda cierto escepticismo en la población: Hay quienes aguardan una mueca postrera que revierta el optimismo generalizado y limite las representaciones que cada cual ha originado en sus cabezas. De hecho, el inciso D del artículo 23 plantea que los ciudadanos cubanos residentes en el territorio nacional no pueden obtener pasaporte corriente cuando razones de Defensa y Seguridad Nacional así lo aconsejen. Este pequeño detalle, suelto al descuido dentro del decreto liberador, escamotea el sentido general de la intención ya que, gracias a dicho acápite, se le puede impedir a un ciudadano cualquiera la expedición de su pasaporte basándose en una acusación subjetiva. 

¡Claro que nunca debieron existir esas restricciones! Pero existían. Y precisamente, el mérito de nuestro actual Presidente está en haberlas revocado. España nos sometió, cometió crímenes horrendos con nuestros antepasados, ¿no es cierto? La España de hoy abre los brazos a los cubanos y los acoge como hijos. ¿No hay mérito en la España de hoy?
Puedo decirle desde aquí a este amigo que tanto quiero, que ahora en Cuba pueden tenerse opiniones diferentes. Que si no podemos expresarlas todavía en altavoces por los medios difusivos, más temprano que tarde podremos hacerlo. Que la tarea es construir ideas positivas, siempre con respeto y voluntad bienhechora e indulgente, dejando a un lado las heridas y las cicatrices.
–Amar es más útil que odiar –sentenció el Apóstol. Y si, para desdicha tuya y mía y de todo el pueblo cubano, el equivocado sea yo…, puede que no lo veamos, hermano querido, pero vendrán tiempos que apuntalen mi fe en el futuro.

Pedro Armando Junco



lunes, 9 de julio de 2012

Comentario sobre la ASAMBLEA ANUAL DE LA UNEAC


El pasado día 13 del mes en curso se efectuó en el teatro Vicentina de la Torre la Asamblea Anual de la UNEAC.  En el proscenio los más importantes directivos de la provincia, en las butacas de los espectadores todo el abanico de artistas camagüeyanos y algunos invitados al evento.
Esta reunión anual, inspiradora el pasado año de una de mis primeras “bloguerías”, es el espacio por excelencia para que los de abajo –hablo en el sentido más literal posible –descarguen a los de arriba –a los que permanecen sentados en el escenario –las sugerencias elucubradas subjetivamente, soliciten explicación para sus dudas y, por supuesto, si las tienen, expongan sus quejas muy bien justificadas.
Las muchachitas hablaron muy bien. Me refiero a Yoandra y a Niurkis: ambas del piquete de los escritores. Yoandra desnudó la realidad de los que escribimos y dejó en huesos y pellejos la miseria que nos consume cuando se hace comparación con otras ramas del arte, sobre todo música y plástica. Habló por todos y yo se lo agradezco, aunque dudo mucho que su lamento encuentre oídos receptivos capaces de solucionar, ofreciendo espacios bien remunerados y derechos autorales dignos de quienes escriben libros para el pueblo, este déficit monetario a que hizo referencia. Si ese milagro se concretara ya no tendríamos –algunos del grupo, por supuesto –que negocias viandas en el mercado.
Niurkis cantó sus cuitas a voz en cuello, muy parecida a Homero, cuando iba a pie, descalzo y ciego, posiblemente vestido de harapos, recitando La Ilíada de una ciudad estado a otra por la antigua Grecia. Yo, por mi parte, solicité un teléfono, porque volver a pedir Internet para todos, como he invocado en tantas otras asambleas, no solo es llover sobre lo mojado, sino una utopía inalcanzable.
Se habló del Reguetón, que invade los espacios difusivos del país igual que el marabú invadió las áreas rurales a partir de los años 60. Los reguetoneros fueron vituperados por la mayoría de los que tomaron partido en el debate, aunque siempre hubo alguien que dijo no tener nada en contra de ese estilo musical. A mi entender, habría que buscar la raíz del problema un poco más profundo, implementando un por qué tras otro hasta llegar al por qué los jóvenes prefieren esa música bailable y pegajosa a despecho de sus letras burdas y sicalípticas. Habría que analizar por qué todavía se monitorea y racionaliza la reproducción musical en la radio al estilo de los años sesenta, cuando las canciones que contenían la palabra “Dios” estaban sentenciadas al silencio eterno en las emisoras. Habría que averiguar por qué se estrecha a una cuota porcentual la música extranjera como si se tratara de los víveres que llegan a la bodega. Porque, si esos directivos que mantienen estas normas no lo saben, hay que decírselo: ¡No estamos en los años sesenta!
En cada acto oficial como este en que estuvimos, es aceptable escuchar un poema de Nicolás Guillén y una canción de Silvio Rodríguez. Son naves insignias de la política que nos gobierna. Pero, ¿por qué Silvio a toda hora, constantemente, machacando en hierro frío? ¿Por qué la ausencia de Pedro Luis Ferrer, José Valladares y tantos otros grandes cantantes y compositores –a mi entender tan buenos o mejores que Silvio –que permanecen en Cuba contra viento y marea? Y más aún, ¿hasta cuando vamos a tener prohibidos a Celia Cruz, Gloria Estefan y Willy Chirino, porque son detractores del sistema político en que permanecemos, si el arte es universal y apolítico? ¿Por qué borrar de la existencia histórica de nuestra música a quienes, de paso, se han quedado en el extranjero, como es el caso de Alfredito Rodríguez o de aquel célebre jovencito que hizo famosa la canción de la manzana en la cabeza, cuya letra y música se reproducía constantemente por la radio y la televisión nacional y que nunca más hemos podido escuchar en nuestros receptores?¿Por qué la música extranjera, además de sufrir la censura, es víctima de un precario espacio porcentual que viene determinado desde las altas esferas…?
El reguetón puede que sea un virus pernicioso cuando se infiltran en él elementos mediocres como las canciones obscenas y de tapar oídos que escribe Osmany García. Pero yo no creo que su repentismo demerite el arte si va acompañado de cordura y talento. Es más, si desaparece la censura y el racionamiento difusivo de la música en todo el país y se permite al pueblo escoger lo que verdaderamente desea escuchar, los reguetoneros mediocres pasarían a la esquina del escenario inmediatamente y nuestras emisoras tendrían una audiencia mayor y más variada. No olvidemos nunca que la libertad es quien únicamente abre las puertas a las grandes obras y que es la masa poblacional la mejor catalizadora del arte en cualquier arista.
Se habló también del sistema de becas a los jóvenes talentos. Se criticó muy duramente por qué, con el humano propósito de llevar las posibilidades hasta el último municipio, se asignan becas en lugares donde no hay talentos que salvar y en otros donde los hay, faltan las becas. Son reglas obsoletas y absurdas de pasados tiempos que ya no pueden continuar sosteniendo su intangibilidad, su intransigencia, su dominio desde las más altas esferas de la nación y que deben quedar flexibilizadas para bien del arte. Pienso que en ese aspecto hubo consenso general.
Eso fue groso modo nuestra asamblea anual. Solo me resta por decir en este comentario que la demora en colgar mis últimos trabajos se debe en parte a situaciones particulares que me impiden escribir algo semanalmente para quienes visitan mi espacio digital. Pero también, en parte, porque la muchachita que monitorea las cinco máquinas con que contamos en la sede de la UNEAC aquí en Camagüey, salió de vacaciones y no tuvo quien la relevara en sus funciones; por lo tanto, la sala de navegación se mantuvo cerrada todo ese tiempo. ¡Claro que no nos dimos por vencidos los blogueros de la UNEAC! Buscamos sitios alternativos y mi trabajo anterior lo colgué desde un lugar diferente gracias a la anuencia de un amigo que tuve que molestar, pero del cual no diré su nombre ni sus señas. Desde aquí le doy las gracias a este gran amigo –o amiga –y a ustedes, los que me visitan, créanme, los quiero mucho.

Pedro Armando Junco

martes, 3 de julio de 2012

Contrapunteo


           Por pura coincidencia, un mismo día, sobre un mismo hecho y con un comienzo análogo, Juan Antonio García Borrero (Juani) y yo colgamos en nuestros respectivos espacios internáuticos sendos trabajos críticos. El tema versó sobre la Asamblea anual de la UNEAC que tuvo lugar en Camagüey el día 13 del mes recién concluido. Sin embargo, nuestros trabajos nada tuvieron que ver el uno con el otro, quedando demostrada una vez más la teoría de que cada espectador percibe de un modo diferente y singular un mismo hecho, una puesta en escena, una obra plástica, un tema literario, etc.
La puesta en escena en este caso fue el desarrollo de la asamblea. En el escenario, los oidores; en el público, nosotros. Y Juani vio una asamblea disminuida en su calidad con respecto a la del pasado año: –“Si me exigen absoluta franqueza, entonces debo decir que esta vez no me sentí tan satisfecho como en la anterior” –aseveró.
En realidad los bocaditos de la merienda estaban rellenos con mortadela y el refresco era dispensado a granel en vasitos plásticos, mientras que el pasado año los bocaditos eran de jamón y el refresco en laticas de fábrica. En eso, es cierto, hasta yo me sentí poco satisfecho. Pero si no es a ese aspecto gastronómico al que Juani se refiere en su crónica, sino al contenido que se discutía y a los acuerdos que de allí derivarían; yo considero tan infructuosa esta asamblea como la de 2011 y todas las anteriores; primero, porque de ellas nunca surgen resoluciones concretas, sino que solo se toman notas que después, sobre los buroes de los dirigentes, se implementan a como mejor les cuadre o, sencillamente, pasan al sepulcro del olvido. Su “satisfacción” con respecto a la asamblea 2011 es que a partir de ella se aceptó la propuesta de la Calle de los cines. Ahora habrá que ver más allá de los papeles, si dicha finalidad es llevada a cabo en tiempo y forma. De no cumplirse cabalmente este propósito, intuyo el grado de frustración que sufrirá mi amigo. Las asambleas, para que sean legítimas y valiosas, no solo precisan quórum, sino resoluciones claras y concisas, aprobadas y firmadas de inmediato por los asistentes, y puestas en vigor lo antes posible. Desde el momento que nos dejen gritar como parvulitos que reclaman el tete, pero la respuesta quede a merced de los burócratas, para mí, con el perdón de Juani, más representa el bocadito de mortadela y el refresco gaseado que las cuatro horas de aullidos de dolor que tuvimos que soportarnos.
Prosigue Juani:
 La cultura, entendida como algo que se ha heredado y hay que transmitir a las nuevas generaciones tal como llegó a nosotros, puede convertirse más en una herramienta de dominación que de emancipación. Y allí es donde ese conjunto de artistas que supuestamente integran la llamada “vanguardia intelectual” han de jugar su papel más activo, que siempre será el más polémico. Por eso, cuando menos polémicas culturales existan en un país, más en peligro estará de declinar la cultura nacional.
En eso sí lleva toda la razón: Es una responsabilidad nuestra –yo diría más, de todo hombre y mujer culto de la sociedad –echar a un lado la autocensura y expresar las verdades –siempre con inteligencia y respeto –, porque de lo contrario la cultura puede convertirse en anticultura, y en vez de instrumento de emancipación, como él bien señala, se convierte en herramienta despótica.
¿Por qué la “vanguardia intelectual” el día de la asamblea solo abordó por la superficie problemas de poca relevancia? En mi caso particular, apartando mi intervención para solicitar por enésima vez un teléfono, ¿por qué no planteé nuevamente el tema de Internet para todos, como he recalcado en otras reuniones?  Pues, sencillamente, porque nadie cree en la efectividad de las asambleas para solucionar los problemas básicos de una nación donde los que pueden tomar determinaciones concretas están más sordos que Beethoven y a más distancia del pueblo que los asteroides marcianos. Porque, por más “alto nivel” partidista y gubernamental que hayamos tenido tomando parte en dicho cónclave, no alcanza su autoridad para determinar que Internet se abra a toda la población, como tampoco en las reuniones de la agricultura poseen la potestad de facultar a los campesinos propietarios de ganado mayor a comerse su vaca, o en los consejos de referencia marítima, al pescador sureño comercializar los camarones que pescó en el golfo.
Podemos desgastar nuestras cuerdas vocales dentro de un teatro cerrado pidiendo la derogación de los decretos más absurdos y arbitrarios y secar las gargantas solicitando la implementación de medidas urgentes que ayuden al mejor funcionamiento de la sociedad, que ni los dirigentes provincianos tienen potestad para actuar sobre ellos, ni habrá oídos receptivos a nivel nacional que se ocupen de poner remedio cuando la medida está sembrada con raíces del viejo acero.
Juani aboga por el debate… y yo también. Hay que reconocer que este privilegio de poder criticar con entera libertad es relativamente nuevo y tiene sus orígenes a partir de la intempestiva frase del actual presidente del país que más o menos reza así: “hay que dejar que la gente diga lo que quiera, aunque no nos guste lo que se diga”. Es un cabo que se lanzó a la libertad de expresión ante la necesidad de escuchar criterios ajenos al trillado y arcaico camino que envolvió al país en la tempestuosa vorágine de problemas sociales que hoy lo asfixian. Podemos ahora sacar por nuestros respectivos espacios en Internet críticas que hace diez años atrás podían costarnos muy caras, pero, ¿cómo hacer para llevar nuestros criterios al 96% de la población que no tiene acceso a estos medios, si la prensa, la radio y la televisión no se hacen eco de nuestras ideas? Internet al alcance de todos ampliaría el margen informativo del pueblo más allá de las cerradas y parcializadas notificaciones con que se bombardea constantemente a la población por los medios informativos. Sería un peligro para los que esgrimen solamente criterios oficialistas verse contrariados, descalificados o desmentidos. Es por eso, más que por la ineficiencia de la cacareada fibra óptica que otorgó Venezuela, por lo que se restringe a un salón de teatro o una reunión de rendición de cuentas, el derecho a que la gente diga lo que quiera aunque no guste lo que diga.
Con respecto a la invitación a la polémica, ya estoy entrando en la palestra. Y como creo en la concatenación de la cultura, la política y la sociedad, invito a los otros blogueros de Camagüey y de toda Cuba, incluyendo con preferencia a los miembros de la UNEAC, a debatir cualquier tema y echar su carta en el agitado tablero donde palpitan los mayores deseos de sacar en claro la mejor manera de solucionar nuestros problemas. ¿Por qué no?

Pedro Armando Junco