domingo, 31 de enero de 2016

Una pregunta para responder

Hace apenas dos semanas a una asesora cultural de esta ciudad, amiga mía, le ordenaron visitar la cárcel de mujeres de Camagüey, conocida como kilo 5, puesto que desde allí solicitaban servicios de asesoramiento cultural para tres reclusas que escriben, cantan y bailan respectivamente. Dicha asesora, consecuente con las ordenanzas superiores, aunque disgustada por la encomienda, se trasladó a la penitenciaría. Fue recibida por una instructora que, ante su deber de explicarle al detalle las causantes de aquellas presidiarias en aquel establecimiento, a cierta distancia de las mismas le explicó:

–He aquí las tres primeras reclusas que usted va a atender: aquella de mayor edad escribe poemas románticos y necesita recomendaciones especializadas. La siguiente es médica, imparte clases a otras penadas de nivel inferior y canta muy bien, por lo que reclama orientación vocal. La más joven es muy buena en el baile y pretende matricular en la danza. La que escribe poemas de amor asesinó al marido en un arranque de celos. La doctora que canta e imparte clases, quería salir de "misión internacionalista" pero ante la negativa de su madre a cuidar de sus hijos, la desangró hasta la muerte. La bailarina mató con siete puñaladas a su propia niña de tres años…

De más está contar que mi amiga casi colapsa de los nervios. Regresó a la sede de su trabajo en el sectorial de cultura y comunicó a su jefe de departamento que prefería perder el empleo antes de ver por segunda vez la cara de aquellas asesinas, felices de conciencia y de pulcro uniforme, cuya estadía en celdas limpias y confortables le parecieron más que calabozos, habitaciones de hotel. Ellas no tienen que ganarse el pan de cada día como la cubana en libertad que a diario, luego de atender a sus hijos y a su hogar, se ve obligada a bregar con un salario escueto para conseguir alimentar y vestir a su prole. Tampoco tienen que convertir parte del salario en divisas para adquirir el aseo personal, las ropas y zapatos que gastan, como le sucede a cada mujer trabajadora en este país, porque todo, absolutamente todo, hasta el lavado de su ropa es asunto del reclusorio. Estos monstruos viven allí en Kilo 5 como en palacio real. La que asesinó al marido ahora escribe poemas de amor, quien sabe si para su próxima víctima; la doctora matricida alza su voz y canta elevados acordes musicales, sin remordimiento alguno por su crimen; la que mató a cuchilladas a su propia hija –hecho casi inconcebible para la mente humana– sueña llegar a ser bailarina.

Luego alcancé a ver por la televisión nacional la entrevista concedida por el Fiscal General de la República el diez de diciembre –Día Internacional de los Derechos Humanos–, en la que éste contaba el respeto de "Cuba" a la totalidad de esos derechos en los presidios del país. Al referirse a las reclusas, subrayó que estas tienen derecho a procrear dentro de las cárceles y se les garantiza todo tipo de cuidados, tanto a ellas como a la criatura que echan al mundo. De hecho, los presos y las presas cubanas tienen la opción al "pabellón", sitio donde el confinado recibe a modo de posada la visita de su pareja para, durante algunas horas, disfrutar relaciones sexuales en privacidad. Otras oportunidades de los encarcelados son el derecho a trabajar y ganar salario, recibir visitas periódicas con jabas de alimentos, ganar pases reglamentarios por buen comportamiento, la oportunidad de graduarse como profesionales si la sanción es larga, así como obtener libertad condicional luego de una fracción de la condena.

En fin, el acondicionamiento de los presidios en Cuba es casi una invitación turística a delinquir. En el argot irregular de los encarcelados, caer en cautiverio es asistir a "la beca". Pienso que si el Fiscal General de la República –a quien personalmente agradezco su interés por el caso de asesinato de mi hijo– cree que los reclusos por hechos violentos llegarán a ser reeducados y saldrán de presidio siendo personas moralmente preparadas para servir a la sociedad y transitar inofensivas por las calles, está equivocado por completo. La prueba debe buscarla en los archivos donde se verifica que en la mayoría de los casos donde se facilitó a ejecutores de hechos de sangre salir a mitad de condena, demoraron poco tiempo en regresar a presidio por un nuevo asesinato a la salvaguarda de que la pena máxima está congelada.

A veces me cuestiono si el gobierno de nuestro país actúa con total franqueza y buena fe en lo referente al respeto incondicional de los derechos humanos si, entre otros derechos fundamentales de los que hoy no hablaré, es coherente haber congelado la pena de muerte por el derecho a la vida, cuando el aborto está oficialmente permitido.

Y me gustaría preguntarle, no ya al Fiscal General que cumple con su deber de hacer cumplir las leyes establecidas, sino a quienes las  instituyen, ¿qué beneficios quedan a la ciudadanía ordenada, pacífica, trabajadora, respetuosa de la ley, ante las prerrogativas de esos delincuentes y asesinos? 

    

Pedro Armando Junco

jueves, 21 de enero de 2016

La Hora de Cuba y El destino de los perros

La Hora de Cuba es, así de simple, una revista independiente y libre de cualquier tipo de afiliación política. Está confeccionada a mano, con un número muy reducido de ejemplares, porque su edición es financiada por los mismos autores que la conforman. En ella escriben todos aquellos que desean exponer públicamente lo que piensan, sean profesionales o no de las letras, sin que haya algo o alguien que rectifique sus criterios. La mayoría de sus corresponsales son jóvenes deseosos de comunicar ideas, de echar fuera conceptos propios, de criticar lo que consideran mal hecho, no importa quienes sean los reprochados. Es una revista para colocar el dedo encima de la llaga que corroe la hueste social que nos circunda, para denunciar las ilegalidades de aquellos que la prensa oficial no menciona. Esta revista se apoya, sobre todo, en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Su director me invitó a colaborar con cualquier trabajo seleccionado por mí, siempre que fuese inédito, porque La Hora de Cuba no publica textos ni imágenes dados a conocer ni siquiera en internet. Así, transcurrido un tiempo prudencial, pongo a disposición de ustedes esta fábula escrita por mí y publicada en la revista hace algunas semanas. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

 

El destino de los perros

He sido un perro afortunado. Cuando mataban la vaca, siempre disfruté las mejores postas mientras los canes de otras manadas alcanzaban solo las tripas y los huesos. Hasta llegué a pensar que el destino de los perros es comer huesos y tripas. Pero escuchaba por las noches el aullido sordo de cachorros con hambre y me solidaricé con ellos.

Descubrí que los perros hambrientos, aunque enclenques y desaliñados son proclives a la violencia siempre que alguien los azuce. Y me dio por organizarlos. Los convencí de que juntos podríamos vencer a esa bandada de cachorros engreídos que engullían las mejores postas cuando se mataba la vaca. Les expliqué que el destino de los perros no es vivir eternamente comiendo huesos, tripas y retazos de cebo. Creo que la dialéctica explica mejor que yo este asunto del cambio de conciencia.

El caso es que los organicé y los eché a la pelea. Fue una lucha feroz; literalmente, una pelea de perros. Mis indigentes seguidores salían muy mal parados de la lidia contra canes muy bien alimentados. Pero éramos el doble, el triple, el cuádruplo, y al final ganamos la batalla. Muchos terminaron rencos; pero tuve la audacia de enseñarlos a morder en la garganta, como hacen los leones y los tigres, que matan al momento. Y esa táctica nos regaló la victoria: un perro herido, chamuscado, tullido, si es bravo de verdad, puede seguir luchando. Perro muerto, es baja definitiva.

Ahora la jauría me obedece ciegamente. Cierto es que todavía comen huesos, tripas y retazos de cebo, porque cuando matamos la vaca debo canjear sus carnes para adquirir collares de defensa, vacunas contra la rabia y muchas cosas más que necesita cualquier manada prestigiosa como la nuestra. Es cierto también que a veces algún cachorro malagradecido aúlla por las noches y se queja de comer huesos y tripas solamente; pero lo descubrimos, lo enjaulamos y le rapamos la cola. Algunos que no se atreven a aullar, nos apoyan o escapan del gremio.    

La dialéctica me ha permitido cambiar nuevamente de conceptos. Y ahora estoy convencido, definitivamente, que el destino de los perros SÍ es comer huesos y tripas. Claro, cuando matamos la vaca y entregamos sus carnes a los comerciantes de collares, yo me guardo los filetes y el sobre-lomo. Pero la jauría no lo sabe.

 

Pedro Armando Junco

sábado, 9 de enero de 2016

¿Quién es el explotador del pueblo cubano?

Quiero comenzar el 2016 retomando la temática social por la que fue creado este blog hace más de tres años. Y nada cuadra mejor en este momento que comentar sobre los "debates" de la Asamblea Nacional a finales del 2015. Mucha tela por donde cortar tenemos; sobre todo el conjunto de problemas que han llevado a la bancarrota la sociedad cubana, cuya única salida a corto plazo es largarse de la Isla.

No voy a detenerme en cuestiones que necesitarían un ensayo de quinientas páginas o más para ventilar razones, sino en la minúscula teoría de quién es el verdadero explotador del pueblo cubano.

Comenzaré por la sorpresa que me causaron las palabras del ministro de economía del país cuando expresó sentir "indignación" ante el alza de los precios. Creo que el único calificativo para responderle al compañero, es ¡intolerable! ¿Qué sea el titular de economía, el hombre que duplica, triplica, cuadruplica los precios en Cuba quien se queje del alza y, además, eche la culpa a los intermediarios? ¡Eso es, repito, intolerable! Es irrespetuoso, además, porque hay hasta cierta burla para con el pueblo pensante, como si este fuera fronterizo o anormal.

¿Hasta cuándo se intentará inculpar de crímenes a las propias víctimas? ¿Quién es el que paga con una moneda 25 veces inferior al obrero cubano? Un mazo de habichuelas en cinco pesos no ha encarecido, si tenemos en cuenta que el peso de cuatro centavos se reduce todavía más cuando se eleva los precios en las shopping. El precio real del mazo de habichuelas es veinte centavos, pero si un pomo de perfume que hace un año atrás costaba tres CUC hoy cuesta cuatro, ya la relación del peso frente al mazo de habichuelas es también inferior. Y así con todos los productos de particulares, comparándolos a los establecidos a los mismos productos, hasta que lleguemos a definir, según el valor adquisitivo de cada ciudadano, si el salario estatal es justo y equitativo. ¿Esto no lo sabe la más alta dirección del país, Finanzas y Precios y el Ministerio de Economía?   

Si molesta la dualidad monetaria, como se vio expresar en esa asamblea, ¿por qué no se elimina? Desde hace más de un año se le ha prometido a la población la unificación monetaria. Ya los billetes de a mil pesos están en circulación. ¿A qué se le teme? ¿A que los pocos ignorantes en esta materia abran los ojos ante la explotación a la que están sometidos?  

El pueblo cubano, el de a pie, o roba o escapa de la Isla. La otra parte del pueblo, la que tiene carros en qué andar, mansiones confortables donde vivir, ropa elegante que vestir, vacaciones en Varadero o en el exterior que disfrutar, aplaude. ¿Cuántos diputados a la Asamblea Nacional montan bicicleta para ir a sus oficinas? ¿Cuántos viven en favelas? ¿Cuántos compran en las trapi-shoping? ¿Cuántos llevan a sus hijos al campismo popular? Cierto es que la población cubana teme responder en público estos cuestionamientos, porque hay una simbiosis muy estrecha entre la ignorancia y el miedo. Pero lo insólito está en aseverar que son los trabajadores por cuenta propia, los intermediarios y hasta los productores, los culpables de la explotación del pueblo, sin tomar en cuenta la paradoja de que todos ellos juntos conforman lo que es el verdadero pueblo de Cuba.

Tampoco vi en la Asamblea Nacional una representación opositora. En cualquier otro país del mundo que se haga llamar democrático, excluyendo a Corea del Norte y Cuba, los parlamentos están matizados por una oposición, aunque sea mínima. En la Asamblea cubana no se aceptan contradicciones políticas. El propio marxismo plantea que de las contradicciones surge el desarrollo. Quizás algunos asambleístas opositores, podrían explicarle al Presidente del país –que al parecer no acierta a entender el problema de la subida de los precios– quién es el verdadero culpable del fatal desbalance entre artículos de primerísima necesidad y salarios. De haber estado presente un opositor honesto, seguramente le habría revelado al General Presidente que la solución de este problema radica en que el Estado sea capaz de competir con los cuentapropistas bajando los precios en sus placitas y mercados y en no pagarle al que trabaja con un peso de insignificante valor. Quizás también le habría hecho ver que millones de cubanos, conservadoramente más del 80% de la población laboral, trabaja, pero no produce; y un terruño sin productividad, colapsa. No pueden vivir 11 millones de personas de los ingresos que provienen de los internacionalistas alquilados, ni de un turismo que consume gran parte de lo que deja, como tampoco de la limosna que desde el exterior mandan los que alguna vez se fueron esquilmados.

No existe correlación en lo que el monopolio estatal reembolsa al creador de la riqueza, con el precio que luego se le impone a esos mismos productos al sacarlos al mercado. El productor campesino no recibe ni siquiera una décima parte de la riqueza que ha creado. ¿Cuánto se le paga al ganadero privado por una res adulta y a como se expende en divisas su carne? Al productor estatal menos aún.

 El compañero ministro de economía ha dicho en reiteradas ocasiones que las medidas impositivas tomadas por su gabinete son para que nadie en Cuba se haga rico. Tal parece que nunca leyó aquel pensamiento martiano: "Para hacer feliz a un pueblo, hacerlo rico".  Pero sí me atrevo a asegurarles a quienes dirigen esta nación, que mientras el monopolio estatal pague al productor una ínfima parte de a cómo vende su riqueza creada, no habrá que ir muy lejos a buscar quien es el mayor explotador del pueblo cubano.

 

Pedro Armando Junco

 

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Misceláneas para fin de año

Estoy seguro de que anoche, cuando Pánfilo anunció que este sería su último programa, a miles de cubanos y cubanas se les humedecieron los ojos.

Por fortuna fue una broma; no de mal gusto, porque todo en ese programa es recibido con gracia por los cubanos, pero sí sazonada con una pizca de humor negro, sobre todo en las últimas palabras de Chequera cuando pregunta a Pánfilo si era cierto que Vivir del cuento terminaría allí su existencia. A muchos se les hizo un nudo en la garganta.

Vivir del cuento es el programa televisivo más querido por el pueblo de Cuba. La razón es obvia: allí se denuncia públicamente, enmarcado en el humor, lo que el pueblo temeroso no se atreve a decir en voz alta y el pequeño grupo de indomables no tiene medios necesarios para expresar.

Milagrosamente Vivir del cuento sale al aire, y vivimos siempre con el sobresalto de que sea censurado. Pero es un programa humorístico y, como los cubanos somos los únicos ciudadanos del mundo que reímos de nuestras propias desgracias, se permite oficialmente su presentación por la TV. No faltan quienes desearían que fuera eliminado y reemplazado por otro que lance hermosas loas al sistema imperante. Pero los directivos de los medios, muy a pesar suyo, saben muy bien que entonces solo una décima parte del pueblo lo vería, y en su lugar acoplarían en sus "cajitas" una memoria flash, con quién sabe qué barahúnda del exterior, mucho más peligrosa aunque menos divertida que el esperado "Pánfilo".

Desde aquí mi humilde reconocimiento y felicitación al equipo de actores; sobre todo a los atrevidos y valientes guionistas que ponen sobre el tapete la realidad cruda y difícil del pueblo cubano de a pie. Para ellos y para todos los que siguen este blog, deseo un próspero año 2016 donde se vean realizadas nuestras más extremas añoranzas.

Mi obsequio de fin de año, como nada más tengo para ofrecer, son estos tres escuetos párrafos de un ensayo que tengo en preparación:

 

No encuentro mayores enemigos de la libertad que la ignorancia y la cobardía. La ignorancia es madre del conformismo y hermana del desinterés a pensar con cabeza propia; es proclive el que desconoce, aunque no lo interprete, a certificar con facilidad el criterio de aquel que se le ha plantado delante con una tesis extraña que afirma es totalmente axiomática. El ignorante se hace reo voluntario, acomete fanático cualquier tarea que le indiquen los que él cree superiores en inteligencia y, sin considerar resultados, casi siempre defiende o desaprueba hasta con los dientes, aquello que le inculcaron sus dioses terrenales.  

La cobardía es madrastra de la doble moral. Es aquella que aprisiona hasta los testículos a sus víctimas y que, perteneciendo o no al grupo de los ingenuos, también se hace reo de dictámenes contrarios a su criterio y los avala a pies juntillas. El cobarde puede que sea habilidoso en discernir las verdades y, muchas veces, exponerlas en voz baja entre sus confidentes, pero es incapaz de contradecir un discurso totalmente ajeno a su criterio. Así abona con buen riego, cuando se trata de un destacado intelectual, el terreno propiciatorio de las malas hierbas que luego le cerrarán el camino.

Puede que en determinados sectores humanos la religión sea "el opio de los pueblos": el fanatismo del hombre hace nido tanto en la religión como en la política y en las diversas infraestructuras que la socialización ha creado. Puede que en esos grupos fanáticos el aforismo marxista deba tenerse como efectivo. Pero de lo que sí vivo convencido es que la religión refrena, como bozal, la inclinación antropófaga que el ser humano, desde que nace, lleva por dentro.

 

Pedro Armando Junco

 

 

 

 

viernes, 18 de diciembre de 2015

Los hechos. Una historia de horror

En la noche del 15 de mayo de 2015, Yelko Martín Batista Wiliams, Carlos Álvarez Germán, Raciel Antonio Vázquez Morales y Melson Sergio Varona Oduardo, se reúnen en los preparativos de una conga que ensaya con vista a los carnavales, que tradicionalmente se celebran en el mes de junio en la ciudad de Camagüey. A pesar de ser muy jóvenes –entre los 17 y 21 años– son elementos marginales, señalados por la policía como presuntos delincuentes; sobre todo Yelko y Carlos, quienes tienen firmadas cartas de advertencia por diferentes delitos callejeros.

En el lugar de los preparativos de la conga los cuatro deciden formar una pandilla, toman una botella de ron y, terminados los ensayos, ya en la madrugada del 16 de mayo, cruzan el puente de la Caridad y alcanzan la Carretera Central rumbo oeste.

Carlos, el único negro de los cuatro, de complexión muy fuerte, guaposo y con "hazañas" callejeras a su favor, cuyos resultados lo habían hecho merecedor de la carta de advertencia policial, lidera la cuadrilla. A su lado camina Yelko, más joven que él, pero con ínfulas de líder y afanoso por arrebatarle la supremacía, porque es el único portador de arma blanca en ese momento.  

Pasado el servicentro de Vía Blanca, frente al Bosque, encuentran a un hombre tirado encima de la acera; parece estar dormido o borracho. Yelko saca el cuchillo de dos filos que porta –tipo punzón–, arremete sobre el hombre tumbado y le propina una cuchillada en la nalga, con la clara intención de ganar preponderancia en la pandilla.

Carlos, hasta el momento líder, lo recrimina y discuten. Carlos le ha dicho que eso es cobardía, que no se ataca a un hombre indefenso, y esto estimula a Yelko a demostrar que él también es capaz de atacar al primero que se le presente. En ese acuerdo, cuando alcanzan la entrada del Mercado Agropecuario y la fábrica de refrescos, Yelko se adelanta y se oculta detrás de uno de los árboles sembrados a orillas de la carretera, en tanto los otros tres lo dejan solo, y se rezagan para presenciar su próxima hazaña.

Por esos días en Camagüey se celebra durante algunas jornadas nocturnas un festival de rock nacional. Gran cantidad de jóvenes de toda Cuba asisten a la ciudad invitados al evento. Este tipo de festejos culmina sus presentaciones casi siempre pasada la medianoche y es por eso que muchos rockeros del patio salen a esas horas hacia sus hogares. Vale destacar que este tipo de jóvenes cuenta, por lo general, no solo con una pasión por la música, sino también con una formación artística que puede abarcar diferentes manifestaciones. Su objetivo de reunión gira en torno a intereses pacíficos y  para nada tienen que ver con el tipo de elemento ocioso y automarginado que constituyen pandillas como a la que estamos haciendo referencia.

A los pocos minutos de Yelko esperar tras el árbol, se acerca en bicicleta uno de los jóvenes músicos, de nombre Maikel, rumbo a su casa, porque el festival ha concluido su función de esa noche. Son apenas las dos de la madrugada. Yelko sale de pronto detrás del árbol con el arma en la mano, a solo unos metros del inocente muchacho, quien intenta soslayarlo y gira en U hacia el lado opuesto de la vía, que a esas horas permanece desierta. Pero el pandillero alcanza a sujetarlo por la parrilla de la bicicleta y, acto seguido, le propina dos cuchilladas profundas por la espalda; una de ellas le perfora un pulmón. El ciclista cae al suelo, pero en el horror del atentado ni se percata que ha sido herido de gravedad, se levanta y pide auxilio en medio de la carretera. Yelko se dispone a rematarlo cuando aparece un hombre en un triciclo que sale en defensa del herido. Este hombre, con asombrosa valentía, al ver armado al atacante, saca un cuchillo que porta y le hace frente, pero el arma se le zafa de la mano y cae. El agresor la toma. Sin embargo, el hombre regresa al triciclo, alcanza ahora un machete y va nuevamente hacia ellos.

En este momento, ya los cuatro están juntos otra vez y armados con dos cuchillos: el de Yelko y el que se le cayó al defensor, que pasa a manos de Carlos. Raciel y Melson, a falta de armas, toman piedras; y los cuatro hacen formación frente al defensor de Maikel. A todas estas el herido permanece en el suelo.

En eso aparece un custodio del mercado en ayuda del valeroso ciudadano que enfrenta a los cuatro vándalos. Mira al joven en grave estado sobre la carretera y grita al defensor:

–¡Déjalos que se vayan y ven, ayúdame con este muchacho que está mal herido! ¡Déjalos que se vayan, que al negro ese lo conozco yo!

Los delincuentes se alejan por la calle Desengaño. Todavía Carlos, temeroso de perder el liderazgo de la banda, recrimina a Yelko y le conmina "porque los hombre se fajan con los puños" al advertir que dos personas vienen hacia ellos. Es un contemporáneo, conocido por ellos. A su lado lo acompaña una jovencita. Como se conocen, Carlos lo llama y el muchacho se detiene; sin darle oportunidad de protegerse, Carlos le pega una trompada en el rostro, con una fuerza que lo aturde, aunque no logra derribarlo. De inmediato, Yelko arremete contra él con su cuchillo y le tira una puñalada al pecho. A pesar de la sorpresa, el agredido no ha caído al suelo y antepone el brazo a la cortada que le han lanzado. El cuchillo, que iba dirigido al corazón, al traspasar el brazo de la víctima llega con menos empuje al pecho y solo hiere superficialmente el tórax; por fortuna, esto le permite escapar y salir desesperado rumbo a la carretera. Quizás el temor de la cuadrilla a volver hasta el lugar donde agredieron al rockero y fueron enfrentados con arrojo, haya sido el porqué no dieron alcance al agredido para rematarlo.

Este es el tercer atentado en solo unos minutos. Ya han cometido una agresión y dos intentos de asesinato, sin que ninguno de estos últimos haya resultado fatal. Están sedientos de sangre. No quieren regresar a sus casas sin una víctima fatal.

 

Ahora contaré algo que no estuvo al alcance de las investigaciones, que no fue del conocimiento de la fiscalía y, por lo tanto, no se esclareció en el juicio, pero he podido averiguar gracias a testimonios totalmente confiables.

Luego de esta tercera agresión los cuatro victimarios tomaron la calle Matadero: un callejón sinuoso que bordea el río Hatibonico. A medio trayecto divisan a un hombre solitario que viene rumbo al grupo. Al notar que es una persona mayor y sin compañía, uno propone:

–¿Vamo a jamarno al purito?

Pero el hombre no era un"purito", como imaginó el insinuante, sino un obrero de la Empacadora Cárnica que se dirigía a su turno de trabajo de por la madrugada. Por suerte para él, lleva consigo un machete de labor muy bien afilado, convertido en cuchillo, con el que trabaja en la fábrica de embutidos. Alcanza a escuchar la propuesta de los vándalos y se detiene a cierta distancia; saca el arma y les responde:

–¡Vengan! ¡Vengan a jamarse al purito!

Es entonces cuando otro de la cuadrilla aconseja:

Deja. Deja al purito, que el purito la lleva.

Cobardemente desisten y continúan rumbo hacia el puente de la Caridad.

 

Serían alrededor de las tres de la madrugada cuando Mandy, igual que Maikel, regresaba después del cierre de la fiesta, tomaba una cerveza en el servicentro del Casino junto a dos colegas de la asociación Hermanos Saíz, entidad que estimula la creación artística en los jóvenes a nivel nacional. Les contaba de sus proyectos, de sus últimos éxitos en el rock, de que a la noche siguiente debutaría en el festival. Su hermano Jorge Luis le había enviado desde los Estados Unidos unos zapatos tenis de color blanco de mucha calidad y a tono con la moda, y los había reservado para estrenarlos en la próxima noche cuando subiera al escenario. Su realización es extrema. Ya es un profesional en la música: el gran sueño de su vida.

Aunque sus amigos de la Asociación le insisten para que se quede un rato más junto a ellos en el servi, Mandy se disculpa porque otros compañeros lo aguardan en el parque Agramonte y no puede hacerlos esperar más tiempo. Toma la pequeña mochila en la cual llevaba el pedal de su guitarra y su teléfono y sale de la cafetería.

Ya había cruzado el puente y tomado la calle San Pablo cuando alguien lo llama:

–Oye, espérate allí, que quiero hacerte una pregunta.

Es Carlos. Los cuatro acaban de arribar a la convergencia de las calles Matadero, Cisneros, Independencia y San Pablo. Mandy, ingenuo, incapaz de imaginar que alguien lo ataque sin motivo alguno, se detiene a esperarlo. Cuando Carlos llega cerca de él, saca el cuchillo que había tomado del hombre del triciclo y le asesta las primeras cuchilladas. Mandy trata de evadirlo y corre hacia la acera opuesta, pero Carlos lo agarra por los cabellos y continúa dándole puñaladas. Los gritos de auxilio de Mandy son escuchados por algunos vecinos, pero nadie se atreve a abrir las puertas. Como si las cuchilladas de Carlos fueran insuficientes, Yelko viene en su ayuda para rematarlo y, entre los dos le asestan 46 cuchilladas y contusiones. Para estos bestias los gritos de dolor de mi hijo son estímulo a su vandalismo.

Los abogados defensores de Raciel y Melson alegaron que sus defendidos no tuvieron participación directa en el asesinato, pero en el registro forense le aparecen a Mandy más golpes que puñaladas. De las 46 contusiones, solo 19 son de cuchillo. Además, ¿por qué si Raciel y Melson se mantuvieron a distancia como intentaron confundir al tribunal sus defensores, en los zapatos de uno de ellos apareció sangre de mi hijo?

Ya con Mandy agónico, una pareja de estudiantes de Medicina se acerca y los asesinos se marchan, no sin antes amenazarlos con hacerles lo mismo si los delatan. De hecho, estos testigos no se presentaron al juicio. La joven médica intenta rehabilitarlo, pero ya es muy tarde. Tiene interesados órganos tan vitales como el corazón y los pulmones. Aunque es recogido de inmediato por una máquina patrullera, ya su cuerpo permanece sin vida.

Cuando pasé la dura prueba de reconocer su cadáver, pude percatarme de que hasta intentaron degollarlo. Tenía grandes cortadas bajo la barbilla y en las muñecas, seguramente para evadir las cuchilladas. Y tantas y tantas perforaciones más, que me es imposible continuar narrando.

 

He tenido el valor de escribir esto para que, si alguien presumiera poco indulgente la condena de 40 y 25 años de cárcel para estos facinerosos, sea la opinión pública de Camagüey, de Cuba y del mundo, quien califique y dé apoyo al tribunal que ha dictado esta sentencia.

Si todo tipo de criminal perverso, como estos que nos ocupan, fueran extirpados de la sociedad definitivamente, sin derecho a beneficios, puesto que para ellos es imposible cualquier clase de rehabilitación, nuestras ciudades vivirían mucho más tranquilas. Y si la cobertura publicitaria de los medios de prensa radial, televisiva y escrita, informara públicamente lo que pueden esperar aquellos que sienten placer al matar, como se ha llevado a cabo en esta ocasión, el patente mensaje de advertencia pondría a pensar dos veces a los futuros asesinos antes de cometer un hecho vandálico.

Pero sobre todo, las cárceles cubanas deben diferenciar de otros delitos comunes estos hechos de sangre que se cometen de manera consuetudinaria en nuestra ciudad, y privar a sus autores de todo beneficio, para que estos asesinos dejen de llamar "becas", las prisiones, porque en ellas disfrutan techo, alimentación segura, salario remunerativo, estudios universitarios, visitas y pabellones, más la oportunidad de salir a la calle nuevamente cuando cumplen un tercio o, cuando más, la mitad de la condena.

 

Nota de Prensa. Semanario Adelante. Sábado 12 de diciembre de 2015

La Sala de los Delitos contra la Seguridad del Estado en función de lo Penal del Tribunal Provincial Popular de Camagüey, en fecha 10 de diciembre de 2015 en la que se sancionó al acusado Yelko Martín Batista Wiliams como autor de los delitos de portación y tenencia ilegal de armas o explosivos, lesiones, dos delitos de asesinato en grado de tentativa y asesinato a sanción conjunta de 40 años de privación de libertad; al acusado Carlos Álvarez Germán como autor de los delitos de portación y tenencia ilegal de armas o explosivos, dos delitos de asesinato en grado de tentativa y asesinato a una sanción conjunta de 40 años de privación de libertad; al acusado Raciel Antonio Vázquez Morales como autor de dos delitos de asesinato en grado de tentativa y asesinato a una sanción conjunta de 25 años de privación de libertad, y al acusado Melson Sergio Varona Oduardo como autor de dos delitos en grado de tentativa y asesinato a una sanción conjunta de 25 años de privación de libertad.

Los acusados y el Ministerio Fiscal, de conformidad con lo establecido en la Ley de Procedimiento Penal, tienen derecho a interponer recurso de casación ante el Tribunal Supremo Popular.

 

Pedro Armando Junco

 

viernes, 11 de diciembre de 2015

Fallo del Tribunal Provincial de Camagüey

El Tribunal Provincial de Camagüey acaba de dictar sentencia a los cuatro implicados en el asesinato de mi hijo, dos intentos de asesinatos más y una agresión con arma blanca. Para Yelko Martín Batista Wiliams y Carlos Eugenio Álvarez Germán, principales autores de los hechos, se aprobó una sentencia de cuarenta años (40) de privación de libertad. Para Raciel Antonio Vázquez Morales y Melson Sergio Varona Oduardo veinticinco años (25).

A petición de muchos padres y madres de esta ciudad, antes de una semana si el valor me lo permite, en el próximo anunciado narraré los hechos al detalle, tal y como escuche en el juicio en voz de la fiscalía, ya que solo a un pequeño grupo de personas se nos permitió asistir a la vista oral.

 

Pedro Armando Junco

 

martes, 8 de diciembre de 2015

Blog La furia de los vientos. Agradecimientos

Llegue desde mi blog eterno agradecimiento a los miles de camagüeyanos y camagüeyanas que, deteniendo mi paso por la calle sin importar si los conocía o no, me brindaron su apoyo incondicional a partir del nefasto 16 de mayo; a quienes enviaron cartas, mensajes electrónicos, llamadas telefónicas desde diferentes lugares de la Isla y del extranjero para darme a conocer su fraterna alianza, sin reparar en credos ni patrones políticos. Llegue a todos ellos, padres y madres de cualquier lugar de Cuba y del mundo, mi sincero abrazo y mi compromiso de luchar sin reposo por restituir la tranquilidad ciudadana que hoy permanece ausente en la nocturnidad de nuestras calles.

Agradezco también con efusiva emoción a los miembros del Ministerio del Interior que tomaron parte activa en la captura de los asesinos; a los que llevaron a cabo la investigación minuciosa, esclarecedora de hasta el menor detalle de los hechos; a la Fiscalía Municipal, Fiscalía Provincial y Fiscalía General de la República, cuyo interés en el caso estuvo a la mayor altura; a la comisión de peritos y su escrupulosidad, determinante a la hora de presentar las pruebas; al Tribunal Provincial que desarrolló un juicio con ética impecable; a los medios difusivos digitales de todo el mundo que se hicieron eco ante mi reclamo de justicia por la muerte de mi hijo.   

Próximamente publicaré en este mismo sitio, tal y como lo expuso la fiscalía en la vista oral y a pesar de lo doloroso que me resulte, los pormenores de aquella infausta madrugada en la que una cuadrilla de delincuentes salieron a matar, sin móvil alguno que los motivara, a cuatro personas inocentes.

 

Pedro Armando Junco