domingo, 11 de septiembre de 2016

Mi hija Ana Dalia en preuniversitario

Me siento complacido al ver a mi hija más joven matricular décimo grado. Cuando nació temí no poder llegar a verla hecha una jovencita, pues yo contaba ya 54 años. La fortuna ha querido que la haya visto crecer y desarrollarse a mi lado. Es inteligente, bella y buena, virtudes pocas veces reunidas en la misma persona.
Tanto es mi orgullo que allí se la presento como la mayor de mis riquezas.
 
Pedro Armando Junco

viernes, 9 de septiembre de 2016

Los pescozones al gato

Tomado del sitio "cubanos por el mundo"

Los gatos de mi casa fastidian en demasía. Son muchos y cada uno de ellos es diferente: unos son mansos y cariñosos; otros rebeldes y ariscos. Pero la mayoría son ladrones; también es cierto que roban porque pasan hambre. El hecho de alimentar bien a mi familia me priva de tenerlos rollizos. Al fin y al cabo, ni ratones cazan los muy perversos. A veces quisiera verlos desaparecer a todos, pero ¿qué dirían los vecinos del barrio, filántropos del reino animal, que se dejan ver por las tardecitas sentados en los portales de sus viviendas con obesos perros de raza y mininos limpios y cebados? No me queda otra opción que soportarlos y, si se ponen majaderos, brindarles un cebo cualquiera para cuando se acerquen darles un pescozón en la frente.

Esta filosofía lógica es quizás la que implementa el Gobierno para el pueblo cubano. No es la primera vez que presentan la pequeña carnada entre el índice y el pulgar, y al acercarse el pueblo muy contento a tomarla, le propinan el golpe. Es el incuestionable método de los tanques pensantes del Sistema. Ya sabían que la crisis económica tocaba las puertas y rebajaron los precios a unos pocos productos de primera necesidad. Los "gatos" le partieron eufóricos al señuelo. Dejaron tiendas sin aceite, se fajaron en las colas, declararon por los medios televisivos y la prensa que ahora la economía del país sí iba en ascenso y que, –sobre todo eso, el entusiasmo– en lo adelante cada semana se iría reduciendo el importe de esos y otros muchos productos más, hasta nadar en la abundancia. Hubo quien matemáticamente calculó: "si un litro de aceite antes me costaba cinco días laborables, una depreciación de 20 por ciento me dispensa un día menos de trabajo en la semana". ¡Vaya ecuación revolucionaria!

Pero la euforia duró poco. Parte de la población estuvo de plácemes hasta que los más contentos se tocaron el bolsillo y se percataron de que lo tenían tan desinflado como antes.

En los gráficos del entusiasmo, el puntero se elevó como nunca antes en mucho tiempo. ¡Esa era la hora exacta de "soltar la podrida"!: el anuncio de la crisis del petróleo venezolano por la caída de los precios; paradoja incomprensible, pues, si el país no es productor de crudo, sino por el contrario tiene que adquirirlo en el exterior, habría que estar contentos con la noticia, debido a que con menos divisas se adquiriría mayor cantidad de hidrocarburo. Pero el Ministro lo dijo para que se entendiera sin análisis ni réplicas de nadie, como desde hace medio siglo se ha venido acostumbrando a la población.

Para andar sin rodeos, crisis de petróleo significa crisis general. En cualquier país del mundo hoy la energía lo mueve y lo regula todo y así ha de ser hasta que se descubran fuentes generativas alternas de energía, capaces de igualar en eficacia al combustible fósil. Cuba apenas produce una mísera fracción del carburante necesario. Sin combustible no habrá equipos para incrementar la agricultura de la que se aspiraba duplicar su producción; se limitarán y paralizarán las industrias; empeorará o desaparecerá el transporte público, etc. El escarpelo ha tocado hasta la cuota de muchos directivos obesos de la clase media que acostumbraban asistir a la playa y resolver "otras necesidades" con gasolina estatal gratuita.

El coscorrón puede llegar hasta los apagones eléctricos que, en un país donde se electrificó la cocina hogareña, han de resultar funestos. Pienso que a una madre que esté cociendo los alimentos de su bebé, se lo interrumpa un corte de electricidad en el hogar, no podrá dormir con buen humor esa noche; o lo que es peor: estará dispuesta a salir a la calle para manifestar su incomodidad.    

Mucho queda por especular sobre el tsunami que amenaza a la infausta Isla donde quienes la dirigen siguen empecinados en mantener un sistema político, económico y social que ha fracasado. Temen ser expeditos con la economía privada, porque el empoderamiento del ciudadano común puede cambiar las reglas del juego y prefieren cualquier crisis, hasta el caos, antes de darse por enterados. Por eso hay quienes, como gatos ariscos, huyen a los patios vecinos en los que sus dueños los ponen a cazar ratones, pero al menos los cuidan y alimentan bien. Mientras, los más estoicos y resignados, cuando reciben las infaustas noticias solo fruncen el ceño, toman aire y alistan su entelequia para descubrir la mejor fórmula de paliar lo que se les viene encima.

 

Pedro Armando Junco

domingo, 28 de agosto de 2016

Pensando en el futuro inmediato

Tomado del sitio "Cubanos por el mundo"

 

–¿Cuál será el porvenir de un país que a las doce del mediodía se paraliza?

Esta pregunta quedó sin respuesta cuando alguien la echó a rodar entre un grupo de personas que discutían acerca de lo que se cierne sobre Cuba. Las expectativas de la nación, dentro y fuera de la Isla, son diametralmente opuestas. Allende el mar el cubano sufre la ausencia de la Patria, pero tiene un horizonte amplio con las más disímiles perspectivas y la posibilidad de escoger el camino que más le acomode; disfruta la libertad de pensar hacia dónde ir y cuales esfuerzos debe realizar para alcanzar una meta. Acá, un Gobierno, mediante un Partido, piensa por todo el pueblo y decide las medidas a tomar en sus más altos niveles, e intenta resolver como un problema económico lo que en realidad es un problema político.

Para nada se consulta a las masas populares, y menos aún se les informa el núcleo de las cuestiones que perjudican a la sociedad. Los medios continúan su discurso triunfalista, lavando y tendiendo los fiascos del capitalismo en el confín del mundo, pero soslayando por completo una información que la ciudadanía harto conoce. Pero ya no estamos en los años noventa, cuando el mundo entero sabía que la URSS se desmoronaba igual a un castillo de arena y los cubanos continuaban en el limbo hasta que un día el presidente lo declaro al pueblo. Hoy, hasta el menos instruido se ha enterado de que el actual sistema venezolano ha fracasado; que Cuba, prendida de su cordón umbilical no recibirá más petróleo casi gratuito y "torcido en oro" por "el sudor sangriento" de miles de internacionalistas nacionales, cuya carencia resultará altamente negativa al Gobierno de la Isla  y a la sociedad que representa.

El colmo del error está en paralizar al mediodía las entidades burocráticas y de servicios. Es cierto que la mayoría de estas instituciones son improductivas y consumidoras, pero hay servicios básicos que afectan a la población de manera directa. Entre los primeros, el transporte estatal. Debido a este déficit, los transportistas particulares –que nada tienen de santos ni de bien intencionados–, que son parte de esta misma sociedad, sin voz ni voto en las asambleas del Partido, elevan los precios del pasaje con una directa afectación al bolsillo público. Cual si se tratara de una partida de ajedrez, parecido a como se hizo con el tope de los precios en el agro, se pretende normar el importe del pasaje, dejando a un lado la vieja ley de la oferta y la demanda. La jugada siguiente por los cuentapropistas será el giro por la izquierda; o sea, la ilegalidad, realidad latente que bien conoce la dirección del país, pues no es rentable comprar combustible en área dólar estatal. Si el chofer de un "almendrón" cualquiera cobra veinte pesos por pasajero, al llevar ese importe al contexto de la gasolina que le ha comprado al Estado por divisas, no son más que ochenta centavos sus honorarios. El problema no radica en lo que cobra el taxista particular. ¡El problema está en que el cubano promedio gana menos del equivalente a un litro de diesel en una jornada laboral completa!

Claro que un país en donde todos viven dentro de la ilegalidad para subsistir, porque las leyes y los decretos son embudos demoledores hacia las arcas del Estado, una transgresión más, entre tantas, no se echará a ver; es por eso que prevalecen el taxista y el camionero particulares: adquiriendo por la bolsa negra petróleo robado a quienes tienen en sus manos la posibilidad de escamotearlo al Estado.

La próxima jugada por la parte estatal será incrementar los inspectores y, por ende, la burocracia, que salvaguarda el síndrome más elevado de ilegalidad latente en este sistema de gobierno: sobornadores, extremistas, incompetentes, etc. La réplica de los particulares será desafiar el riesgo con una desaforada incrementación de los precios a escondidas y entonces vendrá el jaque policial y las excesivas sanciones. Así sucedió con la prohibición comercial de la carne de res, que a fin de cuentas y a pesar del riesgo, el pueblo la sigue trasegando y consumiendo.

Nuestros dirigentes no acaban de entender que así no se irá a ninguna parte; o mejor, sí: a la crisis general que puede provocar una estampida mayor que la que hoy se sufre, más la posibilidad de un estallido social como todo parece indicar sucederá en Venezuela.

Todavía no ha llegado el momento de los grandes apagones. Y que Dios no lo permita. Porque en este juego de ajedrez donde se enfrentan la población y el Gobierno, este último tiene bien alineados sus alfiles y las torres demoledoras; pero, ¡cuidado!, porque su contraparte cuenta con infinidad de peones y caballos saltarines que son capaces brincar de un lado hacia otro y provocar el caos.

Lo que puede salvar y encaminar a Cuba hacia la prosperidad y el desarrollo pacífico muy bien lo conocen "los de arriba". Sería muy saludable que el Gobierno cambie, para que no haya que cambiar de gobierno, pues eso sería desastroso a corto plazo y es lo que hay que evitar. Pero que cambie de verdad. No hablar de cambios para que todo continúe igual o peor. Déjese al cubano trabajar y recibir el pago real de lo que produce, permítase al cubano sindicalizarse con libertad y tener voz propia. Y establézcase el diálogo abierto, público, limpio y bien intencionado con aquellos que piensan diferente. Solo así se saldrá en paz de esta crisis.

 

Pedro Armando Junco

viernes, 19 de agosto de 2016

El ave negra del infortunio

Tomado del sitio "Cubanos por el mundo"

 

A mediado de los años sesenta fue muy popular en Cuba el programa de televisión San Nicolás del Peladero. Todos los jueves, si mal no recuerdo, el pueblo de Cuba esperaba en la sala de su casa el codiciado show en el que derrochaban gracia los más preclaros actores de la época: Enrique Santiesteban (el alcalde Plutarco Tuero), María de los Ángeles Santana (la alcaldesa Remigia), Enrique Arredondo (Cheo Malanga) y muchos otros de primerísima calidad. Desfilaban también por el escenario las mejores voces del momento; pero lo atrayente del espacio, durante veinte años, fue el libreto humorístico de Carballido Rey con este elenco estelar.

Traigo a colación la reseña, porque el personaje Éufrates del Valle, encarnado por Germán Pinelli, representaba a un poeta frustrado que, como figura intelectual del mítico pueblo, era el escogido por el alcalde para pronunciar las peroratas políticas de una época pasada, corrupta y digna de escarnio. Y "Éufrates del Valle" comenzaba todas sus monsergas con la tétrica frase que hoy sirve de título a este trabajo. Claro que "Plutarco Tuero" lo paraba en seco con otra frase de predilección popular: "¡Saca ese pajarraco de aquí!" o algo por el estilo.

Reíamos mucho todavía. A pesar de estar encaramados sobre un polvorín de la Guerra Fría, nosotros reíamos, gracias a que los soviéticos nos apuntalaban de hasta lo menos imaginable a cambio de azúcar crudo y de ser incondicionales para sus propósitos.

Pues estas reminiscencias de mi primera juventud me han invadido hoy, porque sobre el pueblo de Cuba se cierne otra vez "El ave negra del infortunio".  Y no precisamente la del ridiculizado San Nicolás del Peladero, sino la de otro Periodo Especial que ya está a las puertas y será muy difícil de superar a no ser por un milagro de Dios…  Y, a pesar de que el General Presidente acaba de asegurar que para nada caeremos en la crisis de los años noventa, nada sirve ocultarlo, porque Venezuela, el último proveedor, está en peores condiciones económicas que Cuba y esta vez no queda otro mástil del cual agarrarse. 

La gente en la calle está como sobre ascuas. Todo el mundo lo sabe, pero nada se decía por los medios de difusión masiva hasta que el General Presidente habló del asunto y negó, repito, que Cuba sufrirá otro Período Especial. Admitirlo sería algo muy parecido a claudicar, porque de lo que todos están convencidos es de que el pueblo cubano no soportará con el mismo estoicismo otro decenio de miserias medievales.

Los medios mantienen el sainete de que los problemas están más allá de nuestras fronteras: en Estados Unidos los asesinatos; en Cuba no. En África el hambre; en Cuba no. En Brasil y Argentina, Temer y Macri están asediados por la oposición, en Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador, no.  En Siria el éxodo es multitudinario; en Cuba no. En Francia y en México los trabajadores salen a la calle y son rechazados por la policía; en Cuba ni siquiera permiten que se reúnan en Santiago de Cuba para celebrar su Primer Congreso de Jóvenes Cubanos, en la sede de la UNPACU un grupo de opositores. Los opositores en Cuba no existen. Están en esa cuarta o quinta dimensión donde reposan hoy Carlos Lage, Felipe Pérez Roque y Robertico Robaina junto a muchos más. Son los "nopersonas" de Orwell. Pero la realidad evidencia una crisis inminente.

Solo nos queda esperar por la determinación del Partido: si continuamos hablando mal y poniendo escollos a la apertura norteamericana, o entramos en arreglos concretos y serios, y se permite el empoderamiento ciudadano a la economía del país en todas sus vertientes, se respetan las libertades fundamentales al pueblo descontento y se le brinda un espacio real, objetivo, calificable internacionalmente a la democracia. Si optamos por lo primero, será cuestión de poco tiempo el colapso y la similitud con el ave negra del infortunio que se ha lanzado sobre la hermana patria de Simón Bolívar.

 

Pedro Armando Junco

martes, 9 de agosto de 2016

Una visita a Bayamo

Tomado del sitio "Cubanos por el mundo"

 

Bayamo es La Ciudad Monumento. Allí se preserva la génesis de nuestra nacionalidad. Visitarlo es apremio de todo buen cubano. Escudriñar en los detalles de sus héroes y adentrarse en sus leyendas constituye la piedra angular para quien pretenda conocer nuestra cultura autóctona. Por eso visité a Bayamo hace una semana y llevé a mi hija adolescente. El pretexto fue presentar mi última novela en el salón de la biblioteca provincial. 

Luego recorrimos el centro de una ciudad donde la gente es tan amable y tan sencilla, que al instante de haberla conocido presumes haber encontrado al amigo que no veías desde la infancia. Así son de amorosos y cándidos los bayameses y las bayamesas.

Una bayamesa nos sirvió de guía. Nos llevó a la iglesia mayor, cuyos vitrales irradian luces de colores vivos dentro del templo enorme, sobre todo aquel que eriza los cabellos al admirarlo, por encarnar el escudo de armas de nuestra Patria. Y la casa del "Hombre de mármol", como lo calificara el Maestro: el Padre de la Patria, el padre de todos los cubanos. La casa, hoy museo, es amplísima. Allí se guardan objetos personales suyos y de su esposa Ana de Quesada… Cuando mi niña supo que Ana de Quesada era del Camagüey me recalcó orgullosa:

–Papá, tres de las esposas de nuestros más grandes hombres nacieron en nuestro amado terruño: Ana de Quesada, la de Céspedes, Amalia Simoni, la de Agramonte y Carmen Zayas Bazán, la de Martí.    

Guardamos un minuto de silencio.

 

El Parque Céspedes es solemne. Sobre un pedestal gigantesco está Carlos Manuel de pie, erguido, como seguramente lo verían aquel puñado de esclavos que, luego de recibir la libertad, prefirieron marchar con él a la manigua. Y frente al soberbio zócalo, en otro más modesto, pero no menos importante, el busto de Pedro Figueredo: Perucho. El poeta que nos legó letra y música de lo que es hoy nuestro himno nacional. El reloj del parque, a cada hora en punto, cuando no se traba, deja escuchar La Bayamesa.

A pesar del crecimiento indiscutible del pueblo, ya no es Bayamo la villa de los coches tradicionales del siglo XIX, cómodos y hermosos, que invitaban al foráneo a montar en ellos. Es ahora, como cualquier otro lugar de Cuba, una ciudad de carretones de pasajeros tirados por caballos. El transporte es pésimo y nutrido y denso.

Visitamos también sitios menos alegóricos. El Chocolatín de cremosos helados y confituras; el Paseo, ahora bulevar bellísimo, colmado de peatones y artesanos… Pero lo que más nos impresionó de estos lugares fue el Museo de Cera.

Solo tres pesos cuestan la entrada en aquel salón climatizado donde parecen vivas las representaciones de personajes difuntos. Solo en eso se diferencia de otros museos de esperma, como el de Londres, en el que posan las reproducciones de personas vivientes. Pagamos tres pesos más para que nos permitieran tirar fotos a las esculturas.

El Museo de Cera de Bayamo, hasta donde he podido averiguar, es único en Cuba. Los artífices de las obras son hijos de una familia autodidacta de la provincia, que desborda su arte en conformar maniquíes de personalidades fallecidas, cubanas o foráneas, pero que hayan tenido que ver con nuestro país. Por eso, a la entrada, reclinado sobre un balance de caoba, encontré a un extranjero todo de blanco que parecía esperar a que lo saludáramos. Era Gabriel García Márquez, (El Gabo), quizás la imitación más perfecta de la sala. Me acerqué cuanto más pude para observar en detalle y descubrí que hasta las venas de sus manos estaban hechas a la perfección.

Otro personaje que parece estar vivo es Juan Formell, el director de los Van Van, recientemente fallecido, con su saco rojo, frente al micrófono, cantando quien sabe si la balada del Buey Cansao. La menestrala del Centro aseveró que muchos de los trajes y vestidos que cubren los cuerpos son donaciones de ropa que utilizaron en vida y sus familiares han facilitado con altruismo. Explicó, además, que el Centro se encarga de proporcionar a los artesanos los datos imprescindibles para crear aquellas obras artísticas: fotos, medidas de peso y estatura de cuando vivían, y hasta el más mínimo detalle que pueda ser utilizado por los creadores.

 Allí está Bola de Nieve, frente a un piano, con la sonrisa tan particular suya, que le arrugaba el rostro y mostraba la perfecta dentadura de marfil. Y Rita Montaner, vestida a la usanza de su época… Y muchos más que me es imposible enumerar.

Cuando iba repasando en el salón las representaciones de cera, un bayamés entrado en años, pero muy locuaz y amistoso, se fue introduciendo en mis comentarios y, según pude notar, aunque era un visitante más, lo invadía un sentido de pertenencia muy grande con la galería. Sus verbos y sus frases eran "tenemos", "vamos a enriquecer", "invertiremos más recursos", etc. Todas esas alocuciones proferidas eran con respecto al Museo de Cera. Solo recuerdo de él que se llama Pascual. Nos acompañó y explicó otras nimiedades que la guía dejó pasar por alto. Al despedirnos, a la salida, me dio la mano con efusión extrema y terminó diciendo con seguridad revolucionaria:   

–Nuestra felicidad será completa, el día que este Salón de Cera contenga, sobre un pedestal bien grande, la figura del Comandante en Jefe.

 

 

Pedro Armando Junco

 

domingo, 31 de julio de 2016

Se firma la paz en Colombia

Tomado del sitio "Cubanos por el mundo"

 

La política es útil, aseguraba el Apóstol. Cierto es que muchas veces algunos hombres la utilizan para limpiar sus retretes y nos provocan repulsión por ella. Pero no es la política, manchada por gente inescrupulosa, la culpable; sino quienes la manejan con esos fines.

Una muestra positiva de lo que se puede alcanzar mediante la política ha sido el acuerdo de paz entre la guerrilla colombiana y el gobierno de ese país. Tampoco vayamos tan a la carrera como para creer que se alcanzó un arreglo por arte de magia político, y menos aún, que finalmente se concrete y se haga realidad el sueño del pueblo colombiano. Otros factores muy objetivos tuvieron el protagonismo de hacer llegar a una mesa de negociaciones las partes involucradas; sobre todo a los guerrilleros que llevaban más de medio siglo en su intento de alcanzar la victoria armada y no lo consiguieron. Y aún restan varios meses para que se dé por terminado definitivamente el conflicto

Tanto en el discurso de Timoleón Jíménez, máximo jefe de los insurgentes, como en el de Juan Manuel Santos, escuchamos un tono imposible de calificar como amoroso, porque aún persisten sin desmedro las diferentes posturas antagónicas que siembran dudas sobre una verdadera terminación del problema.

Por ejemplo, el Jefe del Estado Mayor Central de las FARC-EP en su aclamación de elogio a Hugo Chávez, no solo enseñó la espinita en el dedo gordo, sino que de cierta manera corrobora cómo el anterior presidente venezolano fue incondicional con la causa guerrillera, de lo que se desprende que esta disfrutó ayuda del gobierno bolivariano; y deja entrever, de soslayo, que la muerte del mandatario vecino mucho ha influenciado en la claudicación de la guerrilla.

Por cierto, el Comandante en Jefe guerrillero, negó todas las sinonimias del verbo "claudicar". Y, ¿qué es eso, cuando al fin del contienda no se alcanza el objetivo propuesto y se firma un pacto definitivo con el estado anterior que se pretendió aplastar?  ¿Acaso, como los mambises en 1878, firmaron una "tregua fecunda", para luego reanudar las hostilidades?    

El discurso presidencial tampoco se las anduvo con rodeos al ratificar su posición antagónica con los propósitos guerrilleros. Santos cree solo y definitivo el sistema democrático que rige su país; quiere la paz, pero –si no entendí mal– está preparado para la guerra. Es verdad que comprometió todos sus esfuerzos en frenar el paramilitarismo y hombro a hombro con los ex combatientes alzados, trabajar para el ulterior desarrollo de Colombia. Su tarea es ardua, sobre todo si tenemos en cuenta que ahora tendrá que enfrentar aquellos aliados intransigentes hasta hacerles entender que es inaplazable reformar sus métodos y maneras de pensar. La paz se ha firmado. Falta llevarla a cabo con efectividad hasta los tiempos futuros.

Un vecino me reseñó lo paradójico de que haya sido Cuba la sede y principal mano reconciliadora en el conflicto, pues –recalcó con ira–, "¿no fue la Revolución cubana quien inundó de guerrillas a los países latinoamericanos y, por supuesto, –dio por sentado– tuvo un papel cardinal en aquel foco guerrillero que desde 1961 se alzó en armas contra el gobierno de Colombia?"

Para mí –le respondí al hombre– la paradoja es muy positiva, como lo fue la conversión de Saulo de Tarso al cristianismo, la de Nelson Mandela a la no violencia, y más cercana aún, la transformación de Pepe Mujica, guerrillero Tupamaru, a político honesto y pacífico. Que el presidente de Cuba haya brindado su apoyo incondicional a la paz y pronunciara un discurso cuyo final proclamara un NO rotundo a las armas, tiene dimensiones muy parecidas a los cambios antes mencionados por los citados líderes históricos.

En los años sesenta, el General Presidente era solo un joven jefe del ejército cubano que recibía órdenes superiores y, como militar, le estaba vedado disentirlas. Medio siglo después, el siglo XXI y su desarrollo ha demostrado que más fácil es alcanzar los objetivos con política que con fusiles. Por último, nunca los caracteres y maneras de pensar pueden ser idénticos en dos personas, aunque haya sido uno el vientre que los haya parido.

Lo más meritorio en la firma de paz entre los guerrilleros y el gobierno de Colombia, a mi entender, es el mensaje que deja, avalado por el Secretario General de la ONU Ban Ki-moon y otras personalidades de reconocimiento mundial. Este convenio pone de relieve el compromiso del gobierno colombiano a respetar y cuidar la hueste opositora y velar por que gocen de todos los derechos humanos; a respirar la concordia ciudadana en cualquier sitio y en cualquier momento; a disponer del espacio que tiene derecho una oposición pacífica para manifestarse sin que nadie –y menos el Gobierno y sus acérrimos defensores– se lo niegue.

Si Juan Manuel Santos acepta que desde hoy en lo adelante aquellos que se alzaron con armas de fuego, mataron, secuestraron y desobedecieron las institucionalidades de Colombia, salgan a la calle y proclamen sus ideales sin represalias, el mensaje a nuestro Jefe de Gobierno es tan diáfano como para dar por sentado que la oposición cubana, cuyos militantes no han disparado un tiro, no han asesinado a nadie y se han mantenido al margen de toda violencia, alcance también un espacio en nuestro país para salir a la calle libremente y reclamar cuantos derechos estime se les están negando.

 

Pedro Armando Junco

domingo, 24 de julio de 2016

Una carta para Maduro

Tomado del sitio "Cubanos por el mundo"

 

"En Venezuela las cosas no andan muy bien debido a la propaganda enemiga" escuché hace poco de un dirigente fundamentalista. Este "compañero" se ha hecho eco de quienes afirman que la crisis económico-político-social en la patria de Bolívar, es el resultado del potencial difusivo imperialista. Ni siquiera fue capaz de tener en cuenta, a la hora de pronunciar esa barbaridad, que Telesur es la voz parcializada del Socialismo del siglo XXI que hace llegar sus transmisiones hasta el confín de América Latina.

Para los cubanos, con el oído acostumbrado a escuchar desde hace medio siglo una de las más extraordinarias propagandas oficialistas de la era moderna, esta emisora regional que desde Venezuela ofrece las noticias con cierto margen de objetividad opositora, es como escuchar las palabras del Espíritu Santo. Y hay una razón muy poderosa en eso: Telesur fue creada para enfrentar el empuje antagónico en países donde la libertad de pensamiento y expresión es respetada; una información "a lo cubano" desmontaría de inmediato la credibilidad de aquellas comunidades donde se puede escuchar libremente la opinión adversa.

Cierto es que hay quienes nacen para pensar y quienes nacen para que piensen por ellos. Imaginar qué es lo mejor, discurrir sus pros y sus contras, profundizar en la mirada que sea capaz de vislumbrar el futuro como individuo y comunidad, son ideas que agregan un peso adicional a las neuronas, más cuando el análisis individual de cada ciudadano en el mundo es tan diverso como las arenas del mar. Esa diversidad es el talón de Aquiles de las democracias, pero a la vez es el motor impulsor, cuando saben manejarse, del desarrollo ulterior de los pueblos.

Europa del Este demoró siete décadas en comprender lo disfuncional del comunismo. No obstante la censura e implementación de partidos únicos, llegó el momento en que sus naciones despertaron y decidieron un cambio de ruta. Esos países hoy reconocen que el capitalismo no es ni perfecto ni justo, pero ante la opción de volver atrás, aceptan que hasta el momento no se ha descubierto nada que lo supere a la hora de crear el desarrollo, y lo prefieren. Por eso los rezagados del fiasco político marxista, basado en la supuesta igualdad que enmascara las ideas dictatoriales más rancias apoyadas en la burocracia estatal, inventaron un novedoso calificativo: "Socialismo del siglo XXI"

Y el Socialismo del Siglo XXI ha resultado ser –con apenas tres lustros de vida–una ficción chavista, intencionada a borrar de la mentalidad de los ingenuos el viejo sistema fracasado del comunismo europeo, pero que conserva sus esencias y subsiste en Cuba, con ramificaciones un poco menos radicales en algunos gobiernos proclives a él en América Latina.

No han sido necesarios los setenta y dos años sufridos por Europa del Este para que nuestro continente despierte del embrujo, pues no son las expediciones misioneras y las campañas "Yo sí puedo" y "Operación milagro" quienes llevan la prosperidad a los países del tercer mundo. Estas son campañas loables, es cierto; sobre todo cuando se tiene en cuenta que los gobiernos anteriores no supieron llevarlas a término y se olvidaron de los indígenas y de los pobres. Pero de poco sirve aprender a garabatear el alfabeto y mejorar la ceguera, cuando las condiciones económicas se derrumban y las infraestructuras de siglos se van a bolina por la mala administración de sus riquezas y el populismo burocrático.

El éxito estaría en conjugar los aciertos socialistas con la libertad para escogerlos; o sea: la democracia. Nunca será creíble representar esta democracia negando al pueblo un plebiscito o unas elecciones verdaderas; nadie creerá que una obra es de amor, cuando en cada alocución se amenaza a la ciudadanía que protesta y se le impone el criterio dictatorial.

Venezuela está sentada sobre un barril de pólvora. Hay que orar por Venezuela como alguna vez se hará por Cuba cuando llegue el momento del desenlace. Si estuviera permitido dar un consejo a Nicolás Maduro se le diría:

–Hermano, acepta el revocatorio, porque en él radica la voluntad popular que alguna vez te prefirió como presidente, porque en él está la esencia de la razón. Si es cierto, como tú aseguras, que el pueblo está contigo, votará a favor tuyo y continuarás tu obra con la dignidad de un verdadero líder. Si por el contrario, eligen revocarte, acéptalo como consintieron las presidentas de Argentina y Brasil; toma el ejemplo de José Mujica que, desde la altura de su vejez, disfruta tranquilamente en su modesta estancia, la obra de su vida.

 

Pedro Armando Junco