miércoles, 6 de septiembre de 2017

Confesiones eróticas de la tía Nora en Amazon

A todos los amigos de mi blog les anuncio, mediante la presentación crítica de la licenciada Dulce María Basulto Martínez, la publicación de mi última novela. Para aquellos que radican en el exterior y tienen acceso a Amazon, les aviso que ya está a la venta a nivel intenacional por Internet. Saludos cordiales y a continuación la valoración crítica de una de las pocas personas que en Cuba la han leído.
En Confesiones eróticas de la tía Nora la narrativa se desliza sobre una cascada transparente de ironías y buen humor. El relato logra en los flashazos de sus sentencias la simpática simbiosis de lo indiscutible con la parábola: “Más aprende el púgil por los golpes que recibe que por los consejos de su entrenador”. La belleza y el buen gusto de la obra son capaces de cautivar desde el primer capítulo, porque nos presenta a la sociedad cubana a partir de la tercera década del siglo XX hasta más acá de los años ochenta, sin dejar de ser contemporánea. Para quienes hayan vivido los años anteriores a la Revolución de 1959 resultará agradable recordar sitios, costumbres y ambiente social de la época; para los más jóvenes representará un campo de conocimiento y comparación con la vida actual. En esta novela, conformada por veintiséis capítulos, aparecen hechos históricos poco conocidos (el robo del diamante del capitolio, por citar solo uno) junto a una variedad de sentencias filosóficas de factura original, enmarcadas siempre en el más sutil y refrescante escenario: “Un marido bruto es un mulo de carga que a menudo patea, pero resuelve; una mujer bruta es un saco de papas podridas en el mostrador de un bodeguero”. Confesiones eróticas de la tía Nora está dedicada a la mujer cubana. Es todo un monumento a su liberalidad, a su evolución intuitiva hacia la independencia conyugal, sin obviar el pequeño margen que se le observa para con las damas virtuosas paralelas a la protagonista (su hermana, su hija). El amor hacia el sexo femenino en el autor es tan intenso, tan erótico, tan desproporcionado, que a veces acude a la broma para reír con ello: “El arte de la mentira perfecta es exclusivo de la mujer casada”. Este libro, sustraído de la vida real de una mujer muy bella, es el caldo de cultivo en el que el prosista depositó su cúmulo de experiencias, estudiadas a lo largo de los años en diferentes féminas y que ahora nos regala con la sencillez jocosa de su carácter: “La batalla del tiempo es definitoria cuando se persevera; es la que dice la última palabra”. O esta otra basada también en el pragmatismo de la existencia: “Cuando te sientas encumbrado mira siempre hacia abajo, para que calcules bien la altura desde donde puedes caer”. Pienso que el mensaje más importante de esta novedosa obra literaria de Pedro Armando Junco es la invitación a VIVIR; así con mayúsculas. Es la exhortación a disfrutar la existencia a plenitud, siempre preparados para los grandes golpes que con los años nos depara la vida. El ejemplo de la tía Nora está claro y conciso también en otro de sus grandes pronunciamientos: No importa el vehículo en que te introduzcan después de extinto bajo tierra, tu futuro es idéntico.
 Dulce María Basulto Martínez Licenciada en Lengua Materna

martes, 29 de agosto de 2017

De regreso a mi selva

Luego de otro mes en Miami he retornado a mi país de origen: mi dulce Cuba, como diría la poetiza desterrada. He dejado allá un tesoro de amor tan vasto y colorido solo comparable con la ternura de mis hijas y mis nietos. ¿Quién osa decir que aquellos que se marcharon alguna vez se olvidaron de nosotros? ¿Quién puede atreverse a calificar a los cubanos de ultramar como apátridas y malvados? Aquellos que viven pasada la frontera del mar cargan en lo más tierno del espíritu la herida de la nostalgia patria, la añoranza por la tierra que los vio nacer, la ternura desinteresada para los que permanecemos en la Isla. ¡Convénzase el mundo de que la nación cubana es una sola: monolítica como el pueblo judío! Peca contra la cubanidad todo aquel que pretenda separarnos por la geografía o por la manera de pensar. Y he allí la razón por la que debemos trabajar: porque nunca se fraccione nuestra cultura, nuestra idiosincrasia, nuestras creencias y nuestro amor filial. Traigo el pecho ahíto de esperanzas. Si medio siglo de ausencia y separación no ha podido romper los sagrados lazos de la familia y las amistades verdaderas, será muy difícil que esta segregación se prolongue. Saludo desde aquí a esa cordillera de primos selectos –imposibles de enumerar porque son muchos– que me acogieron con tanto regocijo; a esa montaña de amigos incondicionales que sonreían de felicidad al abrazarme, a ese promontorio de intelectuales con quienes compartí momentos inolvidables, personalmente o mediante Facebook. A todos mi insondable cariño y agradecimiento. Y mi reiteración de la esperanza de que muy pronto, entre Cuba y Miami se tienda el puente –no el puente virtual que muchos suponen, sino el literal y posible– que fracture el muro de agua del Estrecho y difumine la añoranza.

lunes, 12 de junio de 2017

Robándose la corona

Tomado del sitio “Cubanos por el mundo” Hace poco alguien afirmó que Cuba es un calidoscopio de contradicciones, que de un cubano de la Isla puede esperarse el mayor exabrupto y la menos imaginada de las sorpresas. También aseguró que en este país la lógica no existe, sino que impera lo paradójico y lo absurdo, tanto en quienes dirigen la nación como en el último de sus ciudadanos. Esto hace pensar en aquella pintura surrealista del hombre que carga su cabeza, con bombín y todo, entre las manos sobre el pecho. Y aquel discurso del amigo presentó credenciales el 17 de mayo, día de sendas celebraciones en el país. Día del campesinado y Día de las lesbianas y los maricas. Y mire usted si lo antes dicho es cierto que son precisamente los campesinos la clase más homofóbica de nuestra sociedad. Hablarle a un campesino de mariconadas es peor que mencionarle a su madre, porque en el gremio de los trabajadores agrícolas es donde más abundan los heterosexuales. Y desde antes del triunfo de la Revolución conmemoran la fecha en homenaje al mártir agrario Niceto Pérez. Pero resultó que el día internacional de los gay coincide en el calendario con la muy difundida fiesta de la ANAP (Asociación Nacional de Agricultores Pequeños) y nada menos que Mariela Castro Espín, la pequeña vástago del actual presidente de Cuba, ha tomado de la mano a los homosexuales y los exhibe por toda la Isla en multitudinarios mítines y presentaciones, dando un marcha atrás tan rotundo a las ideas de su tío Fidel, que nos deja con la boca abierta. Y no es que exista algo en contra de las inclinaciones sexuales de cada individuo. Todo lo contrario. Porque hay que recordar siempre que los campos de las UMAP construidos para castigar a los maricas, a los religiosos y a los desafectos en 1965, permanecerán como mancha indeleble en la historia de la Revolución cubana. Fue algo sórdido, terrible, solo comparable con las medidas de Hitler y de Stalin. Como tampoco la historia olvidará las deportaciones masivas de 1980 por Mariel, cuando recogían a los homosexuales hasta en sus casas y los llevaban al puerto y los embutían en cualquier barco que viniera a buscar familiares. Todo ese excremento histórico es cierto y lo deploramos. Pero, ¿por qué ahora hasta las escuelas primarias serán objeto de clases anti homofóbicas? ¿Qué tienen que aprender de educación sexual los niños en la escuela primaria? Solo falta que abran, paralelamente, novedosos cursos para jineteras y gigolós –magnético atrayente de visitantes foráneos– con vistas a aumentar el arribo de más turistas a Cuba o, disimuladamente, para mejorar el color de nuestra raza humana con sementales blancos. Por eso, tampoco es para extrañarse cuando el día 17 de mayo, un sujeto joven, en camiseta y short penetró en la catedral de la ciudad de Camagüey a media mañana con una mochila a cuestas y unas herramientas en las manos. La Catedral permanecía abierta como casi siempre y no tenía personal en la sacristía. Aquel sujeto subió hasta el altar de tres metros de altura donde se encuentra la imagen de Nuestra Señora de la Caridad, destornilló y retiró la corona de su cabeza y la echó en su bolso con naturalidad increíble. Por fortuna la asistente de limpieza del templo descubrió el robo y dio la alarma; el ladrón salió corriendo, pero al cruzar la calle impactó con un vehículo que pasaba y fue lanzado al pavimento. Aún así pretendió escapar, pero a los gritos de auxilio de la moza de limpieza, la población se encargó de capturarlo. La catedral camagüeyana está a la izquierda del parque Agramonte, en el mismo centro del Casco Histórico de la ciudad. Es un lugar tan céntrico y vinculado al público que siempre hay en sus alrededores gran cantidad de personas. Por lo que es completamente absurdo llevar a cabo un hurto exitoso en ese lugar a esa hora de la mañana. Además, según ha declarado el sacerdote del templo, la corona de la virgen no es de oro, ni de plata, ni siquiera de bronce, sino de una hojalata sencilla, cuyo valor cambiario es prácticamente nulo. Por ocurrencias tan insensatas como estas y muchísimas otras que no caben en el contenido de un solo artículo, hay que aplaudir la tesis de quien afirma que Cuba es un calidoscopio de contradicciones. Pedro Armando Junco

jueves, 25 de mayo de 2017

La pulga

Tomado del sitio "Cubanos por el mundo"


Este era un científico que realizaba experimentos con una pulga. Le
ordenó a la pulga:
– ¡Salta, pulga, salta!
Y la pulga salto un metro. Le quitó una pata y repitió lo mismo: la
pulga saltó solo medio metro. Así fue quitando zancas a la pulga que
cada vez saltaba menos, hasta que el insecto se quedó sin patas. Todo
lo iba anotando en su libreta como corresponde a un hombre de talento
extraordinario. Cuando la pulga ya no tenía patas, le ordenó que
saltara, pero esta vez no saltó. Entonces anotó muy convencido:
–Pulga sin patas, sorda.

¡Vaya moraleja! Así se desarrollan las cosas en Cuba. Quienes dirigen
el país son los científicos del desarrollo económico. El pueblo, la
pulga que obedece. Hay que saltar aunque ya no queden patas para el
impulso, mientras los dirigentes continúan empecinados en hacer creer
la infalibilidad de todo lo que conciben como lo correcto, aunque los
avances retrocedan y lleguen hasta el inmovilismo.
La gran verdad de este chiste negro no está precisamente en la sordera
poblacional ante el repetitivo llamado de un alto funcionario desde un
salón con aire acondicionado a que "hay que producir más, trabajar
más, duplicar las producciones…", –como si con la lengua se sembrara
el boniato– sino en la ineptitud de aquellos que creen saberlo todo y
arrancan, una tras otra, las pocas patas que le quedan al pueblo para
saltar. Hasta al definitivo posible salto –el más largo y deseado por
una gran masa poblacional de Cuba– Obama le cercenó la pata.
Sin embargo, continuamos viviendo. Claro que en la miseria de las
limitaciones, sobre todo alimentaria y salarial. Sobrevivimos al
límite, parecido a los sirios, a los iraquíes y a los libios, con la
única atenuante de que en Cuba no sufrimos guerra. Por fortuna, las
patas de las armas de fuego de la pulga quedaron extirpadas desde
1959. Pobre de los venezolanos donde las armas de fuego están en manos
de los "malandros" y el ejército.
En esta Cuba nuestra la población sub vive al elevado costo de los
alimentos que, en línea diametral, al otro extremo contrasta con los
míseros salarios estatales. La población escapa hacia el
"cuentapropismo" porque es la vía expedita menos ilícita para superar
la crisis monetaria sin tomar en cuenta que todo el que pase a ese
gremio se convierte en otro más de los explotadores del mismo pueblo
al que pertenece, en franca competencia con la expoliación estatal de
las shopping. Más de medio millón de nacionales ha pasado a trabajar
por cuenta propia y se bate en negocios muchas veces turbios,
evadiendo el ojo siempre omnipresente del Estado. Paradójicamente, se
le facilita una patente de trabajo individual, para luego acosarlo
mediante un gigantesco cuerpo de inspectores –muchas veces corrupto–
que extorsiona a cambio de dinero o mercancía, pero que al final se
convierte en cómplice de las ilegalidades. Es la antropofagia de unos
contra otros.
En las ofertas de trabajo estatal ya nadie averigua por un empleo
según el salario, sino por alguna "pinchita" en la que haya "busca".
Los trabajadores de servicios en restaurantes, bodegas, merenderos y
otras vertientes en general ganan poco más de doscientos cincuenta
pesos mensuales, lo que equivale a menos de once CUC (o dólares); o
sea, cuarenta centavos diarios en moneda fuerte, como en los lejanos
tiempos del machadato. Entonces se ven obligados a "luchar la busca".
Lo peor es que esta lucha es contra la población de a pie, a la que
ellos mismos pertenecen. El panadero elabora el pan más pequeño para
sustraer la harina con que luego fabricará unos suyos y los venderá a
sobreprecio en la calle; el bodeguero, oncitas a oncitas de azúcar, de
arroz, de picadillo o mortadela, escamotea sus libras para el hogar.
Los empleados de las shopping tienen su "gente" para que, cuando haya
rebajas de mercancías, las acaparen sus cómplices y luego las revendan
en la calle a sobre precio.
Los más débiles, aquellos que por alguna razón de miedo o de
honestidad no hayan caído en los brazos de la rapiña al prójimo,
terminan en la calle como alcohólicos o tanqueros. Los primeros
durmiendo en los portales y los parques, a merced del destino, y los
segundos buceando dentro de los contenedores de basura en busca de
algún pomo plástico que luego puedan lavar y vender a otro necesitado
o reuniendo latitas desechables de cerveza que dejan los más
pudientes, para luego llevarlas a centros de recuperación de materias
primas y liquidarlas por unos centavos.
En contraposición a estas miserias, se han otorgado patentes a
cuidadores de baños en terminales y otros sitios públicos, que cobran,
inmisericordes, un peso al necesitado de vaciar su vejiga; estos
"privilegiados" cuentapropistas regresan a su casa con más dinero
recaudado en un día, que un médico especialista durante un mes de
trabajo. Otro empleo lucrativo por el estilo es el de los parqueadores
de bicicletas y motos en centros públicos.
Si tomo como referencia a Camagüey por ser donde vivo, los que arman
el muñeco de la economía se olvidan de reparar las calles en pésimo
estado, cierran las principales vías con el más elemental pretexto,
eliminan sitios de aparcamiento para carros y complican cada vez más
el tráfico dentro de la ciudad por la carencia de semáforos y policías
de tráfico. Hasta parece que lo ordenan para incomodar a la población
y darle a conocer que son ellos los que mandan. Esto ha traído como
resultado una de las más peligrosas indisciplinas sociales: circular
sin distinción contra el tráfico establecido como si se tratara de una
barriada rural. Esta metrópoli con más de trescientos mil habitantes,
la tercera ciudad del país, solo cuenta con cuatro semáforos; tres de
ellos en la carretera central para que el viajero que cruza perciba
una mayor imagen en el desarrollo vial.
Así es Cuba hoy: el espejo triste del cuento de la pulga. Nuestros
científicos económicos se reúnen. Solo aquí en la carismática Ciudad
de los tinajones se han habilitado muchos sitios para estos
menesteres. Basta cruzar cerca de uno de ellos y pueden observarse
decenas de vehículos nuevos aparcados, a sus decenas de choferes a la
sombra matando el tiempo en conversaciones banales, en espera de que
sus importantes jefes culminen las discusiones del evento al que
fueron convocados. Dentro del salón, que puede ser un teatro exclusivo
o un centro de convenciones reservado para estos oficios, bajo aire
acondicionado central y butacones forrados de damasco, decenas de
estos expertos de gruesas agendas se reclinan y discuten cómo será
posible hacer saltar a la pulga sin patas. Luego de varias horas de
debate llegan al consenso final. Todos levantan la mano y aprueban,
por unanimidad. No hay abstenciones ni nadie vota en contra. Luego los
aplausos. El acuerdo es obvio: la pulga no responde a la orden de
saltar sin patas, porque la pulga es sorda.

Pedro Armando Junco

martes, 16 de mayo de 2017

Segundo aniversario de la muerte de Mandy

Hoy es un día de luto en mi corazón. Se cumplen dos años del asesinato
de mi hijo. Se equivocan los que creen que golpes como este son
aliviados por el tiempo; al contrario, se agudizan. Cuando observamos
los hechos desde la distancia de dos años, todavía aguardamos la
esperanza de despertar de una pesadilla.
De poco sirvió que los vándalos fuesen capturados y condenados
severamente. Nada de eso equilibra o disminuye el vacío de la ausencia
eterna de mi hijo. Sus asesinos respiran todavía, aunque sea en la
cárcel. Tampoco habría aliviado mi dolor que hubiesen pagado con sus
vidas. Mandy nunca más volverá a existir.
Mi pregunta sigue siendo: ¿por qué? Y me acribillan una multitud de
respuestas. ¿El destino? No creo en el destino. ¿La casualidad? Quizás
haya sido la casualidad. ¿El mal manejo de la sociedad secretista en
que vivimos, que oculta las cosas malas que suceden y cuyas
consecuencias traen resultados como este? Sí. Esa es una de las
grandes razones. Si el caminante va ciego hacia el abismo se
multiplican las posibilidades de caer al precipicio. Mucho le advertí
a mi hijo el peligro de la calle en las altas horas de la noche y
nunca me creyó, porque estaba totalmente desinformado.
La otra gran razón la he venido exponiendo desde la vez de la
tragedia: esas leyes dulces para los criminales, que hasta los incitan
a la fechoría; la cantidad de prebendas que se ofrecen en las
prisiones y las prerrogativas de disminuciones carcelarias. Los presos
comunes tienen garantizada la alimentación, la atención médica y hasta
lo recreativo del deporte y los deleites culturales. Incluso, algunos
alcanzan carreras universitarias.
Hoy, a pesar de la tristeza que me envuelve, deseo enviar un mensaje
de agradecimiento a todas aquellas personas que se han solidarizado
conmigo desde hace dos años acá. Un mensaje de afecto. Un mensaje de
amor y de empatía. Porque a cada persona, tarde o temprano, la vida le
cobra con dolor el hecho de permanecer sobre la tierra. Hoy he pensado
que el derecho a vivir implica una lucha tenaz con los fenómenos menos
esperados y los obstáculos más crueles que acechan, imprevisibles, en
el corredor de la existencia.

Pedro Armando Junco

martes, 2 de mayo de 2017

Feria del libro en Camagüey

Tomado del sitio “Cubanos por el mundo” La Feria del libro en Camagüey este año resultó más pequeña que nunca antes. Menos kioscos en El Casino Campestre, menos público asistente, menos venta de libros y menos ofertas que en años anteriores. Ni siquiera se alcanzó la cifra de recaudación del 2016 cuando se vendieron miles de ejemplares por un monto de quinientos veinte mil pesos. Claro que el propósito de estas Ferias no es recaudar dinero solamente, sino –según se dice– llevar a la población títulos novedosos que estimulen la lectura y eleven su nivel cultural. Por suerte para nuestros escritores vanguardias: Leonardo Padura y Pedro Juan Gutiérrez, esta vez aparecieron títulos suyos menos comprometedores como fue el caso de Animal tropical. No obstante esa apertura a Pedro Juan todavía no se le publica y vende en Cuba Trilogía sucia de La Habana del mismo modo que el Hereje de Padura brilla por su ausencia junto a El hombre que amaba a los perros. Las Feria del libro en Cuba chocan de frente con algunas murallas infranqueables: el bajo poder adquisitivo del cubano trabajador, la prohibición y censura de muchos otros libros que no son vistos con buenos ojos por los ideólogos del Partido y el incremento desmedido de ejemplares politizados ajenos al interés popular. A esto se une la escasez de los verdaderamente instructivos y selectos para el cubano intelectual, cuya ausencia redunda en que miles de los expuestos en los quioscos, pero no buscados por la población, hayan vuelto a los almacenes sin ser vendidos. Miramos con nostalgia aquellos años primeros de la Revolución cuando las Ediciones Huracán lanzaban al mercado decenas de obras maestras de la literatura universal al factible costo de sesenta centavos el tomo a pesar de la poca calidad en el papel. Lo que importaba entonces era el contenido. A esta maravillosa época que hizo resplandecer la cultura poblacional en todo el país debo, junto a una enriquecida Biblioteca Provincial por esos años, mis conocimientos literarios plantados en los manuales de esos grandes hombres de las letras occidentales durante siglos y milenios. Ese alimento espiritual indispensable para el hombre que piensa y se afianza en ser libre, podía adquirirse en el estanquillo o la librería de cualquier pueblo de Cuba. Filosofía, teatro, poesía, cuentos y novelas de los clásicos eran más económicos de adquirir que una cerveza. De hecho, alguien dijo una vez: “los libros baratos y la cerveza cara”. ¡Qué poco queda de aquella frase lapidaria! Puede que la ausencia de esos grandes literatos se deba a la intención de dar cobertura a los escritores del patio; aunque me inclino a pensar que publicar a Maquiavelo nuevamente dé pie al raciocinio popular para intuir similitudes en métodos de gobernabilidad que para nada han pasado de moda. Si la primera razón tiene el pro de levantar el ego de los nuevos talentos nacionales, arrastra en su contra que la mayoría de ellos ni siquiera puede tocar los talones de Víctor Hugo. La segunda razón excluye a todo aquel libro que cuestione el camino recto orientado por la dirección del país, por lo que se empobrecen al máximo los sitios de venta en los que no aparecen, inclusive, autores nacionales por el solo hecho de no aceptar los postulados políticos del sistema gobernante. ¿En qué estanquillos apareció Cabrera Infante, Reinaldo Arenas, Severo Sarduy y muchos otros que “nunca existieron”? Sucede en la cultura lo similar que en el béisbol. Cuando se excluye a un cubano porque se va del país y se le califica de ex cubano, no solo se está fraccionando la identidad nacional, sino disminuyéndola. Cierto es que para el Instituto del libro no es tarea fácil cumplir los requerimientos de grandes publicaciones para las ferias. Publicar textos en Cuba con materia prima importada en divisas para luego venderlos en moneda nacional solo podría ser rentable multiplicando veinticinco veces el precio de cada obra. Y con esa impronta, pocos ciudadanos tendrían capacidad económica para comprar un ejemplar. Esta vez Camagüey recibió el rezago de las comercializaciones en la feria de La Habana y algunas otras por las que ya pasó el evento. Por fortuna Holguín facilitó algún material impreso y Ácana –la editorial insigne de esta provincia– presentó más de cuarenta obras diferentes, casi la mitad de ellas sacadas a la luz recientemente. El trabajo de los pocos jóvenes de esta casa editora provincial ha sido arduo, incansable, austero. Pero eso no fue suficiente para que se produjeran presentaciones en las que solo hubo en existencia siete ejemplares, tardanza en el transporte en las visitas a universidades y centros educacionales lejanos de la sede, generando molestias organizativas. Las conferencias y conversatorios estuvieron más centralizados que en otros eventos similares y, por ende, no alcanzaron la asistencia deseada. La feria contó, inclusive, con la presencia del Ministro de Cultura y varios miembros del ámbito nacional. La inauguración resultó elegante a pesar de lo sencilla y hasta se comenta que Antonio Guerrero se acercó a un negrito en silla de ruedas que, apenas abrieron las ventas, se dirigió hasta un estanquillo a revisar los títulos. Cuenta el propio Zamorita –el negrito en silla de ruedas– que Antonio Guerrero desde atrás le echó la mano al hombro y le dijo: –Ojalá encuentres un librito que te guste y puedas leer… Cuando Jesús Zamora –uno de nuestros poetas del patio– levantó el torso para mirar al Héroe de la Patria, le dejó ver la credencial de escritor que colgaba de su cuello… En resumen, a pesar de estos pequeños incidentes, la escasez de títulos y la menguada asistencia popular, la XXVI Feria del libro 2017 en Camagüey, resultó agradable. Pedro Armando Junco

miércoles, 29 de marzo de 2017

Clásico Mundial

Tomado del sitio “Cubanos por el mundo” Cuba ha sido eliminada nuevamente del Clásico Mundial de Béisbol. No puede sostenerse frente a equipos que hace solo algunas décadas eran para ella un juego de muchachos. Ahora hasta Israel la apabulla con anotaciones, mientras los bateadores criollos, a no ser Alfredo Despaigne, fracasan una y otra vez frente a los lanzamientos contrarios. El “picheo” es una fiesta para los adversarios y de los errores, ni hablar. Parece que la exigencia de los superiores en La Habana, en vez de estimularlos al éxito les produce un nerviosismo pernicioso que les hace perder el tino. Precisamente, un comentarista oficial anotó que los jugadores israelíes casi no conocen su terruño natal y que el país hebreo apenas cuenta con un millar de aficionados a la pelota, porque en realidad son de otras nacionalidades. Puede todo eso ser cierto. Pero es precisamente ese detalle la razón de ser de los Clásicos Mundiales: aglutinar por la sangre y no por el lugar de residencia de sus miembros. Es algo así como la recuperación de la diáspora; es el reencuentro de la familia deportiva nacional para jugar unidos de la misma forma a como los hijos y los nietos dispersos vuelven en Navidades al hogar de sus padres para recordar los días felices de la niñez. El Clásico rompe el cerco de las grandes ligas internacionales y no importa que ayer hayan sido antagonistas en sus respectivos equipos por contratos, para hoy vivir juntos la aventura de uno de los deportes más hermosos del mundo. Es precisamente ese comentario del periodista oficial quien me estimuló a escribir este artículo. ¿Cómo puede criticarse la actitud de quienes introdujeron al clásico un equipo israelí de jugadores dispersos por el mundo cuando “Cuba” hace todo lo contrario? ¿Acaso la razón del desmembramiento del Equipo Cuba no es la imposibilidad de integrar a él a sus mejores estrellas por el solo hecho de haber abandonado el sistema que los frenaba en sus aspiraciones privadas? No soy de los que piensa que la virtud física de un hombre deba ser el motivo de su enriquecimiento millonario cuando esta privacidad debería estar reservada en primer término para los hombres y mujeres que trabajan en busca del bienestar de la salud y el desarrollo de la humanidad, pero tampoco me opongo a que, a todo aquel que Dios bendijo con una virtud deportiva capaz de deleitar multitudes, quede a la zaga de la prosperidad económica. Y los peloteros estelares de Cuba ya no están al margen como años atrás de que UNA VIDA MEJOR ES POSIBLE. ¿Cuál es la razón por la que el béisbol cubano se ha fraccionado? La política. La política hostil oficialista que califica de “ex cubanos” y traidores a los que, por una razón u otra, hayan determinado decir adiós definitivo a la tierra que los vio nacer en la cual no encontraron cabida para sus aspiraciones. Y este fraccionamiento conlleva a que Cuba fenezca poco a poco en todos los campos dónde alguna vez descollaba. Este ergástulo político alcanza a todas las ramas de nuestra excepcional ciudadanía. La cultura sufre igualmente la segmentación en sus escritores y artistas, obligando a los mismos a buscar fuera lo que no son capaces de recibir dentro. Lo sufre la medicina, la ciencia y la tecnología. Y por cierto, perdónenme la disertación: hay una jovencita talento, hija de cubana, llamada Sabrina Pasterski González –de la que se habla ya en los medios científicos mundiales– que se ha propuesto llevar un hombre a Marte en una nave espacial diseñada por ella. ¡Así somos los cubanos de intuitivos! Lo que Sabrina quizás no sepa todavía es que también en nuestro país y mucho antes que ella, otro cubano se le adelantó en distancias espaciales y sin un vehículo sofisticado ha mandado a millones de compatriotas al Infierno. Pero volvamos al béisbol. Cierto es que Cuba no puede ofrecer contratos millonarios a sus peloteros nacionales. Con un peso de cuatro centavos por entrada a los estadios y una televisión autofinanciada, el Estado cubano no puede cubrir los requerimientos económicos de un atleta de élite. El amateurismo está en el orden de la desaparición luego de la caída del “Campo Socialista”. Es por ello que ahora se permite a varios deportistas contratarse en el extranjero, siempre que “Papá Estado” reciba su remuneración por alquilarlos. Pero eso no basta. Si el equipo Cuba hubiese podido contar con lanzadores de la calidad de Adonis Chapman Holanda no le habría propinado el súper noqueo bochornoso que lo eliminó definitivamente de la competencia. Si en la línea de segunda base el guante de Alexei Ramírez junto a José Dariel Abreu en la almohadilla de primera se hubiesen hecho cargo del espacio derecho del cuadro, el team cubano habría reducido el número de pifias y mejorado la ofensiva, solo por mencionar a tres de las muchas estrellas nacidas en el patio que actualmente deleitan aficiones foráneas. Alfredo Despaigne, Rael Santos y Yurisbel Gracial no pueden echarse encima solos el equipo cubano de béisbol. Cepeda fue muy bueno, pero está listo para el retiro; en la pelota el acumulado de años tiene la última palabra. Hay que olvidar las viejas rencillas y no tomar en cuenta si este se escapó en una lancha rápida o aquel desertó en el aeropuerto de otro país, y pedirles…, sí, ¡pedirles!, con modestia y humildad, vistan los colores patrios solo unas semanas cada cuatro años para llenar de orgullo a la afición cubana dentro y fuera de la Isla. Pedro Armando Junco