viernes, 19 de agosto de 2016

El ave negra del infortunio

Tomado del sitio "Cubanos por el mundo"

 

A mediado de los años sesenta fue muy popular en Cuba el programa de televisión San Nicolás del Peladero. Todos los jueves, si mal no recuerdo, el pueblo de Cuba esperaba en la sala de su casa el codiciado show en el que derrochaban gracia los más preclaros actores de la época: Enrique Santiesteban (el alcalde Plutarco Tuero), María de los Ángeles Santana (la alcaldesa Remigia), Enrique Arredondo (Cheo Malanga) y muchos otros de primerísima calidad. Desfilaban también por el escenario las mejores voces del momento; pero lo atrayente del espacio, durante veinte años, fue el libreto humorístico de Carballido Rey con este elenco estelar.

Traigo a colación la reseña, porque el personaje Éufrates del Valle, encarnado por Germán Pinelli, representaba a un poeta frustrado que, como figura intelectual del mítico pueblo, era el escogido por el alcalde para pronunciar las peroratas políticas de una época pasada, corrupta y digna de escarnio. Y "Éufrates del Valle" comenzaba todas sus monsergas con la tétrica frase que hoy sirve de título a este trabajo. Claro que "Plutarco Tuero" lo paraba en seco con otra frase de predilección popular: "¡Saca ese pajarraco de aquí!" o algo por el estilo.

Reíamos mucho todavía. A pesar de estar encaramados sobre un polvorín de la Guerra Fría, nosotros reíamos, gracias a que los soviéticos nos apuntalaban de hasta lo menos imaginable a cambio de azúcar crudo y de ser incondicionales para sus propósitos.

Pues estas reminiscencias de mi primera juventud me han invadido hoy, porque sobre el pueblo de Cuba se cierne otra vez "El ave negra del infortunio".  Y no precisamente la del ridiculizado San Nicolás del Peladero, sino la de otro Periodo Especial que ya está a las puertas y será muy difícil de superar a no ser por un milagro de Dios…  Y, a pesar de que el General Presidente acaba de asegurar que para nada caeremos en la crisis de los años noventa, nada sirve ocultarlo, porque Venezuela, el último proveedor, está en peores condiciones económicas que Cuba y esta vez no queda otro mástil del cual agarrarse. 

La gente en la calle está como sobre ascuas. Todo el mundo lo sabe, pero nada se decía por los medios de difusión masiva hasta que el General Presidente habló del asunto y negó, repito, que Cuba sufrirá otro Período Especial. Admitirlo sería algo muy parecido a claudicar, porque de lo que todos están convencidos es de que el pueblo cubano no soportará con el mismo estoicismo otro decenio de miserias medievales.

Los medios mantienen el sainete de que los problemas están más allá de nuestras fronteras: en Estados Unidos los asesinatos; en Cuba no. En África el hambre; en Cuba no. En Brasil y Argentina, Temer y Macri están asediados por la oposición, en Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador, no.  En Siria el éxodo es multitudinario; en Cuba no. En Francia y en México los trabajadores salen a la calle y son rechazados por la policía; en Cuba ni siquiera permiten que se reúnan en Santiago de Cuba para celebrar su Primer Congreso de Jóvenes Cubanos, en la sede de la UNPACU un grupo de opositores. Los opositores en Cuba no existen. Están en esa cuarta o quinta dimensión donde reposan hoy Carlos Lage, Felipe Pérez Roque y Robertico Robaina junto a muchos más. Son los "nopersonas" de Orwell. Pero la realidad evidencia una crisis inminente.

Solo nos queda esperar por la determinación del Partido: si continuamos hablando mal y poniendo escollos a la apertura norteamericana, o entramos en arreglos concretos y serios, y se permite el empoderamiento ciudadano a la economía del país en todas sus vertientes, se respetan las libertades fundamentales al pueblo descontento y se le brinda un espacio real, objetivo, calificable internacionalmente a la democracia. Si optamos por lo primero, será cuestión de poco tiempo el colapso y la similitud con el ave negra del infortunio que se ha lanzado sobre la hermana patria de Simón Bolívar.

 

Pedro Armando Junco

martes, 9 de agosto de 2016

Una visita a Bayamo

Tomado del sitio "Cubanos por el mundo"

 

Bayamo es La Ciudad Monumento. Allí se preserva la génesis de nuestra nacionalidad. Visitarlo es apremio de todo buen cubano. Escudriñar en los detalles de sus héroes y adentrarse en sus leyendas constituye la piedra angular para quien pretenda conocer nuestra cultura autóctona. Por eso visité a Bayamo hace una semana y llevé a mi hija adolescente. El pretexto fue presentar mi última novela en el salón de la biblioteca provincial. 

Luego recorrimos el centro de una ciudad donde la gente es tan amable y tan sencilla, que al instante de haberla conocido presumes haber encontrado al amigo que no veías desde la infancia. Así son de amorosos y cándidos los bayameses y las bayamesas.

Una bayamesa nos sirvió de guía. Nos llevó a la iglesia mayor, cuyos vitrales irradian luces de colores vivos dentro del templo enorme, sobre todo aquel que eriza los cabellos al admirarlo, por encarnar el escudo de armas de nuestra Patria. Y la casa del "Hombre de mármol", como lo calificara el Maestro: el Padre de la Patria, el padre de todos los cubanos. La casa, hoy museo, es amplísima. Allí se guardan objetos personales suyos y de su esposa Ana de Quesada… Cuando mi niña supo que Ana de Quesada era del Camagüey me recalcó orgullosa:

–Papá, tres de las esposas de nuestros más grandes hombres nacieron en nuestro amado terruño: Ana de Quesada, la de Céspedes, Amalia Simoni, la de Agramonte y Carmen Zayas Bazán, la de Martí.    

Guardamos un minuto de silencio.

 

El Parque Céspedes es solemne. Sobre un pedestal gigantesco está Carlos Manuel de pie, erguido, como seguramente lo verían aquel puñado de esclavos que, luego de recibir la libertad, prefirieron marchar con él a la manigua. Y frente al soberbio zócalo, en otro más modesto, pero no menos importante, el busto de Pedro Figueredo: Perucho. El poeta que nos legó letra y música de lo que es hoy nuestro himno nacional. El reloj del parque, a cada hora en punto, cuando no se traba, deja escuchar La Bayamesa.

A pesar del crecimiento indiscutible del pueblo, ya no es Bayamo la villa de los coches tradicionales del siglo XIX, cómodos y hermosos, que invitaban al foráneo a montar en ellos. Es ahora, como cualquier otro lugar de Cuba, una ciudad de carretones de pasajeros tirados por caballos. El transporte es pésimo y nutrido y denso.

Visitamos también sitios menos alegóricos. El Chocolatín de cremosos helados y confituras; el Paseo, ahora bulevar bellísimo, colmado de peatones y artesanos… Pero lo que más nos impresionó de estos lugares fue el Museo de Cera.

Solo tres pesos cuestan la entrada en aquel salón climatizado donde parecen vivas las representaciones de personajes difuntos. Solo en eso se diferencia de otros museos de esperma, como el de Londres, en el que posan las reproducciones de personas vivientes. Pagamos tres pesos más para que nos permitieran tirar fotos a las esculturas.

El Museo de Cera de Bayamo, hasta donde he podido averiguar, es único en Cuba. Los artífices de las obras son hijos de una familia autodidacta de la provincia, que desborda su arte en conformar maniquíes de personalidades fallecidas, cubanas o foráneas, pero que hayan tenido que ver con nuestro país. Por eso, a la entrada, reclinado sobre un balance de caoba, encontré a un extranjero todo de blanco que parecía esperar a que lo saludáramos. Era Gabriel García Márquez, (El Gabo), quizás la imitación más perfecta de la sala. Me acerqué cuanto más pude para observar en detalle y descubrí que hasta las venas de sus manos estaban hechas a la perfección.

Otro personaje que parece estar vivo es Juan Formell, el director de los Van Van, recientemente fallecido, con su saco rojo, frente al micrófono, cantando quien sabe si la balada del Buey Cansao. La menestrala del Centro aseveró que muchos de los trajes y vestidos que cubren los cuerpos son donaciones de ropa que utilizaron en vida y sus familiares han facilitado con altruismo. Explicó, además, que el Centro se encarga de proporcionar a los artesanos los datos imprescindibles para crear aquellas obras artísticas: fotos, medidas de peso y estatura de cuando vivían, y hasta el más mínimo detalle que pueda ser utilizado por los creadores.

 Allí está Bola de Nieve, frente a un piano, con la sonrisa tan particular suya, que le arrugaba el rostro y mostraba la perfecta dentadura de marfil. Y Rita Montaner, vestida a la usanza de su época… Y muchos más que me es imposible enumerar.

Cuando iba repasando en el salón las representaciones de cera, un bayamés entrado en años, pero muy locuaz y amistoso, se fue introduciendo en mis comentarios y, según pude notar, aunque era un visitante más, lo invadía un sentido de pertenencia muy grande con la galería. Sus verbos y sus frases eran "tenemos", "vamos a enriquecer", "invertiremos más recursos", etc. Todas esas alocuciones proferidas eran con respecto al Museo de Cera. Solo recuerdo de él que se llama Pascual. Nos acompañó y explicó otras nimiedades que la guía dejó pasar por alto. Al despedirnos, a la salida, me dio la mano con efusión extrema y terminó diciendo con seguridad revolucionaria:   

–Nuestra felicidad será completa, el día que este Salón de Cera contenga, sobre un pedestal bien grande, la figura del Comandante en Jefe.

 

 

Pedro Armando Junco

 

domingo, 31 de julio de 2016

Se firma la paz en Colombia

Tomado del sitio "Cubanos por el mundo"

 

La política es útil, aseguraba el Apóstol. Cierto es que muchas veces algunos hombres la utilizan para limpiar sus retretes y nos provocan repulsión por ella. Pero no es la política, manchada por gente inescrupulosa, la culpable; sino quienes la manejan con esos fines.

Una muestra positiva de lo que se puede alcanzar mediante la política ha sido el acuerdo de paz entre la guerrilla colombiana y el gobierno de ese país. Tampoco vayamos tan a la carrera como para creer que se alcanzó un arreglo por arte de magia político, y menos aún, que finalmente se concrete y se haga realidad el sueño del pueblo colombiano. Otros factores muy objetivos tuvieron el protagonismo de hacer llegar a una mesa de negociaciones las partes involucradas; sobre todo a los guerrilleros que llevaban más de medio siglo en su intento de alcanzar la victoria armada y no lo consiguieron. Y aún restan varios meses para que se dé por terminado definitivamente el conflicto

Tanto en el discurso de Timoleón Jíménez, máximo jefe de los insurgentes, como en el de Juan Manuel Santos, escuchamos un tono imposible de calificar como amoroso, porque aún persisten sin desmedro las diferentes posturas antagónicas que siembran dudas sobre una verdadera terminación del problema.

Por ejemplo, el Jefe del Estado Mayor Central de las FARC-EP en su aclamación de elogio a Hugo Chávez, no solo enseñó la espinita en el dedo gordo, sino que de cierta manera corrobora cómo el anterior presidente venezolano fue incondicional con la causa guerrillera, de lo que se desprende que esta disfrutó ayuda del gobierno bolivariano; y deja entrever, de soslayo, que la muerte del mandatario vecino mucho ha influenciado en la claudicación de la guerrilla.

Por cierto, el Comandante en Jefe guerrillero, negó todas las sinonimias del verbo "claudicar". Y, ¿qué es eso, cuando al fin del contienda no se alcanza el objetivo propuesto y se firma un pacto definitivo con el estado anterior que se pretendió aplastar?  ¿Acaso, como los mambises en 1878, firmaron una "tregua fecunda", para luego reanudar las hostilidades?    

El discurso presidencial tampoco se las anduvo con rodeos al ratificar su posición antagónica con los propósitos guerrilleros. Santos cree solo y definitivo el sistema democrático que rige su país; quiere la paz, pero –si no entendí mal– está preparado para la guerra. Es verdad que comprometió todos sus esfuerzos en frenar el paramilitarismo y hombro a hombro con los ex combatientes alzados, trabajar para el ulterior desarrollo de Colombia. Su tarea es ardua, sobre todo si tenemos en cuenta que ahora tendrá que enfrentar aquellos aliados intransigentes hasta hacerles entender que es inaplazable reformar sus métodos y maneras de pensar. La paz se ha firmado. Falta llevarla a cabo con efectividad hasta los tiempos futuros.

Un vecino me reseñó lo paradójico de que haya sido Cuba la sede y principal mano reconciliadora en el conflicto, pues –recalcó con ira–, "¿no fue la Revolución cubana quien inundó de guerrillas a los países latinoamericanos y, por supuesto, –dio por sentado– tuvo un papel cardinal en aquel foco guerrillero que desde 1961 se alzó en armas contra el gobierno de Colombia?"

Para mí –le respondí al hombre– la paradoja es muy positiva, como lo fue la conversión de Saulo de Tarso al cristianismo, la de Nelson Mandela a la no violencia, y más cercana aún, la transformación de Pepe Mujica, guerrillero Tupamaru, a político honesto y pacífico. Que el presidente de Cuba haya brindado su apoyo incondicional a la paz y pronunciara un discurso cuyo final proclamara un NO rotundo a las armas, tiene dimensiones muy parecidas a los cambios antes mencionados por los citados líderes históricos.

En los años sesenta, el General Presidente era solo un joven jefe del ejército cubano que recibía órdenes superiores y, como militar, le estaba vedado disentirlas. Medio siglo después, el siglo XXI y su desarrollo ha demostrado que más fácil es alcanzar los objetivos con política que con fusiles. Por último, nunca los caracteres y maneras de pensar pueden ser idénticos en dos personas, aunque haya sido uno el vientre que los haya parido.

Lo más meritorio en la firma de paz entre los guerrilleros y el gobierno de Colombia, a mi entender, es el mensaje que deja, avalado por el Secretario General de la ONU Ban Ki-moon y otras personalidades de reconocimiento mundial. Este convenio pone de relieve el compromiso del gobierno colombiano a respetar y cuidar la hueste opositora y velar por que gocen de todos los derechos humanos; a respirar la concordia ciudadana en cualquier sitio y en cualquier momento; a disponer del espacio que tiene derecho una oposición pacífica para manifestarse sin que nadie –y menos el Gobierno y sus acérrimos defensores– se lo niegue.

Si Juan Manuel Santos acepta que desde hoy en lo adelante aquellos que se alzaron con armas de fuego, mataron, secuestraron y desobedecieron las institucionalidades de Colombia, salgan a la calle y proclamen sus ideales sin represalias, el mensaje a nuestro Jefe de Gobierno es tan diáfano como para dar por sentado que la oposición cubana, cuyos militantes no han disparado un tiro, no han asesinado a nadie y se han mantenido al margen de toda violencia, alcance también un espacio en nuestro país para salir a la calle libremente y reclamar cuantos derechos estime se les están negando.

 

Pedro Armando Junco

domingo, 24 de julio de 2016

Una carta para Maduro

Tomado del sitio "Cubanos por el mundo"

 

"En Venezuela las cosas no andan muy bien debido a la propaganda enemiga" escuché hace poco de un dirigente fundamentalista. Este "compañero" se ha hecho eco de quienes afirman que la crisis económico-político-social en la patria de Bolívar, es el resultado del potencial difusivo imperialista. Ni siquiera fue capaz de tener en cuenta, a la hora de pronunciar esa barbaridad, que Telesur es la voz parcializada del Socialismo del siglo XXI que hace llegar sus transmisiones hasta el confín de América Latina.

Para los cubanos, con el oído acostumbrado a escuchar desde hace medio siglo una de las más extraordinarias propagandas oficialistas de la era moderna, esta emisora regional que desde Venezuela ofrece las noticias con cierto margen de objetividad opositora, es como escuchar las palabras del Espíritu Santo. Y hay una razón muy poderosa en eso: Telesur fue creada para enfrentar el empuje antagónico en países donde la libertad de pensamiento y expresión es respetada; una información "a lo cubano" desmontaría de inmediato la credibilidad de aquellas comunidades donde se puede escuchar libremente la opinión adversa.

Cierto es que hay quienes nacen para pensar y quienes nacen para que piensen por ellos. Imaginar qué es lo mejor, discurrir sus pros y sus contras, profundizar en la mirada que sea capaz de vislumbrar el futuro como individuo y comunidad, son ideas que agregan un peso adicional a las neuronas, más cuando el análisis individual de cada ciudadano en el mundo es tan diverso como las arenas del mar. Esa diversidad es el talón de Aquiles de las democracias, pero a la vez es el motor impulsor, cuando saben manejarse, del desarrollo ulterior de los pueblos.

Europa del Este demoró siete décadas en comprender lo disfuncional del comunismo. No obstante la censura e implementación de partidos únicos, llegó el momento en que sus naciones despertaron y decidieron un cambio de ruta. Esos países hoy reconocen que el capitalismo no es ni perfecto ni justo, pero ante la opción de volver atrás, aceptan que hasta el momento no se ha descubierto nada que lo supere a la hora de crear el desarrollo, y lo prefieren. Por eso los rezagados del fiasco político marxista, basado en la supuesta igualdad que enmascara las ideas dictatoriales más rancias apoyadas en la burocracia estatal, inventaron un novedoso calificativo: "Socialismo del siglo XXI"

Y el Socialismo del Siglo XXI ha resultado ser –con apenas tres lustros de vida–una ficción chavista, intencionada a borrar de la mentalidad de los ingenuos el viejo sistema fracasado del comunismo europeo, pero que conserva sus esencias y subsiste en Cuba, con ramificaciones un poco menos radicales en algunos gobiernos proclives a él en América Latina.

No han sido necesarios los setenta y dos años sufridos por Europa del Este para que nuestro continente despierte del embrujo, pues no son las expediciones misioneras y las campañas "Yo sí puedo" y "Operación milagro" quienes llevan la prosperidad a los países del tercer mundo. Estas son campañas loables, es cierto; sobre todo cuando se tiene en cuenta que los gobiernos anteriores no supieron llevarlas a término y se olvidaron de los indígenas y de los pobres. Pero de poco sirve aprender a garabatear el alfabeto y mejorar la ceguera, cuando las condiciones económicas se derrumban y las infraestructuras de siglos se van a bolina por la mala administración de sus riquezas y el populismo burocrático.

El éxito estaría en conjugar los aciertos socialistas con la libertad para escogerlos; o sea: la democracia. Nunca será creíble representar esta democracia negando al pueblo un plebiscito o unas elecciones verdaderas; nadie creerá que una obra es de amor, cuando en cada alocución se amenaza a la ciudadanía que protesta y se le impone el criterio dictatorial.

Venezuela está sentada sobre un barril de pólvora. Hay que orar por Venezuela como alguna vez se hará por Cuba cuando llegue el momento del desenlace. Si estuviera permitido dar un consejo a Nicolás Maduro se le diría:

–Hermano, acepta el revocatorio, porque en él radica la voluntad popular que alguna vez te prefirió como presidente, porque en él está la esencia de la razón. Si es cierto, como tú aseguras, que el pueblo está contigo, votará a favor tuyo y continuarás tu obra con la dignidad de un verdadero líder. Si por el contrario, eligen revocarte, acéptalo como consintieron las presidentas de Argentina y Brasil; toma el ejemplo de José Mujica que, desde la altura de su vejez, disfruta tranquilamente en su modesta estancia, la obra de su vida.

 

Pedro Armando Junco

lunes, 11 de julio de 2016

Conclusiones heréticas

Tomado del sitio Cubanos por el mundo

 

A finales de mayo fuimos convocados a una reunión en la UNEAC para informarnos del déficit presupuestario que dejó la Feria del Libro en Camagüey este año. Estuvimos presentes algunos de los 26 escritores inscriptos en la citada organización, otros intelectuales más y el personal del Instituto del libro y la Editorial Ácana.

Fue una reunión a corazón abierto, o al menos ese fue el propósito del director. Él quería conocer las opiniones de todos y cada uno de nosotros; del por qué las ferias del libro han entrado en una fase declinatoria que es posible las haga desaparecer (el concepto en negrita y cursiva es mío). Y se lamentó además de que, a pesar de todos los esfuerzos del Instituto, es posible demoren un poco más los pagos de actividades que sirven de paliativos económicos. Estas actividades son conversatorios, presentaciones de libros y toda esa gama de diligencias promocionales que mantienen viva a la cultura provincial.

El director insistió en la franqueza. Pero todavía en Cuba no ha llegado la hora de decir la verdad "sencilla y naturalmente" que promulgó el Maestro. Se dijo algo, es cierto; pero nadie se atrevió, –incluyéndome a mí– a exponer algunas razones que bien podrían dar luz a esos "por qués".

Alguien culpó a los medios de difusión masiva por reducir su apoyo a las promociones de venta. Otro, la poca colaboración de los escritores a impulsar la comercialización de sus propios libros. Se escuchó la propuesta de un año sabático: detener las publicaciones hasta que se vendieran los libros en almacenes, como si los ejemplares de papel fueran papas en un frigorífico. No faltó quien propusiera llevar la librería a donde se aglomera el público, o sea, a los mercados de alimentos. ¡Imaginemos unos libreros en el Mercado del Hueco, un domingo, boinas negras de por medio, con anaqueles de libros frente a la cola de los pollos y los huevos!

Por lo que a mí respecta, tan herético como se me mira, di mi opinión basado en dos frases célebres, muy añosas por cierto, del Comandante en Jefe: La número uno: "La cultura es lo primero que hay que salvar". La número dos: "Los libros baratos y la cerveza cara". Luego de haber expuesto estas dos frases lapidarias, opiné que el Ministerio de Cultura debería hacer como México, Francia y otros países con Cuba: condonar el déficit de la Feria para no afectar a los escritores. Hubo un participante que me requirió porque esa reunión no era para estar hablando de condones. Sugerí, además, que la fábrica de cerveza Tínima de esta ciudad, llevando a contexto la segunda frase del Comandante, muy bien podía hacer un donativo de uno o dos millones de pesos de sus vastas utilidades para la cultura provincial. No perdamos de vista que el precio de la cerveza en Cuba está muy por encima de su costo.

Este es el esqueleto de aquella reunión. La verdad de esta crisis financiera en el Instituto del Libro, pensando como buen "herético" que soy, radica en la otra esquina. ¿Se ha tomado en cuenta que ya los libros no son tan baratos como hace treinta años? El ejemplar que costaba sesenta centavos, hoy vale veinte veces más, mientras los salarios apenas se han duplicado desde aquella fecha; o sea, hay un abismal salto en los precios de los libros de acuerdo a los sueldos de la población. ¿Se ha pensado objetivamente a la hora de llevar a cabo una publicación, lo que el público desea verdaderamente adquirir? Allí se constató que el pueblo compra en la feria libros infantiles, diccionarios, manuales de cocina –masoquismo ciudadano ante el escaso material para las recetas–, y autores muy críticos al sistema como Leonardo Padura y Pedro Juan Gutiérrez que, por cierto, apenas salen a la venta. Al parecer otro herético como yo, con potestad directiva, publicó este año a 1984 de Orwel, y voló. Se agotó apenas se supo de su existencia. Esto me proporciona otra interrogante: ¿Cómo un pueblo que se supone desconoce a Orwel por completo compró ese libro?

Los escritores contemporáneos no escriben policiacos, y si lo hacen es tanta la carga política oficialista como en los seriales televisivos, que se tornan inverosímiles. Allí los agentes del orden son perfectos. Nada que ver con el Mario Conde de Padura. Y si algún otro herético se manda a escribir una novela donde los policías de un punto de control le escamotean quesos, leche, mariscos e infinidad de productos al viajero, amparados en que son artículos ilícitos, pero luego se los llevan para sus casas y los disfrutan impúdicos, no hay consejo editorial de Cuba que se atreva a publicarlo. Y eso sí es verosímil.

Los textos políticos pululan, pero muy pocas personas los compran. ¿Será que a nadie le interesa mucho ese tipo de literatura? Pero eso no podía decirlo yo en aquella asamblea, pues no tengo madera de Jesucristo. Aquí corro el riesgo, pero me ampara la posibilidad de doblar a Galileo.

¿Qué se le da a un niño hambriento? ¡Un biberón de leche! ¿Qué a un pueblo que se lamenta? ¡Algo para que ría y lo saque del bache! He aquí la fórmula. Edítense cuentos humorísticos, novelas eróticas, ensayos críticos de la situación que vive la ciudadanía y verán los estanquillos quedarse vacíos…

Pero, eso sí; téngase siempre presente que: "Ni escribe el escritor, ni habla el orador, ni medita el legislador, sin libertad. De obrar con libertad viene obrar con grandeza".[1]

 

Pedro Armando Junco



[1] Martí Pérez, José. Obras Completas. Editorial Nacional de Cuba 1964. Tomo 14, Pg. 364

domingo, 3 de julio de 2016

"América entera estaba como despertando"

 

Tomado del sitio "Cubanos por el mundo"

 

Esta solemne frase de José Martí que encabeza el artículo, hoy en plena vigencia, corrobora una vez más la célebre intuición de Abraham Lincoln: "…todo un pueblo no puede permanecer engañado todo el tiempo".

Los pueblos despiertan poco a poco. Aunque sus individuos conforman grandes masas poblacionales, solo representan células del multitudinario cuerpo de una nación; células que, limitadas por sus breve existencia, no alcanzan a ver el desarrollo ulterior de la ciudadanía que alguna vez conformaron. El hombre vive décadas; los pueblos siglos y milenios.

Hoy Nuestra América está despertando de otro de sus grandes tropiezos, porque más se aprende de los golpes recibidos que de las orientaciones del entrenador. Los pueblos de América Latina son comunidades muy jóvenes aún en relación con la historia. Apenas hace dos siglos se liberaron de España tras una "adolescencia" lastimosa y oscura que perduró más de trescientos años.

Libres de la Metrópoli, llegaron, como avalancha de los Andes, las grandes tiranías y las más necias divisiones. América Central se hizo pedacitos, la Gran Colombia se fracturó en cinco nuevos estados… Sin embargo, lo peor no ha sido eso, sino que, cada una de estas bisoñas repúblicas pensó tener el acierto y la verdad de su parte en la representación de sus rectores. He allí el abono de las grandes dictaduras: que los tiranos empujan sus ideas como axiomáticas y los pueblos se las tragan sin pensarlo debido a la falta de las propias.

Cansados de los primeros autócratas, paso a paso, se fueron liberando, aún con el rezago de muchos que, disfrazados de demócratas, regían con mano despótica sus naciones. Por último, llegada la segunda mitad del siglo XX, aparecieron otros, que predicaban una "nueva y justa" ideología, y abanderaban su unidad en torno a un enemigo común que los explotaba, con el propósito de aglutinar el continente latino en aras de un ideal nacionalista. Esa fue la fórmula demagógica para enfrentar el "dañino" desarrollo de los monopolios extraterritoriales. Así satanizaron nombres: neoliberalismo, ultraderecha, globalización, etc., y calificaron al enemigo común: imperialismo yanqui.

Estos nuevos personajes, autoproclamados justicieros sociales, protectores de la raza autóctona y, sobre todo, enemigos del "enemigo común" que les trajo el desarrollo en inversiones foráneas –como alguna vez España la civilización europea– no se detuvieron a pensar que sin las transnacionales del siglo XX se viviría en América muy parecido al África ecuatorial, de igual manera que sin aquellos brutales ibéricos de hace quinientos años –con todo y sus crueldades, que para nada hay que justificar– sus descendientes –nosotros– no estaríamos aquí, y los retoños de aborígenes americanos que habrían llegado hasta hoy, cazarían con flechas, asesinarían en sacrificio a seres humanos y vestirían taparrabos.

 

Ante el fiasco del comunismo internacional, los sujetos de este cuento rejuvenecieron el nombre a la cofradía, llamándola Socialismo del siglo XXI. Como primer objetivo comenzaron a reformar las Cartas Magnas de los territorios que gobernaban de acuerdo a sus intenciones de permanencia eterna y lograron conformar un bloque; hasta que, descubierto el truco, cuyo objetivo era convertirse en vitalicios, se les tornaron difíciles de adulterar las constituciones de sus países. Aún así pretendieron pasar por demócratas para acallar el reclamo de los gobiernos occidentales a cuya familia pertenece América y han mantenido sistemas electorales de tradición liberal, sin percatarse de que los regímenes autocráticos son incompatibles con la libertad y los derechos democráticos de los pueblos. Ahora esos mismos pueblos que los aclamaron han comenzado a rechazarlos.

Como se hace urgente una justificación se echa la culpa al monopolio de los medios de información. ¿Pero, existe un monopolio mayor y arbitrario manejo de la información que el oficialista en todos estos países? Más fácil sería pensar que el enemigo potencial no radica en "el extranjero feroz que explota sus pueblos", sino en su burocrática dirección, en sus populistas y desacertadas medidas de regalar lo que nada les costó crear, en convidar al oportunista a vivir de la cháchara aprobatoria sin producir un chícharo con tal de atraerse a las masas inferiores. El resultado ha sido inmediato: la corrupción creciente de sus dirigentes, junto al libertinaje irrespetuoso de las leyes desde antaño establecidas en aras del orden y el desarrollo.

 

Esta es, a grandes rasgos, mi visión de la historia de América Latina. El presente es otro. El presente ofrece un panorama desalentador, porque el objetivo básico promulgado por esta novedosa doctrina, de haber sido en realidad altruista, democrática y pacífica, habría traído como resultado el bienestar de toda la comunidad americana, bajo normas de respeto y ayuda mutua.

Los autócratas del mundo nunca podrán jugar con la democracia. Resulta incongruente otorgar la oportunidad ciudadana a escogerlos o rechazarlos. Los pueblos se cansan de los mismos dirigentes y no por gusto los regímenes más desarrollados cambian sus directivos cada cierto tiempo. El retoñado peronismo de los Kisner acaba de ser derrotado; la popular presidenta del Brasil fue cazada infraganti en el intento de ocultar el déficit económico de su gobierno; el sucesor de Chávez en Venezuela, luego de arruinar a su país, obtiene el rechazo generalizado de una población que se siente engañada y lo repudia. El indito de Bolivia ha obtenido la respuesta del pueblo mediante las urnas: no lo quieren y desean el cambio. Correa en Ecuador ha sido maldecido hasta por la Naturaleza a pesar de no caer de lleno en la vorágine del socialismo ortodoxo; Nicaragua es el país más miserable de Centroamérica. Y el pueblo de Cuba se desangra en el éxodo, mientras aquellos que no abandonan la tierra, viven solo esperanzados y atentos al calendario, recontando los días en que la longevidad ponga fin a su desventura.

 

Pedro Armando Junco

domingo, 26 de junio de 2016

Censura

Tomado del sitio Cubanos por en mundo

 

"En un mundo lleno de hipócritas los sinceros somos malos", descubrí en el tablet de mi hija. Mi retoño de periodista se echó a reír cuando anoté el aforismo en mi agenda y le comuniqué la idea de comenzar un artículo con él.

Es cierto que los avatares de la vida han convertido al mundo en una madriguera de zorros. Hasta aparecen conceptos aprobatorios muy popularizados como el que reconoce a la hipocresía parte indisoluble de la cultura. En política, ni hablar. En política la mentira es la espada del gladiador que busca a toda costa ganar la pelea.

En sociedades como la nuestra, el aforismo se exacerba y la gran masa poblacional sobrevive gracias a la simulación, a la astucia, al doblez ante lo que se exige desde lo alto, todas características afines, sinonimias comunes de la hipocresía. Y el periodismo oficialista se torna nave proa en este mar de falacias incongruentes.

Sin embargo, dentro del marco estatal he visto aparecer últimamente a un joven reportero de la televisión cubana que pone su dedito sobre algunas llagas para nada traídas a colación antes de él. El nombre de este muchacho es Lázaro Manuel Alonso. Es un periodista fuera de serie que, casi a diario, aparece por el Noticiero Nacional de la Televisión criticando la desidia, las malas administraciones, los problemas inherentes al erróneo funcionamiento social, aunque siempre con la cautela del experto. Introduce el dedo, no en lunares abultados que otros de sus colegas han pasado por alto, sino hasta tocar la verruga que pone en juego el futuro bienestar de la nación. Pienso que el mérito que lo hace exclusivo radica en defender al pueblo de a pie

Claro que Lazarito juega tan solo con la cadena. Pero aún así está corriendo un riesgo enorme, porque el día que algún directivo de altura sienta que el muchacho le ha tocado el adenocarcinoma prostático, cuya causal ha tenido que ver con su persona, Lázaro Manuel desaparecerá del escenario público y jamás volveremos a escuchar su nombre.

Es posible también que tanta impugnación internacional a la falta de libertad periodística esté creando "críticos" dóciles para que nadie pueda declarar que en Cuba no hay libertad de prensa. Al parecer se le "está buscando la vuelta" al artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que, por cierto, muy poco se conoce dentro de la Isla.

Punto y aparte, no todo el mundo es hipócrita en la sociedad cubana. Los periodistas independientes, satanizados como opositores y otros motes peyorativos, exponen sus criterios a pesar de tener sobre sus cabezas la espada de Damocles de la detención y el encarcelamiento, se multiplican, echan sus "libelos" por otros medios no oficialistas y, aunque sus réplicas solo pueden ser leídas por muy pocas personas dentro de las fronteras, se les ha respetado hasta el momento con la misma condición impuesta a Lazarito: jugar solo con "la cadena".

Lo ominoso de este trastorno periodístico son las consecuencias negativas que traen, tanto para la población como para el mejor funcionamiento del Sistema, por no entregar al pueblo la información precisa, actualizada y sin ocultismo. Mostrar por los medios que todo marcha bien en el país, ha dejado resultados funestos en la sociedad; sobre todo la incredulidad poblacional. No hablar de una epidemia hasta el estallido general de la misma ha castrado la posibilidad de combatirla profilácticamente y detenerla a tiempo con el apoyo de la ciudadanía. No informar por los medios difusivos la delincuencia callejera –importada de los malandros venezolanos–, los asaltos y asesinatos que a diario estremecen a las familias cubanas, atentan contra la prevención que los padres habrían podido extremar con sus hijos, luego convertidos en víctimas. No permitir un espacio a la oposición, ignorarla, estigmatizarla, no consigue para nada que deje de existir, sino inculca en el individuo de a pie, cansado de tantas limitaciones sin reparo, a confraternizar con ella.   

La censura, si bien mantiene en el limbo a unos cuantos ciudadanos ignorantes, se reduce vertiginosamente gracias a los nuevos medios de comunicación que el siglo XXI pone a disposición de todo el orbe y nada ni nadie está capacitado para bloquear.

El cubano heterodoxo, lejos de ser "malo" como reprocha el aforismo de mi hija, es el verdadero amigo con que el Gobierno puede contar a la hora de inferir lo mejor para su pueblo. No importa que cada ciudadano tenga un punto de vista diferente al señalar la manera de sustraer a Cuba del bache económico, social y político en que está sumergida. Lo ideal es permitir que fluyan con entera libertad los criterios del cubano que piensa dentro de la Isla y que no está dispuesto a conformar ese mare mágnum de fugados que, sin importar los avatares de un futuro sin patria, prefieren abandonar el país en vez de ofrecer propuestas de cambios que, tarde o temprano, tendrán que llegar, porque lo disfuncional del sistema ya lo está avizorando.

 

Pedro Armando Junco