miércoles, 29 de marzo de 2017

Clásico Mundial

Tomado del sitio “Cubanos por el mundo” Cuba ha sido eliminada nuevamente del Clásico Mundial de Béisbol. No puede sostenerse frente a equipos que hace solo algunas décadas eran para ella un juego de muchachos. Ahora hasta Israel la apabulla con anotaciones, mientras los bateadores criollos, a no ser Alfredo Despaigne, fracasan una y otra vez frente a los lanzamientos contrarios. El “picheo” es una fiesta para los adversarios y de los errores, ni hablar. Parece que la exigencia de los superiores en La Habana, en vez de estimularlos al éxito les produce un nerviosismo pernicioso que les hace perder el tino. Precisamente, un comentarista oficial anotó que los jugadores israelíes casi no conocen su terruño natal y que el país hebreo apenas cuenta con un millar de aficionados a la pelota, porque en realidad son de otras nacionalidades. Puede todo eso ser cierto. Pero es precisamente ese detalle la razón de ser de los Clásicos Mundiales: aglutinar por la sangre y no por el lugar de residencia de sus miembros. Es algo así como la recuperación de la diáspora; es el reencuentro de la familia deportiva nacional para jugar unidos de la misma forma a como los hijos y los nietos dispersos vuelven en Navidades al hogar de sus padres para recordar los días felices de la niñez. El Clásico rompe el cerco de las grandes ligas internacionales y no importa que ayer hayan sido antagonistas en sus respectivos equipos por contratos, para hoy vivir juntos la aventura de uno de los deportes más hermosos del mundo. Es precisamente ese comentario del periodista oficial quien me estimuló a escribir este artículo. ¿Cómo puede criticarse la actitud de quienes introdujeron al clásico un equipo israelí de jugadores dispersos por el mundo cuando “Cuba” hace todo lo contrario? ¿Acaso la razón del desmembramiento del Equipo Cuba no es la imposibilidad de integrar a él a sus mejores estrellas por el solo hecho de haber abandonado el sistema que los frenaba en sus aspiraciones privadas? No soy de los que piensa que la virtud física de un hombre deba ser el motivo de su enriquecimiento millonario cuando esta privacidad debería estar reservada en primer término para los hombres y mujeres que trabajan en busca del bienestar de la salud y el desarrollo de la humanidad, pero tampoco me opongo a que, a todo aquel que Dios bendijo con una virtud deportiva capaz de deleitar multitudes, quede a la zaga de la prosperidad económica. Y los peloteros estelares de Cuba ya no están al margen como años atrás de que UNA VIDA MEJOR ES POSIBLE. ¿Cuál es la razón por la que el béisbol cubano se ha fraccionado? La política. La política hostil oficialista que califica de “ex cubanos” y traidores a los que, por una razón u otra, hayan determinado decir adiós definitivo a la tierra que los vio nacer en la cual no encontraron cabida para sus aspiraciones. Y este fraccionamiento conlleva a que Cuba fenezca poco a poco en todos los campos dónde alguna vez descollaba. Este ergástulo político alcanza a todas las ramas de nuestra excepcional ciudadanía. La cultura sufre igualmente la segmentación en sus escritores y artistas, obligando a los mismos a buscar fuera lo que no son capaces de recibir dentro. Lo sufre la medicina, la ciencia y la tecnología. Y por cierto, perdónenme la disertación: hay una jovencita talento, hija de cubana, llamada Sabrina Pasterski González –de la que se habla ya en los medios científicos mundiales– que se ha propuesto llevar un hombre a Marte en una nave espacial diseñada por ella. ¡Así somos los cubanos de intuitivos! Lo que Sabrina quizás no sepa todavía es que también en nuestro país y mucho antes que ella, otro cubano se le adelantó en distancias espaciales y sin un vehículo sofisticado ha mandado a millones de compatriotas al Infierno. Pero volvamos al béisbol. Cierto es que Cuba no puede ofrecer contratos millonarios a sus peloteros nacionales. Con un peso de cuatro centavos por entrada a los estadios y una televisión autofinanciada, el Estado cubano no puede cubrir los requerimientos económicos de un atleta de élite. El amateurismo está en el orden de la desaparición luego de la caída del “Campo Socialista”. Es por ello que ahora se permite a varios deportistas contratarse en el extranjero, siempre que “Papá Estado” reciba su remuneración por alquilarlos. Pero eso no basta. Si el equipo Cuba hubiese podido contar con lanzadores de la calidad de Adonis Chapman Holanda no le habría propinado el súper noqueo bochornoso que lo eliminó definitivamente de la competencia. Si en la línea de segunda base el guante de Alexei Ramírez junto a José Dariel Abreu en la almohadilla de primera se hubiesen hecho cargo del espacio derecho del cuadro, el team cubano habría reducido el número de pifias y mejorado la ofensiva, solo por mencionar a tres de las muchas estrellas nacidas en el patio que actualmente deleitan aficiones foráneas. Alfredo Despaigne, Rael Santos y Yurisbel Gracial no pueden echarse encima solos el equipo cubano de béisbol. Cepeda fue muy bueno, pero está listo para el retiro; en la pelota el acumulado de años tiene la última palabra. Hay que olvidar las viejas rencillas y no tomar en cuenta si este se escapó en una lancha rápida o aquel desertó en el aeropuerto de otro país, y pedirles…, sí, ¡pedirles!, con modestia y humildad, vistan los colores patrios solo unas semanas cada cuatro años para llenar de orgullo a la afición cubana dentro y fuera de la Isla. Pedro Armando Junco

viernes, 10 de marzo de 2017

Pies secos/Pies mojados

Tomado del sitio "Cubanos por el mundo"

El barullo por la última concesión de Barack Obama al gobierno de Cuba
antes de entregar la presidencia, todavía repercute en Miami. La
población se manifiesta y la televisión y la radio continúan hablando
de la medida: unos a favor, otros en contra, sin que nadie ose agredir
al oponente por su criterio. Hay muchas expectativas y esperanzas en
el presidente electo: el exilio cubano es mayoritariamente trumpista,
aunque también de Trump se dicen horrores. Hasta se habla mal de lo
más hermoso que Trump posee: su esposa Melania…
En Cuba no. En Cuba "el silencio de los corderos" se mantiene intacto.
La prensa oficialista es la palabra sagrada que representa el sentir
de los once millones de cubanos –si es que acaso todavía quedamos once
millones–, tanto de los familiares de los que aún permanecen
enmarañados por Latinoamérica en el limbo de la incertidumbre, como de
aquellos que recibieron la mala nueva ya con las mochilas hechas para
el viaje. Ilusorio es el margen que dejan Cristina Escobar en el
noticiero de televisión y Josefina Vidal como portavoz de la
cancillería al razonamiento privado: ellas piensan, aprueban y
desaprueban por toda la ciudadanía cubana.
Obama sorprendió al Gobierno de la Isla al conceder una petición
oficial que, lejos de aguardarla con vehemencia, era una solicitud
política tan poco deseada como la derogación del embargo que, ambas
unidas, justifican "las malas intenciones del imperialismo".
La congelación del decreto pies secos-pies mojados beneficia en parte
al Gobierno de Cuba por impedir que personas capacitadas en el país,
cuya educación haya sido absolutamente gratuita, emigre a los Estados
Unidos y rinda los frutos de su profesionalidad en tierra extraña.
Cada ciudadano que abandona su tierra natal es gota de plasma que se
pierde en el cuerpo de la nación que se desangra. Pero en vez de
llevarse a un análisis objetivo en las altas esferas del poder el por
qué los cubanos priorizan emigrar a toda costa, en vez de buscar
soluciones internas a las aspiraciones inherentes de esos nacionales
que emigran, la dirección del país se considera con todo el derecho
legítimo del padre autoritario que pretende mantener bajo su tutela,
explotación y miseria al hijo por el simple hecho de haberlo creado.
Por otra parte, el cierre hermético a la estampida, cuando a solo
noventa millas del Estrecho existe un mundo súper desarrollado con un
sinnúmero de vertientes a escoger por cada individuo, pudiera levantar
una marea impopular de incalculables consecuencias. Cierto es que los
cubanos continuarán emigrando a otros países, inclusive al más
empobrecido del área –o hasta Samoyedo en la Siberia, como me confesó
una amiga hace algunos días con clara determinación– pero en menor
cuantía. Aunque en Haití el salario mínimo es superior al de Cuba,
allá se carece de muchos beneficios paternalistas en muchas áreas
sociales.
También ha de tenerse en cuenta que la Ley de Ajuste continúa allí.
Este decreto del expresidente norteamericano solo entrecierra la
puerta que en cualquier momento pudiera abrirse otra vez, pero que hoy
por hoy, bajo la crisis económica que soporta Cuba y el proyecto de
estampida de profesionales jóvenes y pueblo en general como único
camino para conseguir un futuro promisorio, este hermético cierre de
válvula, deberá traer un mayor compromiso del Estado con la población.
Fue una oportunidad perdida por el gobierno cubano no "mover fichas"
cuando el demócrata accedió, unilateralmente, a ofrecer aperturas;
ahora el "negro" se fue de la Casa Blanca y ha tomado su lugar un
anciano nacionalista, intransigente y poco amigo de las medias tintas.
Aunque todavía las discusiones callejeras se asientan en temas como el
béisbol, el fútbol, el halago al picadillo de soja que llegó a la
bodega y el adelantado calor del verano, la inconformidad se esconde
tras bambalinas y puede abrirse camino. A pesar de que la población
carece de información extraoficial y prefiere soportar el aguacero
"luchando" el dinerito para comer, a riesgo de que un día tenga que
enfrentar los tribunales, la oposición continuará in crescendo a pesar
de que más del noventa por ciento de los cubanos ni se entera de los
movimientos que ya se revuelven en la Isla, como es el caso del grupo
de mujeres vestidas de blanco que salen a misa los domingos con una
flor en la mano y son detenidas y mancilladas mientras se proclama por
los medios el respeto absoluto a la dignidad femenina.

Pedro Armando Junco

sábado, 4 de febrero de 2017

Escribir

Escribir. Escribir algo nuevo, insólito, impactante. No importa sea
más o menos ético, real o verosímil. Lo que importa es crear.
Cierto es que precisamente en esto último es donde se pierden algunos
aspirantes a literatos. Excretan sobre el papel y pretenden se les
crea que aquello es una obra de arte. Poetas con diccionario en manos,
rebuscando palabras difíciles, narradores manidos de verde
desesperados por ocultar el plumaje de cotorras. Historiadores que
corren al aventón de la política como papalotes en febrero.
El escritor ha de transitar por la vida con la misma valentía del
caminante por entre una superficie plagada de marismas y géiseres
mortales. Ha de caminar con su propósito a cuestas arriesgado a caer
en cualquier momento y desaparecer para siempre. Al fin y al cabo, el
arte lo es todo y al mismo tiempo es nada.
Para el escritor su obra es su vida. Nada importa más cuando se es
auténtico. Cada libro es un hijo que se ama, no importa el mundo lo
vea feo, obsceno, despreciable. Él lo ha de ver hermoso, porque es el
fruto de sí mismo. Y hasta agradece a quienes lo denigran, porque
tuvieron que pasar por él para luego criticarlo. No es bueno un libro
cuando gana premio: hay jurados mediocres y jurados vendibles; tampoco
lo es cuando se publica, pues existen muchas maneras de financiar la
impresión; todavía puede no serlo el día que se le vende ya que una
refulgente cubierta y un título ocurrente, puede atraer compradores
desmañados. Un libro solo es bueno cuando se le ha leído y se le
comenta. Y allí radica el verdadero éxito de un escritor. Lo demás lo
hará el tiempo. Solo el tiempo es capaz de poner coto a la literatura
inútil.

viernes, 20 de enero de 2017

No es lo mismo trumpista que trompetista.

Pedro Armando Junco

En la mañana del día nueve de noviembre, al cruzar la plazoleta San
Ramón, cuatro ancianitas conversaban encima de la acera. Bloqueaban la
senda, pero la carga de años de cada una de ellas me obligó a detener
la marcha y esperar a que me abrieran paso.
Fue entonces cuando escuché a la menos anciana:
–¿Vieron ustedes como ha ganado Trump…? ¡Ahora sí que se va a poner
bueno esto…!– dijo con ironía poco disimulada.
La que parecía mayor de todas acotó:
– Sí; ¡porque no es lo mismo trumpista que trompetista!
El exabrupto me hizo soltar la carcajada; se percataron de mí y me
dejaron cruzar.
Es que hasta las féminas septuagenarias están al corriente de la
política norteamericana. Y las razones son múltiples: ¿Qué cubana de
la "tercera edad" no tiene un hijo, un nieto o algún ser querido
viviendo en los Estados Unidos? ¿Qué cubano no espera algún beneficio
del lado de allá del Estrecho? ¿Qué ciudadano de a pie no aspira
alcanzar algún día un nivel de vida cercano al del vecino norteño,
como cuentan cuando regresan de visita los que se fueron en harapos y
acá alquilan carros cuyo costo en solo un día supera tres meses
íntegros de un trabajor nacional?¿Cómo no se ha de involucrar también
la sociedad civil de Cuba –la verdadera, la del pueblo sencillo y
multitudinario– si los medios de prensa oficialistas han tomado el
asunto de las manos como si se tratara de elecciones generales en
Cuba?
Pero más allá del sentido práctico de nuestros ancianos, ahora están
en juego cuestiones sociales que de alguna manera pueden tocarnos a
nosotros. Quizás no suceda nada relevante, porque los políticos en
campaña hablan hasta por los codos y luego todo continúa igual.
Tomemos como referencia los lineamientos… Pero está llegando al poder
un hombre diferente: un magnate nacionalista. Y si los hombres
públicos por regla general son mentirosos, un tipo como Donald Trump
es capaz de acometer empresas inusitadas con profundos cambios en el
orden mundial.
A la historia no se le puede mirar de forma aislada. La concatenación
política panamericana nos lleva a un análisis meticuloso en el cual se
vislumbran cambios a corto plazo que tendrán mucho que ver con la
nueva administración de los Estados Unidos. El gobierno de nuestro
país no está de plácemes con la llegada al poder del republicano. Pudo
verse entre líneas en la Mesa Redonda, cómo se respiraba una atmósfera
demócrata en los participantes, puesto que Trump ha dicho tomar carta
contra las aperturas obamistas si no hay una respuesta positiva por la
parte cubana, sobre todo en el respeto a los derechos humanos. A pesar
de no ser estas aperturas las más añoradas por el Gobierno de Cuba, si
propugnan un respiro a la crisis económica de la Isla cuando de
Venezuela queda ya muy poco que esperar.
Una semana después del resultado de las elecciones, Randy y Taladrid
escarban todavía sobre el tema en la Mesa Redonda; ahora más que nunca
les preocupa la llegada al poder del septuagenario representante del
verdadero Tío Sam; o al menos eso es lo que se les ha orientado
analizar frente al pueblo.
Si hace más de un siglo el preclaro poeta de América Latina, inspirado
en Teo Roosevelt escribió:


"Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza;
eres culto, eres hábil; te opones a Tolstoi.
Y domando caballos, o asesinando tigres,
eres un Alejandro-Nabucodonosor.
(Eres un profesor de energía
como dicen los locos de hoy.)

Crees que la vida es incendio,
que el progreso es erupción,
que en donde pones la bala
el porvenir pones."

tenemos ante nosotros al más genuino representante del gobierno
norteamericano. El parecido de Donald Trump con Teodoro Roosevelt es
casi idéntico en la oda rubeniana, menos en un detalle que los tanques
pensantes de nuestro país no han pasado por alto: El presidente recién
electo "no se opone a Tolstoi", sino, por el contrario, acaso piensa
aliarse con él y repartirse el cake mundial con cucharas grandes.
Si a esto sumamos la estampida de los jóvenes cubanos hacia el
exterior en busca de mejores oportunidades y confort, es problema
aritmético fácil de resolver que dentro de una década a lo más, en
Cuba todos seremos viejecitos. Si Jonathan Swift saliera de la tumba y
visitara a Cuba en 2026, seguramente escribiría Gulliver en el país de
los geriátricos y en vez del gentilicio "cubanos" nos llamaría
"geritrudienses".
El nuevo huracán de limitaciones que se avecina ya lanza sus primeras
ráfagas en la escasez de medicamentos vitales; las grandes colas de
viejecitos frente a las farmacias ofrecen un panorama desolador para
los meses venideros cuando, a consecuencia de sus carentes fármacos,
los infartos –en Cuba una gran parte de la población es hipertensa– se
multipliquen con irremediables consecuencias. ¡Y qué decir de los
diabéticos! Recemos porque el trumpismo no sea una opción letal para
nuestra ciudadanía.
En las escuelas cubanas de arte musical –que son numerosas– los
jóvenes se hacen profesionales, y en muchas ocasiones como fue el caso
de Arturo Sandoval, cobran fama allende los mares. Yo soy un ferviente
admirador de ese cubano fuera de serie que por desdicha está prohibido
escuchar en Cuba. Por eso me acordé de él con nostalgia la mañana del
día nueve de noviembre cuando la ocurrente señora dejó escuchar su
frase lapidaria:
¡No es lo mismo trumpista que trompetista!

sábado, 31 de diciembre de 2016

Regalo de fin de año

Estimados seguidores de mi blog:

Reciban como regalo de fin de año esta crónica muy poco acreditada y mayoritariamente desconocida por la ciudadanía. Por sus valores éticos, sea verídica o legendaria, es mi deseo que su lectura sirva como foco esclarecedor gracias a las tantas lecturas que ofrece.

Y muchas felicidades por el fin de año. Deseemos de todo corazón que el 2017, ya a las puertas, nos ayude a realizar los sueños que tanto hemos añorado.

 

Versión de A. B.

La Habana 30 de Mayo de 1873

 

En la mañana del 12 de agosto de 1851, eran conducidos al cementerio de Puerto Príncipe los cadáveres de don Joaquín de Agüero, don Tomás Betancourt, don Mariano Benavides y don Fernando de Zayas, que habían sido fusilados como infidentes a orillas del arroyo Méndez.

Iban esos cadáveres en decentes ataúdes; esperábanlos alrededor de sus sepulturas, que eran las mejores del cementerio, algunos de sus parientes; la casualidad llevó allí también a una criada negra del servicio doméstico que tenía de la mano a un niño de ocho años de edad, de bellísima constitución, transparente blancura y hermosos ojos negros.

El niño observó que al descubrir aquellos cuatro cráneos despedazados por las balas para identificarlos, un caballero de alguna edad y noble continente, que parecía extranjero sacó del bolsillo de su levita un pañuelo blanco y, aplicando cada una de sus cuatro puntas sobre aquellos cadáveres, recogió algunas gotas de sangre, escribiendo después con su lápiz el nombre de las víctimas.

El niño al que me refiero, inspirado por un espíritu de imitación propia de su edad, sacó de la faldriquera de su chaquetilla su pañuelo y se acercó resueltamente a los cadáveres. Uno de los centinelas le rechazó con la culata de su fusil: el niño le lanzó una mirada llena de ira, la criada dio un grito lleno de angustia y el extranjero tomando el niño por la mano lo condujo a uno de los ángulos del cementerio y con esa flema característica de la raza anglosajona, se sentó en las gradas que servían de base a una alta cruz que se elevaba en aquel lugar, y apoyándolo sobre sus rodillas le preguntó en mal castellano qué era lo que quería. El niño le contestó:

–Quiero hacer lo que tú has hecho.

–Yo puedo hacer eso, pero tú no.

–¿Y por qué?– replicó el niño.

–Porque yo, soy hijo de un pueblo libre y puedo hacer todo aquello que la ley no me prohíba, y tú eres hijo de un pueblo esclavo y solo puedes hacer aquello que tus amos te permitan. Esta sangre es preciosa porque se ha derramado por la libertad y por eso la guardo.

–¿Qué vas tú a hacer con ella?

–Conservarla como tú. Pues voy a dártela.

Y entonces tomó el pañuelo del niño y lo unió al suyo y, apretándolos fuertemente entre sus manos, dejó estampada la huella de aquella sangre. Después sacó de su cartera su lápiz de oro; escribió los nombres de los ajusticiados, y volviendo al niño su pañuelo le dijo:

–Consérvalo, pues y acuérdate que es la sangre de tus hermanos.

Una lágrima involuntaria asomó a los ojos del niño. El extranjero recogió en un beso aquella lágrima.

–¿Cómo te llamas?– le preguntó.

–Ignacio Agramonte– contestó el niño con voz dulce y sonora.

 

 

 

Tomado del libro Ignacio Agramonte. Documentos. Páginas 332-333

De Juan Jiménez Pastrana. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana. 1974 

He respetado cuanto más me fue posible la sintaxis y ortografía de la publicación original.

martes, 27 de diciembre de 2016

Felicitaciones de fin de año

Muchas felicidades a todos mis seguidores. Que el 2017 nos regale
todos los sueños añorados.
Un abrazo muy sincero.
Pedro Armando Junco

lunes, 5 de diciembre de 2016

Aberraciones incongruentes

Pocos Sistemas en el mundo son tan incongruentes como el cubano a la hora de cometer sus errores. Quizás el exceso de celo por "revolucionar" todo sea la causa principal de estos desatinos políticos, que se apartan de la lógica con prisa de electrones en átomo que estalla. Lo peor no radica en lo insensato de las proposiciones, sino en una voluntad oculta por formar nebulosas atronadoras en los ojos y oídos domesticados en parte de una ciudadanía, que luego las reproduce como acertadas.

¿Quién que medite con justeza puede afirmar que "el 26 es el día más alegre de la historia" como repite el estribillo de una cancioncita mediocre actualmente reproducida por la televisión en saludo a la trágica fecha? Una madrugada luctuosa en la que cayeron decenas de jóvenes, muchos de ellos torturados y luego asesinados a manos frías, ¿puede resultar alegre para alguien que no sean los esbirros ejecutores de tales barbaridades? Celebrar el Primero de enero de 1959 cabe en la lógica de la misma manera que el 20 de mayo o los Gritos de Yara y de Baire, cuyas venturosas páginas han quedado escritas con gritos de rebeldía y de victoria. Pero, solo cerebros aturdidos pueden creer que el 26 de julio sea digno de celebración festiva hasta para los comunistas más conservadores.

No es esa solamente la pifia histórica en la que se tergiversa el sentido fervoroso de la nación cubana. Porque a la hora de bautizar una empresa, una granja o una comunidad recién construida, prefieren nombrarla con el sitio infortunado en la que perecieron los mártires que se pretenden honrar. Tal es el caso de Vado del Yeso en la provincia Granma o, peor aún, Jimaguayú en Camagüey. ¿Quién desconoce en Cuba que Vado del Yeso fue el lugar de la selva boliviana en que emboscaron a una fracción de la guerrilla del Che al cruzar un río y los ametrallaron en medio del cruce, dentro de las aguas? ¿Es digno de enarbolar ese nombre en una comunidad nueva, allá en las cercanías de Bayamo? En Camagüey se tomó el nombre del sitio donde cayera el mayor general Ignacio Agramonte, nombrado desde antes del suceso Jimaguayú, y se le ha calcado e impuesto a un municipio recién creado. Desde entonces el visitante foráneo si busca el lugar del obelisco histórico que rinde honores al Héroe del Rescate, puede que vaya a dar a un poblado muy distante de aquel, que para nada tiene que ver con el sitio originario.

A comienzos del siglo XX, apenas instaurada la República, los mambises victoriosos cambiaron el españolizado Santa María del Puerto del Príncipe por el sencillo Camagüey, la tercera ciudad de Cuba. Era la respuesta apropiada que nuestros padres fundadores dieron a las monarquías ibéricas y el justificado reconocimiento al cacique Camaguebax, autóctono nativo y dueño de estas tierras quien, con la natural generosidad indígena, diera bienvenida y cobijo a los primeros habitantes de la villa en los comienzos del siglo XVI. "Camagüey", palabra sonora y aguda, de fácil recordación y para nada homófona con otros calificativos, resultó perfecta y reconocida hasta en el mapamundi. Ahora el arcaico nombre "Puerto Príncipe" aparece hasta en las promociones turísticas más comunes, y a los habitantes de la ciudad se les nombra "principeños" con la clara intención de opacar el que con tanto orgullo muestran los lugareños.

En esta misma ciudad se reproducen situaciones análogas que hasta nuestros historiadores reconocen: Salvador Cisneros Betancourt, ilustre camagüeyano de la independencia, aborrecía se le nombrara con su título de nobleza "Marqués de Santa Lucía". ¡Todos los intelectuales lo saben! Pues ahora, su casa natal, convertida en hostal del Estado, lleva inscripto en la fachada: "La casa del Marqués". 

¿Cuál será el móvil de este empeño por opacar la voluntad de los próceres que lo entregaron todo por la Patria? ¿Por qué la determinación de nuestros mambises no es respetada en la memoria de los nuevos hijos? ¿Acaso será porque Ignacio Agramonte deploraba el comunismo y Salvador Cisneros era anexionista?

El odio a los Estados Unidos ha sido capaz de tergiversar la historia. Para nada se enseña en las escuelas que el ejército norteamericano fue quien en definitiva echó de Cuba al ejército colonial. Se ha llegado a la aberración histórica de rendir honores al Almirante Cervera, el más alto oficial naval de España en Cuba al final de la Guerra de Independencia. Cuando éste se negó a rendir su flota a la armada de los Estados Unidos que bloqueaba la bahía de Santiago de Cuba y luchaba al lado de nuestros patriotas, lanzó imprudente todos sus buques a romper el cerco. Por supuesto, los norteamericanos le hundieron la flota. Y quizás porque se la hundieron los norteamericanos, eso haya bastado para vender la imagen de Cervera como un héroe histórico.

El odio ha exacerbado tanto el cerebro dócil de tantos cubanos, que hasta muchos artistas se ceban en promoverlo. El ejemplo más evidente es el de Elpidio Valdés, un cómic fílmico que nació con la Revolución y representa a un coronel mambí en la guerra contra España. Los niños cubanos y, ¿por qué no? los adultos también, se deleitaban con aquellos cortos fílmicos y se identificaban con los personajes de la serie donde, hasta el caballo Palmiche, combatía contra los colonizadores. Pues, de la noche a la mañana, los malos ya no eran tanto los soldados de España como los magnates norteamericanos, tipos crueles, bribones y ridículos.

Pudiera escribir infinidad de cuartillas más con ejemplos fehacientes de la pésima correspondencia con la verdad histórica como los acabados de citar. En las clases de historia de los escolares cubanos reina un alejamiento tal de la autenticidad, que los nombres de Miguel Tourbe Tolón –diseñador de la bandera y el escudo de la Patria– y Narciso López, primer hombre en izar en Cárdenas el respetado estandarte nacional, son borrados de los programas de estudio, y cuando se habla de ellos es para vituperarlos por el solo motivo de que fueron anexionistas. Es la manipulación más morbosa de la identidad nacional cubana. ¿Qué habría dicho ante estas manipulaciones el Padre Valera que nos enseñó a pensar? ¿Qué habría dicho Martí, tan aferrado siempre a la verdad histórica y al respeto y a la negación del odio hasta de sus propios enemigos?

Sin embargo, lo que parecen ignorar los responsables de estos desaciertos es que cada día que pasa, debido a la deficiente administración del Estado y al poco respeto a la soberanía individual, se cierne en Cuba, como hace más de cien años, una tendencia anexionista en la población, que pone en peligro inminente el futuro de Cuba independiente, libre y soberana.



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