miércoles, 6 de noviembre de 2019

Una visita a Guáimaro

Algunos días después de escribir "Academia" viajé a Guáimaro. Era mi compromiso de venta de los últimos ejemplares de La furia de los vientoscon el municipio más oriental de Camagüey. Diusmel vino a buscarme personalmente. Diusmel es uno de los jóvenes talentos guaimareños que viven para la literatura y el arte.

Para sorpresa mía me hospedó en la casa de su abuelita, una señora entrada en años pero con energía fabulosa. En su casita humilde vive acompañada de su nieto, aunque constantemente sorprende la llegada de Miriam, su hija madre de Diusmel, poetiza de literaturainfantil, con caudal de premios y publicaciones que muchos de acá quisieran tener.  

Lo más significativo para mí de ese hogar tranquilo y sencillo, fue la ratificación exhaustiva de un concepto muy sabio que daba vueltas en mi cabeza desde hace tiempo: la humildad y la sencillez van de la mano con la sabiduría y la felicidad. En la casa de Diusmel Machado y su abuelita se percibe una seguridad que nos hace sentir a gustopleno.

Esa tarde fuimos a concertar las presentaciones del día siguiente. Nos recibieron en Radio Guáimaro y salimos al aire con invitaciones para los cuatro lugaresavisitaral día siguiente:la Facultad Obrera y Campesina, una de las dos shopping más importantes del poblado, la manufacturade despalille de tabacos y el hogar de embarazadas. Todo en una tarde sin descanso. También pude constatar que los pobladores de Guáimaro gozan de amplia simpatía por la cultura, porque hasta los bicitaxistas y cocheros que nos trasladaban de un sitio a otro, resultaron personas amables, educadas y apremiadas a servirnos sin el requerimiento del interés monetario por sus servicios,diferente a como ocurre en otros lugares del país. Puedo asegurar, arriesgando la metáfora, que en Guáimaro existe un microclima cultural muy extendido.

Al siguiente día continuaron lloviendo las sorpresas. La mayor de todas la recibí en la presentación de mi libro en la FOC ante profesores, estudiantes, bibliotecarias y público. Luego que Diusmel ofreciera una panorámica de los relatos contenidos en la obra, me pidió leyera algunos párrafos y escogí al que narra Olegario Viñafaña cuando va perdiendo uno tras otro a sus cuatro hijos por la arremetida del ciclón. Es cierto que hasta a mí se me hace difícil leer ese texto de mi propia mano y no me abochorna decir que lo escribí llorando. Cuando terminé los fragmentos del testimonio y levanté la vista, vi a muchos sacando los pañuelos y secandolágrimas.

Debo acotar, por si algún detractor mal intencionado piensa que escribo esto con el objetivo de promocionar mi obra, que ya esta quinta edición de La furia de los vientos está agotada totalmente. Para la última presentación en el hogar de embarazadas no quedaron libros y tuvimos que reservar uno como muestra.

Escribo esta remembranza en mi blog para saludar al pueblo guaimareño: hospitalario, sencillo y culto. Guáimaro, cuna de nuestra primera Constitución: verdaderamente liberal y democrática hasta las últimas consecuencias, gracias al verbo y la dignidad de Ignacio Agramonte y al acatamiento del criterio desigual que desplegó Carlos Manuel de Céspedes.

Quizás por eso Guáimaro es cantera de escritores y poetas. Viven allí, mesclados entre una población privativa de cultura, junto a Miriam y Diusmel, Roberto Machado, Odalis Leyva, Miguel Borroto, Domingo Peña y otros muchos que escapan a la memoria,y mantienen vivo un microclima de intelectuales camagüeyanos.

Para el bello pueblo de Guáimaro mi respeto y mi cariño.

 

Pedro Armando Junco

jueves, 24 de octubre de 2019

Academia

Hace solo unos días, en la Jornada por la Cultura Nacional, quise visitar a Elia y Yuslema, funcionarias de la editorial Ácana, que por razones de restauración en la sede están ahora radicadas en la librería Ateneo.

A los camagüeyanos nos resulta familiar esteprestigiosolocalde la calle República, rehabilitado no solo para la venta de textos, sino también para conversatorios y conferencias.

Me bañé temprano y vestí con algunas prendas importadas de mi último viaje al país de los malos: "shorpeta" o "shorpán" en el neologismo nacional, que es ese tipo de pantalón corto a la rodilla que tanto visten los turistas cuando visitan nuestras cálidas tierras; calcé, además, un par de "zapatillas" vistosas –otro neologismo de los zapatos tenis– y mi recién estrenado champú encubridor de canas. Con ese atuendome dirigí a Ateneo para ultimar detalles de mi futuro viaje a Guáimaro con vista a presentar allá los últimos ejemplares de La Furia de los vientos.

No está de más aclarar que los diez días de la Semana de la Cultura Nacional, igual a los días de La Feria del Libro, conforman el tiempo ideal y añorado por los intelectuales para hacer zafra en conversatorios, presentaciones de libros, conferencias –magistrales o no–, pues se nos paga alrededor de ocho CUC, equivalentes a ocho dólares o doscientos pesos nacionales por cada trabajo. Ese dinerillo sirve de aliciente extra para adquirir en las shopping jaboncitos, detergentes o muslos de pollo, sin tener que exprimir el bolsillo más de lo cotidiano.

Y sucedió que al entrar a la librería, dos de nuestros más destacados eruditos ofrecían la presentación de un libro: un conocido compañero de la radio y una fémina destacada literata, mujer muy muy inteligente, según el concepto de mi propuesta en la Academia. 

El conversatorio no me pareció interesante, pero atendiendo a las buenas normas de conducta y a lo dicho más arriba, tenemos que aprovechar hasta la mínima brecha para ocupar un espacio y buscarnos el chequecito de ocho dólares. La exposición de aquellos intelectuales con solo un "nutrido" auditorio de cuatro personas más,obligó a sentarme para engrosar elconjunto. El tematenía por base explicar sobre un libro que a la vez explica cómo se calienta el agua fría. Hasta me pareció interesante escuchar a la inteligente doctora en letras exponer la tesis de aquel libro acorde con los días que correnfrente a la escasez de gas licuado y electricidad; el libro aconseja la manera fácil y económica de calentar el líquido:poner un cubo de agua al sol en el patio desde el mediodía–y si el cubo es de metal mucho mejor– para contar con agua tibia a la hora del baño.

El caso fue que al terminar el acto y pasar al interior de la librería, tropecé con Erick. Erick Suárez y Omaní Brito, funcionarios del centro provincial del Instituto del libro, a más de amigos y camaradas de las letras, son miembros honoríficos de la Academia Popular a la que pertenezco. No hizo más que verme el pícaro Erick y comenzó con la risita por el fiasco que me propinaron el día de la asamblea en la Academia, al derrotar mi tesis sobre las mujeres inteligentes y las brutas. Me echó el brazo y me dijo:

–Lo siento, amigo, pero tu teoría es inconsistente. Remember la eslovena del hotel Vedado.

Creo que en otro artículo de mi blog o en Facebook colgué fotos de la muchacha. Osmani la fotografió en la piscina y por la noche la conocimos personalmente en el lobby y hasta me dijo en tan mal inglés como el mío, que se llamaba Susana. Ese fue el punto final; la definitiva derrota de mi tesis sobre cómo catalogar a mujeres brutas e inteligentes.

Hace solo semanas los miembros de la APHP reunimos un dinero para celebrar el aniversario de su fundación y, como allí todo se resuelve a modo suizo, mediante referendos, llevamos a votación qué tipo de cervezas compraríamos. Existía un fondo de mil pesos nacionales para la cerveza. Eso no es mucho dinero a pesar de la pequeña cantidad de miembros y hubo algunos que plantearon comprar cervezas Bucanero, alegando que es la mejor cerveza cubana. Pero otros propusieron que mejor adquiríamos Tínima, tres veces más barata, de nuestro terruño y casi de la misma calidad. Inclusive la propuesta estuvo rebatida por la adulteración que sufren las botellas de Tínima en el mercado, los restaurantes y otros centros de esparcimiento.Pero de inmediato alguien señaló que "si la compramos a los vendedores clandestinos vecinos de la fábrica, no viene alterada, porque estos se las ingenian para sacarla libre de vicios desde la fábrica". El caso se llevó a votación y ganamos por ancho margen gracias a nuestro regionalismo clásico. En nuestra academia se respeta el criterio individual y se vota sin miedo a represalias posteriores. Se gana por mayoría: triunfa la mitad más uno. Nunca por unanimidad como en la Asamblea Nacional y otras convenciones políticas estatales.

Ganamos lo de la cerveza, pero la vez que llevé mi tesis sobre laprincipal diferencia entre las mujeres brutas y las inteligentes, basándome en mi experiencia personal de que las de intelecto no tienes nalgas y las brutas sí, Erick y Osmany me sacaron, a la luz de toda la nomenclatura, cuando la Feria del Libro en La Habana vimos a una muchacha de Eslovenia, rubia de ojos azules de unos veinte años –Osmany la comparó con Friné y Erick con Elena de Troya– que tenía un cuerpo maravilloso, incluyendo unas posaderas rimbombantes y era, de hecho, una muchacha muy inteligente.

Claro que utilicé mi derecho a réplica y expresé que yo no me refería al color de la piel, porque he conocido a muchas mujeres blancas de grandes nalgatorios, aunque por regla general son las negras y las mulatas quienes disfrutan ese privilegio a pesar de que en su gremio existen menos intelectuales. Agregué también que nunca pudimos saber si Susana era inteligente o no con solo haber obtenido de ella unas pocas sonrisas y el aroma de su nombre.Hubo alguien, incluso, que en defensa de mis razones aseveró: "hay mujeres que guardan su intelecto en el trasero". Pero la ausencia de excepciones en mi teoría redujo definitivamente la posibilidad de aprobación.

La discusión estuvo candente. En la Academia Popular de Hombres Promiscuos(APHP) se respetan los criterios y no se toma represalia contra la minoría perdedora. Los miembros todos somos hombres de amplia gama de relaciones amorosas y participamos del criterio de que lo empírico es más real que lo científico. El resultado esta vez fue que perdió mi tesis por la mitad menos uno. Y las risitas de Erick esa tarde en la Ateneome incomodaron un tanto.

Al salir a la calle República, a solo unos metros de la librería, alguien tropezó conmigo, Literalmente. Yo que venía arrastrando el adoquinado con la mirada, casi choco con alguien, y para sorpresa, a solo diez centímetros de mi cara veo a una muchacha que me suelta un beso. Quedé petrificado. Pensé que podía ser alguna que me conoce y yo no recordaba. Pero ella me toma de la mano y me lleva hacia el portalito de una shopping que ahora vende equipos fotográficos. Era una mulatica igual a las de Wilson en el semanario "Palante": Bruta, bruta, bruta. Tendría apenas veinte años. Eso sí: llena de coloretes por todas partes, pero no me hablaba. Me hacía señitas, tiraba besitos, ysuccionabaalgo abstracto con la boca mirando la parte superior de mi pantalón corto.

Entonces fue que caí en cuenta de la realidad: estaba siendo abordado por una jinetera profesional que me había confundido con un turista europeo. Nunca supe si su mutismo se debía a la brutalidad de no hablar otro idioma que el callejero, o quizás el mucho trabajo de su boca le había afectado las cuerdas vocales.

Luego de varios minutos de insistencia por su parte y de rechazo por el mío, hallé la solución expresándole cuestiones de apuro:

–Hoy no, mi amor. Quizás otro día, pero dentro de pocos minutos me esperan en una reunión del Partido.

Dichas estas palabras mágicas me dejó partir. Casi en escape fui a dar al grupodebici taxistasque aparcan en la calle Santa Rita. Ellos habían disfrutadola escena de ataque y estaban riendo todavía cuando llegué. Los puse al corriente y uno agregó:

–Este es –en referencia a la mulatica bruta– su lugar de pesca. Y no creas que le va mal. A veces le "caen". Cobra entre cinco y ocho dólares por el sexo oral, según las exigencias del cliente.

Cuando me alejaba por Santa Rita, la mulatica bruta continuaba mirándome. Y me lanzaba señitas. Me alejé entristecido de mirar a una jovencita tan bella, que pudiera andar como Susana,la eslovena,recorriendo felizmente el mundo, en vez de ganarse la vida con un trabajo tan sucio. Y hasta me dio por sonreír de dolor al pensar en la ironía de la remuneración por su faena bruta, similar a las que se pagan por conferencias y presentaciones a nuestras mujeres inteligentes.

 

Pedro Armando Junco

sábado, 28 de septiembre de 2019

Una felicitación para Teatro del Viento



Fue sorprendente para mí asistir a una puesta en escena del Teatro del Viento, en la que su director Freddys Núñez Estenoz rescata, de la casi olvidada memoria histórica de la Revolución, una de sus tantas aristas de frustraciones: el descalabro educacional de las escuelas en el campo.
Sucedió en los festivos años de “las vacas gordas”, en los que solo había que abrir la boca y pedir a la Unión Soviética lo que se quisiera; y esta, madre solícita, como en el cuento de Aladino frotaba una lámpara, sacaba su genio y de inmediato complacía.
Recuerdo aquel famoso discurso en el que alguien hablaba de las escuelas que en determinados períodos llevaban sus alumnos al campo, y lleno de entusiasmo radicalizó que, a partir de allí, no serían escuelas al campo, sino escuelas en el campo.
En aquellos años se buscaba crear al hombre nuevo: honrado, trabajador, comunista, ateo y macho remacho, pues para los maricones, los creyentes y los revisionistas no quedaba un resquicio siquiera en la sociedad cubana. Y así surgieron las edificaciones becarias de Sola en Camagüey, paralelas a otras comunidades idénticas en otras provincias.  
Por eso me impele colgar en mi blog este pequeño comentario de elogio para la obra teatral de Freddys Núñez cuyo guión saca de la oscuridad algunos detalles de los años en que nuestros adolescentes tenían que marchar becados a esos lugares difíciles y lejanos si pretendían alcanzar la Universidad y soportar tantas injusticias y atropellos, imposibles de acomodar en una o dos horas de escena teatral. Pero Núñez Estenoz alcanzó con pinzas los dos más comunes dolores de esa locura gubernamental: el abuso sexual y el suicidio. Claro que en la obra también afloran la corrupción, el abandono y el éxodo, sin pasar por alto el fracaso económico ante la pretensión de convertir aquellos muchachos de apenas tres lustros de vida, en campesinos cosecheros de cítricos (hoy Sola, igual que el resto del país, es un bosque de marabú), y el fiasco político del utópico sueño comunista.
Claro que no cabía en la puesta en escena el padecimiento y costo económico de los padres cada domingo al tomar un camión, antaño acarreador de ganado, para llegar a Sola cargados de alimentos, con el fin de paliar ese día el hambre que pasaban sus infantes en los comedores.
Lamentablemente yo fui uno de esos padres. Mi pequeño Mandy –el hijo que me asesinaron unos vándalos hace cuatro años–, desde los trece hasta los quince años sufrió también la pesadilla de Sola; pero varón y con chispa, a fin de cuentas se adaptó y cursó el preuniversitario allí tomando por piscina el tanque de agua del edificio y bañándose en calzoncillos junto a dos jovencitas en blúmeres hasta que fueron descubiertos y tuve que dar la cara, pues esa agua no solo era para la limpieza y los baños, sino también para la cocina y para beber.      
¡Bravo por Freddys Núñez Estenoz! Llegue también mi calurosa felicitación a su elenco de actores. Pero si el propósito de este dramaturgo es llevar al papel y a la escena los garrafales errores de la Revolución en el poder; que Dios le dé salud y larga vida a ver si lo consigue. Pues hay muchos montajes en espera sobre tantas barbaridades administrativas llevadas a cabo sin prever las consecuencias adversas y difamatorias: el cordón de café caturra de La Habana; el cruce de las razas de ganado empírico con holstein (F1, F2); la zafra de los diez millones; la confiscación indiscriminada de todas las haciendas mayores de cinco caballerías en octubre de 1963, que convirtieron las tierras productivas de Cuba en maniguales; la nacionalización de hasta la última bodeguita y timbiriche privado… ¡Y tantas más!
Sí, amigo Freddys, cuando te felicité anoche al terminar la obra, no me reconociste. Ahora te digo, con entera sinceridad: ¡Nos queda todavía mucho por contar como verdaderos e imparciales historiadores de la Revolución Cubana!

Pedro Armando Junco



viernes, 27 de septiembre de 2019

Nuevos estilos de “Búsqueda”

 

A raíz de mi última publicación, un seguidor del blog se dirigió a mí pidiendo, encarecidamente, le explicara en qué me baso para asegurar la futura inflación que pronostiqué a partir del incremento salarial decretado hace algunas semanas. Y debo responderle, tanto a él como a quienes no pusieron a funcionar sus neuronas como suspicaces cubanos, que no es preciso ser economista ni matemático para intuir que un aumento de moneda en la población, frente a un desabastecimiento en pleno desarrollo, tiene forzosamente que elevar el precio al valor de los productos, quiéranlo o no el presidente del país y sus tanques pensantes.

Pero no solo habrá crecida en los artículos de primera y de última necesidad, sino además, un ascensocínico en la picardía del ciudadano común. Nuestra ciudadanía –tengamos presente siempre que al margen de la clase dirigente, algunos "macetas" o mantenidos desde el exterior por su familia –es proletaria. Recordemos siempre que en Cuba impera la filosofía oficialista"nadie puede ser rico", a pesar de que todos necesitamos sobrevivir y, según le escuché repetir a mi padre desde mi lejanainfancia: "después de crecido, nadie se deja morir de hambre".

Por eso quiero dedicar esta crónica a una renacida manera de estafar que, a despecho de su lejana invención revolucionaria, ahora seejerce con arte y finura.

Pues ayer fuimos una amiga joven y yo a uno de los restaurantes más emblemáticos de Camagüey. (No escribiré el nombre de dicho lugar ya que mi intención no es denunciar a los infelices que dan brazadas de náufragos en este mar de miserias económicas que es la Cuba actual).

Me sorprendió muchísimo la amabilidad extrema de aquel camarero "madurón" cuando estamos acostumbrados al maltrato en los servicios públicos. Su amabilidad se extendió desde ajustarnos la silla al momento de sentarnos, hasta las palabras de bienvenida que prodigó como si yo hubiese sido Díaz-Canel acompañado de la primera dama. Nos entregó la carta con una inclinación de cabeza, inquirió en lo que deseábamos beber y al momento regresó con las cervezas Tínima, que personalmente sirvió en nuestras copas.

Como es de esperarse en el momento que se vive, las cartas de los restaurantes de lujo, pero en moneda nacional, están plagadas de ofertas iónicas que enlazan lo real con lo virtual. De los tantos platos escritos en las páginas del menú, los más atractivos nunca existen. Están allí decorativos y rebosantes de imaginación. Recuerdo a mi compañera al pedir plátanos maduros fritosy a nuestro camarero explicar,en extremo compungido, que los plátanos estaban allí, pero todavía no habían madurado y lamentaba muchísimo no poderla complacer. Luego de más de media docena de "no tenemos", "no nos quedan", "se agotaron", tuvimos que comer lo poco que en realidad ofrecían.

No debo omitir que el café y el postre tampoco estaban "en existencia". Ante esta última negativa me pareció ver lagrimones en los ojos de nuestro sirviente.

Pero la sorpresa se hallaba, como en buen cuento, al final de la aventura. Al pedir la nota se alejó hasta una mesita, sumó el consumo, dobló el papel y lo insertó muy firme en una especie de gancho plástico que sujeta el dinero en el platillo y, así de enrevesado, lo colocó en nuestra mesa cuanto más distante le fue posible de mí, y susurró dulcemente:
–Son ciento dos pesos…

Como cubano de buen olfato que también soy, mordido tantas veces por la socarronería criolla, me incliné sobre mi amiga y alcancé el platillo. Zafé el papel de la presilla, sumé con cuidado y descubrí que me estaba robando veinte pesos. Desde una esquina del salón pude descubrir como a nuestro camarero le sudaban las manos, pues de seguro había supuesto que "este veterano con una hermosa pepilla al lado no va a hacer el ridículo de leer la factura de la cuenta". Puse un billete de cien y otro de cinco pesos amordazados junto a la nota y lo llamé. Estaba nervioso, en espera de mi descarga. Pero yo le sonreí y le dije:

–Perdone que la propina es solo de tres pesos, pero revise bien y tome para usted la diferencia de la equivocación en la suma.

El pobre hombre no pronunció palabras… o sí. Entre dientes le escuchamos decir:

–Gracias…

Yo entiendo al hombre cincuentón. Seguramente tiene una familia que mantener. En Cuba pocos son los que dan propinas en los restaurantes; o se limitan a pequeñas gratificaciones. Él está obligado a ir en su "búsqueda" como la inmensa mayoríadel pueblo proletariode Cuba lo hace. Este es, sin lugar a dudas, otro de los síndromes de nuestra miseria.

 

Pedro Armando Junco

 

 

lunes, 12 de agosto de 2019

Precios topados


Hace meses he silenciado mi blog por dos razones importantes: darle mayor apoyo a mi obra literaria y, dentro de ella, mi dedicación obsesiva por el perfeccionamiento de mi novela Muchachas en Río Blanco para su publicación. Por fin logré ese sueño en la editorial miamense PUENTE A LA VISTA.

La segunda razón por mantener al margen mis críticas cuyos textos, por muy constructivos que los considero, hay a quienes les son retorcidos y mal intencionados. Y he descartado mis artículos no por miedo, sino por lo intrascendentes que resultan a través de un blog apenas leído por un puñado de personas y vedada su publicación en la prensa nacional, a pesar de que mi nombre es bastante conocido en el ámbito cultural de mi provincia y hasta del país.

Y, dentro de esta segunda razón, como acápite "B" puedo señalar la docilidad de una población que lo acepta todo sin chistar, aunque le "caigan rieles de punta". Esto es lo más triste y es mi criterio atribuir esa docilidad a tantas décadas de información parcializada, que no dice mentiras, pero oculta toda la dura verdad existencial de la sociedad cubana. A eso he dado en llamar ANTICULTURA.

Pero esta noche, luego de un frustrante viaje intermunicipal debido al transporte, vi por el noticiero un comentario de Wilber Rodríguez sobre los "Precios topados". Así descubrí una vez más esa fórmula mágica de la desinformación que deja en el aire las verdades concretas de una problemática actual e importante como es la subida de algunos salarios–entre ellos a burócratas– y el intento de frenar una inflación que todos sabemos caerá, quiéranlo o no, hasta "desinflar" los ahorros de quienes los habían acumulado a base de restricciones y sacrificios.

Me llama mucho la atención como el lado fino de la soga está destinado a los trabajadores por cuenta propia (cuentapropistas en el neologismo cubano), sin detenerse a reconocer que el Sistema Socialista nuestro es un poco más funcional hoy día por el ahínco de ese medio millón de cubanos que han echado a andar producciones y servicios,cuando en manos estatales andaban patas arriba. Uno de estos servicios privados es el transporte en camiones que, sesenta años atrás, cargaban el ganado mayor y hoy trasladan seres humanos. Pero sucede que los choferes de estos vehículos, pésimamente adecuados para llevar personas, mantenían un precio relativamente aceptable al pasajero, porque compraban el diesel robado;–según Wilber, eufemísticamente,"por la izquierda", permitiéndose utilizar un término miamense.

¿Acaso explicó el periodista de qué lugar salía ese combustible "izquierdista"? Habría sido muy esclarecedor escucharlo. Pero, cerradas las llaves del acceso al robo, los camioneros han tenido que acudir a las vías estatales y pagarlo a tres veces el valor que antes le costaba. Ahora, al no permitírseles aumentar el precio de su transportación, las ganancias apenas le permiten sufragar el hidrocarburo y se generalizan todos los ardides del cubano para soslayar el tranque, mientras las terminales parecen manifestaciones del Primero de Mayo.

¿No habría sido mejor, Wilber, llamar la atención a los altos dirigentes de este país para que le vendan a los transportistas privados dicho carburante más barato, o sea, en moneda nacional (CUP) hasta conseguir una relación efectiva y real frente al costo del pasaje que este camionero cobra a sus usuarios? ¿No sería más consecuente realizar un estudio justo de acuerdo al capital que ese chofer pone en riesgo, el pago de sus ayudantes, los impuestos de la onat, el "fatigamiento" de su equipo, sus ganancias…; y en base a eso hacer los ajustes de una tarifa "topada"?

Claro que estos funcionarios burócratas de finanzas y precios, ahora beneficiarios por el aumento salarial, tienen otras ocupaciones que priorizar a favor de su benefactor estatal y contra esa población a la que ineluctablemente pertenece, aunque les resulte repugnante buscar una salida equitativa en modos de ajustes imparciales a los precios para el sector privado. Más fácil les resulta dictaminar pagarle al pescador una libra de jurel a $1.60 y redondearle el precio de venta a la población a $20.00. Es muy bonito cantar por los medios que hay que detener la inflación de los vendedores ambulantes y de mercaditos privados mientras se pone a la venta un nuevo pan a $8.00.

En conclusión, estimado Wilber, la solución está en "cambiar todo lo que debe ser cambiado", aunque esto conlleve a privarnos de economistas deshumanizados y parciales, y permitir a cualquier cubano promotor de ideas nuevas con ventanas abiertas al futuro, ventilar sus propuestas sin miedo a la censura "por todos los medios de expresión" como reza en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Ah, y sobre todo: ESCUCHARLOS.

 

Pedro Armando Junco

miércoles, 24 de julio de 2019

En el XX aniversario de Viña Joven


 

Hace solo unos días visité Santiago de Cuba invitado por los Misioneros Claretianos para la celebración de los veinte años de su revista Viña Joven, cuya sede radica en la parroquia de La Santísima Trinidad.

Nada pudo sorprenderme ahora, ya que desde el año 2004 soy un agradecido amigo y colaborador de esa ilustrísima publicación cuatrimestral. La belleza física de la parroquia, el confort hospitalario y la perfecta armonía de cuantos trabajan en ella, son el manto de paz espiritual que nos hace sentir durante la estancia allí, libres de los avatares cotidianos que como fieles cubanos debemos soportar austeramente.

La sencillez amorosa del padre Miguel; la confianza incomparable del hermano Manolo; ese amor que irradia Mirtha Rafaela Clavaría Palacios, en cuyos hombros han pesado los veinte años de la publicación, no solo son razones para el encomio, sino para sacar a la luz un ejemplo a seguir por todos nosotros, laicos o creyentes, como único modo de salvación para nuestra cultura y nuestra identidad, tantas veces llamadas a rescatar por la dirección del país.

Todas las mañanas me despertó la algarabía de muchos niños en el patio interior de la parroquia. El padre Miguel había invitado para una semana vacacional a más de 150 infantes de primaria, desde el preescolar al sexto grado, con el fin de que asistieran a divertirse, dirigidos por un grupo de jóvenes claretianos que, paralelo a sus funciones cotidianas en el centro, brindaban apoyo a ese proyecto. De su último viaje al exterior, trajo regalos para ellos, entre los que se destacaban, llenando el ámbito de azul, pulóverescon el mensaje: "Conoce y vive la palabra del Señor".

El día 15 de julio, varios colaboradoresparticipamos en un panel, y en él pudimos declarar nuestras experiencias y agradecimientos a la Revista. Sobre todo, coincidimos en exaltar la heroica entrega de Mirtha Clavería al proyecto que, a pesar de cuantas dificultades tuvo que enfrentar durante cuatro lustros, nunca se resignó a dejar espacios en blanco y, cuyo número ordinal presentado ese día, respondió al ejemplar 66.

El día 16 de julio, 170 aniversario de la creación de la Orden por el padre Antonio María Claret y 20 aniversario de la creación literaria de Viña Joven, disfrutamos una atractiva gala en la que muchos de los asistentes recibimosdiplomas de reconocimiento y una maravillosainsignia parroquial que ya está expuesta en la sala de mi casa.

La ronda artística de esa noche contó con la actuacióndel padre Jorge Catasús Fernández, responsable de la Comisión para la Cultura de la arquidiócesis de Santiago de Cuba; con Elio Salas, declamador y actor, y su grupo; con José Armando Garzón y su Ronda Lírica. También el guitarrista y concertista Aquiles Jorge enriqueció el evento. Y para colofón, la excelencia del coro Magi, del Centro Cultural Católico "San Ignacio de Loyola" de la orden Jesuita.

En fin, en su veinte aniversario la revista Viña Joven, se engalanó por todo lo alto, sin dejar resquicio a la insatisfacción. Es ahora a nosotros, humildes y fervorosos colaboradores, a quienes corresponde el propósito de hacerla alcanzar, junto a su decana Mirtica Clavería, otros veinte años de vida exitosa.

 

Pedro Armando Junco 

 

 

lunes, 18 de marzo de 2019

Feria del libro 2019 en Camagüey

En los primeros días de marzo se realizó la Feria del libro en
Camagüey y, para alegría de quienes participamos en ella, quedaron
superadas todas las expectativas, tanto en la venta de obras
literarias como en su organización y funcionabilidad.
Hasta los más dubitativos vieron romperse el mito de la concentración.
Aquellos que abogaron por llevarla a cabo en diferentes lugares
pudieron constatar que no solo el Casino Campestre –parque insignia de
la ciudad– es capaz de aglutinar grandes masas de público y
comercializar textos. También La Maqueta, situada frente al Parque
Agramonte, y el Recinto Ferial con sede en la antigua planta eléctrica
de la ciudad, contribuyeron a una recaudación superior al medio millón
de pesos. Este éxito comercial se logró a contrapelo de las carencias
de varios ejemplares muy esperados por la población, como es el caso
de Trilogía sucia de la Habana de Pedro Juan Gutiérrez por Ediciones
Unión, recientemente publicado y cuyo texto brilló por su ausencia.
La quinta edición de La Furia de los vientos se comercializó por
cientos y estuvo expuesta, igual que la mayoría de otros ejemplares,
en los tres puntos de venta habilitados. El público quedó
relativamente satisfecho según opiniones escuchadas, y solo lamenta la
ausencia de algunos volúmenes de ávido interés social como el
anteriormente mencionado.
Los invitados de otras provincias y municipios se marcharon
satisfechos por el trato y la atención recibida durante su estancia en
la ciudad. Primó la organización y el interés del Instituto del Libro
en todo su personal de servicio; en especial es digna de encomio la
entrega de la dirección y sus comerciales. Ni qué decir de la
contentura de los humildes escritores del terruño, cuando esta vez
tuvieron oportunidades muy bien distribuidas en sus actividades de
presentaciones y conversatorios, dejando atrás el viejo fardo de
anteriores ferias en las que algunos eran beneficiados hasta con
catorce espacios y otros tenían que conformarse con solo uno o dos
cuando más.
En fin, debemos reconocer con toda honestidad, que la Feria del Libro
2019 en Camagüey, fue todo un éxito.

Pedro Armando Junco