domingo, 24 de julio de 2016

Una carta para Maduro

Tomado del sitio "Cubanos por el mundo"

 

"En Venezuela las cosas no andan muy bien debido a la propaganda enemiga" escuché hace poco de un dirigente fundamentalista. Este "compañero" se ha hecho eco de quienes afirman que la crisis económico-político-social en la patria de Bolívar, es el resultado del potencial difusivo imperialista. Ni siquiera fue capaz de tener en cuenta, a la hora de pronunciar esa barbaridad, que Telesur es la voz parcializada del Socialismo del siglo XXI que hace llegar sus transmisiones hasta el confín de América Latina.

Para los cubanos, con el oído acostumbrado a escuchar desde hace medio siglo una de las más extraordinarias propagandas oficialistas de la era moderna, esta emisora regional que desde Venezuela ofrece las noticias con cierto margen de objetividad opositora, es como escuchar las palabras del Espíritu Santo. Y hay una razón muy poderosa en eso: Telesur fue creada para enfrentar el empuje antagónico en países donde la libertad de pensamiento y expresión es respetada; una información "a lo cubano" desmontaría de inmediato la credibilidad de aquellas comunidades donde se puede escuchar libremente la opinión adversa.

Cierto es que hay quienes nacen para pensar y quienes nacen para que piensen por ellos. Imaginar qué es lo mejor, discurrir sus pros y sus contras, profundizar en la mirada que sea capaz de vislumbrar el futuro como individuo y comunidad, son ideas que agregan un peso adicional a las neuronas, más cuando el análisis individual de cada ciudadano en el mundo es tan diverso como las arenas del mar. Esa diversidad es el talón de Aquiles de las democracias, pero a la vez es el motor impulsor, cuando saben manejarse, del desarrollo ulterior de los pueblos.

Europa del Este demoró siete décadas en comprender lo disfuncional del comunismo. No obstante la censura e implementación de partidos únicos, llegó el momento en que sus naciones despertaron y decidieron un cambio de ruta. Esos países hoy reconocen que el capitalismo no es ni perfecto ni justo, pero ante la opción de volver atrás, aceptan que hasta el momento no se ha descubierto nada que lo supere a la hora de crear el desarrollo, y lo prefieren. Por eso los rezagados del fiasco político marxista, basado en la supuesta igualdad que enmascara las ideas dictatoriales más rancias apoyadas en la burocracia estatal, inventaron un novedoso calificativo: "Socialismo del siglo XXI"

Y el Socialismo del Siglo XXI ha resultado ser –con apenas tres lustros de vida–una ficción chavista, intencionada a borrar de la mentalidad de los ingenuos el viejo sistema fracasado del comunismo europeo, pero que conserva sus esencias y subsiste en Cuba, con ramificaciones un poco menos radicales en algunos gobiernos proclives a él en América Latina.

No han sido necesarios los setenta y dos años sufridos por Europa del Este para que nuestro continente despierte del embrujo, pues no son las expediciones misioneras y las campañas "Yo sí puedo" y "Operación milagro" quienes llevan la prosperidad a los países del tercer mundo. Estas son campañas loables, es cierto; sobre todo cuando se tiene en cuenta que los gobiernos anteriores no supieron llevarlas a término y se olvidaron de los indígenas y de los pobres. Pero de poco sirve aprender a garabatear el alfabeto y mejorar la ceguera, cuando las condiciones económicas se derrumban y las infraestructuras de siglos se van a bolina por la mala administración de sus riquezas y el populismo burocrático.

El éxito estaría en conjugar los aciertos socialistas con la libertad para escogerlos; o sea: la democracia. Nunca será creíble representar esta democracia negando al pueblo un plebiscito o unas elecciones verdaderas; nadie creerá que una obra es de amor, cuando en cada alocución se amenaza a la ciudadanía que protesta y se le impone el criterio dictatorial.

Venezuela está sentada sobre un barril de pólvora. Hay que orar por Venezuela como alguna vez se hará por Cuba cuando llegue el momento del desenlace. Si estuviera permitido dar un consejo a Nicolás Maduro se le diría:

–Hermano, acepta el revocatorio, porque en él radica la voluntad popular que alguna vez te prefirió como presidente, porque en él está la esencia de la razón. Si es cierto, como tú aseguras, que el pueblo está contigo, votará a favor tuyo y continuarás tu obra con la dignidad de un verdadero líder. Si por el contrario, eligen revocarte, acéptalo como consintieron las presidentas de Argentina y Brasil; toma el ejemplo de José Mujica que, desde la altura de su vejez, disfruta tranquilamente en su modesta estancia, la obra de su vida.

 

Pedro Armando Junco

lunes, 11 de julio de 2016

Conclusiones heréticas

Tomado del sitio Cubanos por el mundo

 

A finales de mayo fuimos convocados a una reunión en la UNEAC para informarnos del déficit presupuestario que dejó la Feria del Libro en Camagüey este año. Estuvimos presentes algunos de los 26 escritores inscriptos en la citada organización, otros intelectuales más y el personal del Instituto del libro y la Editorial Ácana.

Fue una reunión a corazón abierto, o al menos ese fue el propósito del director. Él quería conocer las opiniones de todos y cada uno de nosotros; del por qué las ferias del libro han entrado en una fase declinatoria que es posible las haga desaparecer (el concepto en negrita y cursiva es mío). Y se lamentó además de que, a pesar de todos los esfuerzos del Instituto, es posible demoren un poco más los pagos de actividades que sirven de paliativos económicos. Estas actividades son conversatorios, presentaciones de libros y toda esa gama de diligencias promocionales que mantienen viva a la cultura provincial.

El director insistió en la franqueza. Pero todavía en Cuba no ha llegado la hora de decir la verdad "sencilla y naturalmente" que promulgó el Maestro. Se dijo algo, es cierto; pero nadie se atrevió, –incluyéndome a mí– a exponer algunas razones que bien podrían dar luz a esos "por qués".

Alguien culpó a los medios de difusión masiva por reducir su apoyo a las promociones de venta. Otro, la poca colaboración de los escritores a impulsar la comercialización de sus propios libros. Se escuchó la propuesta de un año sabático: detener las publicaciones hasta que se vendieran los libros en almacenes, como si los ejemplares de papel fueran papas en un frigorífico. No faltó quien propusiera llevar la librería a donde se aglomera el público, o sea, a los mercados de alimentos. ¡Imaginemos unos libreros en el Mercado del Hueco, un domingo, boinas negras de por medio, con anaqueles de libros frente a la cola de los pollos y los huevos!

Por lo que a mí respecta, tan herético como se me mira, di mi opinión basado en dos frases célebres, muy añosas por cierto, del Comandante en Jefe: La número uno: "La cultura es lo primero que hay que salvar". La número dos: "Los libros baratos y la cerveza cara". Luego de haber expuesto estas dos frases lapidarias, opiné que el Ministerio de Cultura debería hacer como México, Francia y otros países con Cuba: condonar el déficit de la Feria para no afectar a los escritores. Hubo un participante que me requirió porque esa reunión no era para estar hablando de condones. Sugerí, además, que la fábrica de cerveza Tínima de esta ciudad, llevando a contexto la segunda frase del Comandante, muy bien podía hacer un donativo de uno o dos millones de pesos de sus vastas utilidades para la cultura provincial. No perdamos de vista que el precio de la cerveza en Cuba está muy por encima de su costo.

Este es el esqueleto de aquella reunión. La verdad de esta crisis financiera en el Instituto del Libro, pensando como buen "herético" que soy, radica en la otra esquina. ¿Se ha tomado en cuenta que ya los libros no son tan baratos como hace treinta años? El ejemplar que costaba sesenta centavos, hoy vale veinte veces más, mientras los salarios apenas se han duplicado desde aquella fecha; o sea, hay un abismal salto en los precios de los libros de acuerdo a los sueldos de la población. ¿Se ha pensado objetivamente a la hora de llevar a cabo una publicación, lo que el público desea verdaderamente adquirir? Allí se constató que el pueblo compra en la feria libros infantiles, diccionarios, manuales de cocina –masoquismo ciudadano ante el escaso material para las recetas–, y autores muy críticos al sistema como Leonardo Padura y Pedro Juan Gutiérrez que, por cierto, apenas salen a la venta. Al parecer otro herético como yo, con potestad directiva, publicó este año a 1984 de Orwel, y voló. Se agotó apenas se supo de su existencia. Esto me proporciona otra interrogante: ¿Cómo un pueblo que se supone desconoce a Orwel por completo compró ese libro?

Los escritores contemporáneos no escriben policiacos, y si lo hacen es tanta la carga política oficialista como en los seriales televisivos, que se tornan inverosímiles. Allí los agentes del orden son perfectos. Nada que ver con el Mario Conde de Padura. Y si algún otro herético se manda a escribir una novela donde los policías de un punto de control le escamotean quesos, leche, mariscos e infinidad de productos al viajero, amparados en que son artículos ilícitos, pero luego se los llevan para sus casas y los disfrutan impúdicos, no hay consejo editorial de Cuba que se atreva a publicarlo. Y eso sí es verosímil.

Los textos políticos pululan, pero muy pocas personas los compran. ¿Será que a nadie le interesa mucho ese tipo de literatura? Pero eso no podía decirlo yo en aquella asamblea, pues no tengo madera de Jesucristo. Aquí corro el riesgo, pero me ampara la posibilidad de doblar a Galileo.

¿Qué se le da a un niño hambriento? ¡Un biberón de leche! ¿Qué a un pueblo que se lamenta? ¡Algo para que ría y lo saque del bache! He aquí la fórmula. Edítense cuentos humorísticos, novelas eróticas, ensayos críticos de la situación que vive la ciudadanía y verán los estanquillos quedarse vacíos…

Pero, eso sí; téngase siempre presente que: "Ni escribe el escritor, ni habla el orador, ni medita el legislador, sin libertad. De obrar con libertad viene obrar con grandeza".[1]

 

Pedro Armando Junco



[1] Martí Pérez, José. Obras Completas. Editorial Nacional de Cuba 1964. Tomo 14, Pg. 364

domingo, 3 de julio de 2016

"América entera estaba como despertando"

 

Tomado del sitio "Cubanos por el mundo"

 

Esta solemne frase de José Martí que encabeza el artículo, hoy en plena vigencia, corrobora una vez más la célebre intuición de Abraham Lincoln: "…todo un pueblo no puede permanecer engañado todo el tiempo".

Los pueblos despiertan poco a poco. Aunque sus individuos conforman grandes masas poblacionales, solo representan células del multitudinario cuerpo de una nación; células que, limitadas por sus breve existencia, no alcanzan a ver el desarrollo ulterior de la ciudadanía que alguna vez conformaron. El hombre vive décadas; los pueblos siglos y milenios.

Hoy Nuestra América está despertando de otro de sus grandes tropiezos, porque más se aprende de los golpes recibidos que de las orientaciones del entrenador. Los pueblos de América Latina son comunidades muy jóvenes aún en relación con la historia. Apenas hace dos siglos se liberaron de España tras una "adolescencia" lastimosa y oscura que perduró más de trescientos años.

Libres de la Metrópoli, llegaron, como avalancha de los Andes, las grandes tiranías y las más necias divisiones. América Central se hizo pedacitos, la Gran Colombia se fracturó en cinco nuevos estados… Sin embargo, lo peor no ha sido eso, sino que, cada una de estas bisoñas repúblicas pensó tener el acierto y la verdad de su parte en la representación de sus rectores. He allí el abono de las grandes dictaduras: que los tiranos empujan sus ideas como axiomáticas y los pueblos se las tragan sin pensarlo debido a la falta de las propias.

Cansados de los primeros autócratas, paso a paso, se fueron liberando, aún con el rezago de muchos que, disfrazados de demócratas, regían con mano despótica sus naciones. Por último, llegada la segunda mitad del siglo XX, aparecieron otros, que predicaban una "nueva y justa" ideología, y abanderaban su unidad en torno a un enemigo común que los explotaba, con el propósito de aglutinar el continente latino en aras de un ideal nacionalista. Esa fue la fórmula demagógica para enfrentar el "dañino" desarrollo de los monopolios extraterritoriales. Así satanizaron nombres: neoliberalismo, ultraderecha, globalización, etc., y calificaron al enemigo común: imperialismo yanqui.

Estos nuevos personajes, autoproclamados justicieros sociales, protectores de la raza autóctona y, sobre todo, enemigos del "enemigo común" que les trajo el desarrollo en inversiones foráneas –como alguna vez España la civilización europea– no se detuvieron a pensar que sin las transnacionales del siglo XX se viviría en América muy parecido al África ecuatorial, de igual manera que sin aquellos brutales ibéricos de hace quinientos años –con todo y sus crueldades, que para nada hay que justificar– sus descendientes –nosotros– no estaríamos aquí, y los retoños de aborígenes americanos que habrían llegado hasta hoy, cazarían con flechas, asesinarían en sacrificio a seres humanos y vestirían taparrabos.

 

Ante el fiasco del comunismo internacional, los sujetos de este cuento rejuvenecieron el nombre a la cofradía, llamándola Socialismo del siglo XXI. Como primer objetivo comenzaron a reformar las Cartas Magnas de los territorios que gobernaban de acuerdo a sus intenciones de permanencia eterna y lograron conformar un bloque; hasta que, descubierto el truco, cuyo objetivo era convertirse en vitalicios, se les tornaron difíciles de adulterar las constituciones de sus países. Aún así pretendieron pasar por demócratas para acallar el reclamo de los gobiernos occidentales a cuya familia pertenece América y han mantenido sistemas electorales de tradición liberal, sin percatarse de que los regímenes autocráticos son incompatibles con la libertad y los derechos democráticos de los pueblos. Ahora esos mismos pueblos que los aclamaron han comenzado a rechazarlos.

Como se hace urgente una justificación se echa la culpa al monopolio de los medios de información. ¿Pero, existe un monopolio mayor y arbitrario manejo de la información que el oficialista en todos estos países? Más fácil sería pensar que el enemigo potencial no radica en "el extranjero feroz que explota sus pueblos", sino en su burocrática dirección, en sus populistas y desacertadas medidas de regalar lo que nada les costó crear, en convidar al oportunista a vivir de la cháchara aprobatoria sin producir un chícharo con tal de atraerse a las masas inferiores. El resultado ha sido inmediato: la corrupción creciente de sus dirigentes, junto al libertinaje irrespetuoso de las leyes desde antaño establecidas en aras del orden y el desarrollo.

 

Esta es, a grandes rasgos, mi visión de la historia de América Latina. El presente es otro. El presente ofrece un panorama desalentador, porque el objetivo básico promulgado por esta novedosa doctrina, de haber sido en realidad altruista, democrática y pacífica, habría traído como resultado el bienestar de toda la comunidad americana, bajo normas de respeto y ayuda mutua.

Los autócratas del mundo nunca podrán jugar con la democracia. Resulta incongruente otorgar la oportunidad ciudadana a escogerlos o rechazarlos. Los pueblos se cansan de los mismos dirigentes y no por gusto los regímenes más desarrollados cambian sus directivos cada cierto tiempo. El retoñado peronismo de los Kisner acaba de ser derrotado; la popular presidenta del Brasil fue cazada infraganti en el intento de ocultar el déficit económico de su gobierno; el sucesor de Chávez en Venezuela, luego de arruinar a su país, obtiene el rechazo generalizado de una población que se siente engañada y lo repudia. El indito de Bolivia ha obtenido la respuesta del pueblo mediante las urnas: no lo quieren y desean el cambio. Correa en Ecuador ha sido maldecido hasta por la Naturaleza a pesar de no caer de lleno en la vorágine del socialismo ortodoxo; Nicaragua es el país más miserable de Centroamérica. Y el pueblo de Cuba se desangra en el éxodo, mientras aquellos que no abandonan la tierra, viven solo esperanzados y atentos al calendario, recontando los días en que la longevidad ponga fin a su desventura.

 

Pedro Armando Junco

domingo, 26 de junio de 2016

Censura

Tomado del sitio Cubanos por en mundo

 

"En un mundo lleno de hipócritas los sinceros somos malos", descubrí en el tablet de mi hija. Mi retoño de periodista se echó a reír cuando anoté el aforismo en mi agenda y le comuniqué la idea de comenzar un artículo con él.

Es cierto que los avatares de la vida han convertido al mundo en una madriguera de zorros. Hasta aparecen conceptos aprobatorios muy popularizados como el que reconoce a la hipocresía parte indisoluble de la cultura. En política, ni hablar. En política la mentira es la espada del gladiador que busca a toda costa ganar la pelea.

En sociedades como la nuestra, el aforismo se exacerba y la gran masa poblacional sobrevive gracias a la simulación, a la astucia, al doblez ante lo que se exige desde lo alto, todas características afines, sinonimias comunes de la hipocresía. Y el periodismo oficialista se torna nave proa en este mar de falacias incongruentes.

Sin embargo, dentro del marco estatal he visto aparecer últimamente a un joven reportero de la televisión cubana que pone su dedito sobre algunas llagas para nada traídas a colación antes de él. El nombre de este muchacho es Lázaro Manuel Alonso. Es un periodista fuera de serie que, casi a diario, aparece por el Noticiero Nacional de la Televisión criticando la desidia, las malas administraciones, los problemas inherentes al erróneo funcionamiento social, aunque siempre con la cautela del experto. Introduce el dedo, no en lunares abultados que otros de sus colegas han pasado por alto, sino hasta tocar la verruga que pone en juego el futuro bienestar de la nación. Pienso que el mérito que lo hace exclusivo radica en defender al pueblo de a pie

Claro que Lazarito juega tan solo con la cadena. Pero aún así está corriendo un riesgo enorme, porque el día que algún directivo de altura sienta que el muchacho le ha tocado el adenocarcinoma prostático, cuya causal ha tenido que ver con su persona, Lázaro Manuel desaparecerá del escenario público y jamás volveremos a escuchar su nombre.

Es posible también que tanta impugnación internacional a la falta de libertad periodística esté creando "críticos" dóciles para que nadie pueda declarar que en Cuba no hay libertad de prensa. Al parecer se le "está buscando la vuelta" al artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que, por cierto, muy poco se conoce dentro de la Isla.

Punto y aparte, no todo el mundo es hipócrita en la sociedad cubana. Los periodistas independientes, satanizados como opositores y otros motes peyorativos, exponen sus criterios a pesar de tener sobre sus cabezas la espada de Damocles de la detención y el encarcelamiento, se multiplican, echan sus "libelos" por otros medios no oficialistas y, aunque sus réplicas solo pueden ser leídas por muy pocas personas dentro de las fronteras, se les ha respetado hasta el momento con la misma condición impuesta a Lazarito: jugar solo con "la cadena".

Lo ominoso de este trastorno periodístico son las consecuencias negativas que traen, tanto para la población como para el mejor funcionamiento del Sistema, por no entregar al pueblo la información precisa, actualizada y sin ocultismo. Mostrar por los medios que todo marcha bien en el país, ha dejado resultados funestos en la sociedad; sobre todo la incredulidad poblacional. No hablar de una epidemia hasta el estallido general de la misma ha castrado la posibilidad de combatirla profilácticamente y detenerla a tiempo con el apoyo de la ciudadanía. No informar por los medios difusivos la delincuencia callejera –importada de los malandros venezolanos–, los asaltos y asesinatos que a diario estremecen a las familias cubanas, atentan contra la prevención que los padres habrían podido extremar con sus hijos, luego convertidos en víctimas. No permitir un espacio a la oposición, ignorarla, estigmatizarla, no consigue para nada que deje de existir, sino inculca en el individuo de a pie, cansado de tantas limitaciones sin reparo, a confraternizar con ella.   

La censura, si bien mantiene en el limbo a unos cuantos ciudadanos ignorantes, se reduce vertiginosamente gracias a los nuevos medios de comunicación que el siglo XXI pone a disposición de todo el orbe y nada ni nadie está capacitado para bloquear.

El cubano heterodoxo, lejos de ser "malo" como reprocha el aforismo de mi hija, es el verdadero amigo con que el Gobierno puede contar a la hora de inferir lo mejor para su pueblo. No importa que cada ciudadano tenga un punto de vista diferente al señalar la manera de sustraer a Cuba del bache económico, social y político en que está sumergida. Lo ideal es permitir que fluyan con entera libertad los criterios del cubano que piensa dentro de la Isla y que no está dispuesto a conformar ese mare mágnum de fugados que, sin importar los avatares de un futuro sin patria, prefieren abandonar el país en vez de ofrecer propuestas de cambios que, tarde o temprano, tendrán que llegar, porque lo disfuncional del sistema ya lo está avizorando.

 

Pedro Armando Junco

lunes, 20 de junio de 2016

Juguemos al absurdo

Tomado del sitio "Cubanos por el mundo"

 

Uno le dice a otro:

–¿A que tú no subes por la luz de mi linterna?

Y el otro responde:

–¿Me crees muy tonto, eh?¡Para cuando yo esté muy alto, apagues la linterna y me caiga!

De inmediato nos percatamos de estar en la presencia de dos orates. Sus parlamentos los denuncian.

Alguien me habló alguna vez de la teoría del absurdo. Sus ideólogos aseguran que nada mejor para alcanzar la verdad que anteponerle su contraparte ilógico. Por eso, cuando leí Esperando a Godot, Premio Nobel de literatura 1969, me fue preciso elevar la entelequia para comprender tanta sabiduría del autor en aquellos insensatos personajes. Impactante es la escena donde a uno de estos le da por auxiliar al esclavo que maltratan con látigo y soga al cuello, y al acercarse al infeliz recibe de este una patada en la pierna como recompensa.

Esta obra teatral del irlandés Samuel Beckett ha regresado a mi memoria ante la declaración conjunta, sin abstenciones, de todos los campesinos cafetaleros de Cuba al negarse a vender su rico grano, de manera directa, sin la intervención del Estado, a empresas norteamericanas. ¡Todos los cosecheros de café han declarado un rotundo NO a las insidiosas propuestas del Imperialismo! Todos, mediante sus voceros dirigentes de la ANAP, prefieren vender sus producciones al acopio estatal –entiéndase monopolio estatal– en decidido acuerdo a no exportarlas directamente y quizás por veinte veces mejor precio a los Estados Unidos. Es el paradigma del fervor patriótico.

Razón no les falta. ¿Cómo traicionar a la Revolución que trajo la igualdad a todos los cubanos: las consultas médicas gratuitas, la educación generalizada, la cultura popular y el deporte como derecho del pueblo, a pesar de la apatía de los galenos, la incapacidad de muchos maestros, la vulgaridad del arte y la migración de los mejores atletas?

¿Por qué vender el café a cambio de billetes verdes que solo servirían para soliviantar los deseos morbosos de adquirir un carro para salir de vez en cuando a visitar la novedosa casa en la ciudad, estando convencidos de que ello traería por resultado el abultamiento excesivo e incómodo del abdomen como lo sufre hoy la mayoría de la dirigencia estatal? Lo correcto es la bicicleta y la "chivichana", que endurecen las piernas, fortifican los pulmones, mantienen a raya la laxitud de los rectos abdominales y retraen del mal hábito del acomodamiento, como aconsejara alguna vez, muy sonriente, el anterior presidente del país al principio del Período Especial

Si los imperialistas yanquis liquidan directo al productor la recolección de café al precio que se les paga a cualquier otro cosechero en el mundo, puede que hasta les dé a estos por vestirse de turistas y salir a conocer países lejanos y, –de la misma forma que Ricardo Alarcón explicó hace algunos años en histórica conferencia al estudiante de la UCI Eliécer Ávila– el cielo se nublaría de aviones con cubanos dentro y allá arriba, entre lo vaporoso de las nubes, se crearían embotellamientos gigantescos, fatales accidentes del espacio y el caos aeronáutico.

Estos son algunos de los "por qué" nuestros cafetaleros, mediante sus portavoces de la ANAP gritan al mundo que para nada hace falta ese billete verde en nuestro país, cuando sobran escuelas y hospitales gratuitos, cuando se siente que se pega como en pecho propio una medalla a cada deportista de alto rendimiento, o se informa que Silvio Rodríguez y Alicia Alonso han sido condecorados en el confín de la Tierra. Acá nos basta con ir de vacaciones al Campismo Popular, a orillas de un río, a comer pececitos mareados de agua dulce, en remembranza de nuestros aborígenes; lejos de la insidiosa invitación a Varadero, a Guardalavaca, a los hoteles cinco estrellas de Cayo Largo y la cayería norte de Cuba. Acá, hasta morirnos nos resulta grato, pues no tenemos la preocupación del costo del entierro puesto que hasta el sarcófago se nos regala.

¿Qué futuro esperaría a este país si luego de aceptar el negocio propuesto por el imperialismo yanqui a los cosecheros de café, les da a los seguideros del "Hermano Obama" por proponer comprarle en directo el excedente de sus reses a los ganaderos cubanos y sus cuerdas de tabacos a los vegueros de Pinar del Río y villareños, como a todo propietario cubano sus creaciones?

Pero el mundo continúa igual a como lo representó Samuel Beckett en Esperando a Godott, y el pueblo de Cuba no ha podido retraerse –todavía– a tan sencilla manera de pensar.

 

Pedro Armando Junco

domingo, 12 de junio de 2016

En Camagüey no tiembla la tierra, pero se derrumban los edificios

Tomado del sitio Cubanos por el mundo

 

El sábado 23 de abril, apenas caída la noche, se desplomó un edificio que sirvió durante sus últimos años como fábrica de camisas y ropas escolares. Los torrenciales aguaceros de dos días anteriores, al parecer, fueron las últimas causas del hundimiento del techo de tejas criollas del local, cuyos restos fueron a parar junto a otros escombros hasta la calle Luaces, frente al parque José Martí.

El deterioro interno del inmueble obligó a la dirección de industrias locales a evacuarlo con vista a una futura reparación, por sus muchos años de existencia sin el auxilio de mantenimientos y cuidados; pero como siempre sucede, así quedó todo en proyectos burocráticos hasta la noche del colapso.

Cuentan los vecinos del lugar que, afortunadamente, no pernoctaba nadie dentro de la industria en el momento del desastre. Y a partir del siguiente día, como sucedió donde convergen las calles Independencia y Cisneros, República y San Esteban, fue cerrado el tránsito por tiempo indefinido: un corralón de madera bloquea ahora la calle Luaces, importante vía que se encamina hasta el centro comercial de la ciudad. Puede que transcurran meses y años hasta que la calle se abra nuevamente a la circulación.

Con algunas industrias cuenta Camagüey: la fábrica de cervezas Tínima, la de helados Coppelia, la de ron Puerto Príncipe, las de refrescos gaseados, la de tabacos El Surco, la de pienso animal, son algunas de las principales… Ah, y la de armas de fuego, eufemísticamente conocida como Planta Mecánica. Pero las que acabo de mencionar pertenecen a nuevas creaciones del período revolucionario. Esta fábrica de ropa funcionaba en un local antiguo, seguramente nacionalizado después de 1959, pero ofrecía trabajo a más de un centenar de mujeres que, por lo céntrico del lugar, su fácil acceso constituía una invitación a las costureras del patio. Si los salarios de allí, como en todos los empleos estatales, no eran capaces de solventar el cúmulo de necesidades del gremio, al menos "la lucha", de manera similar a como "resuelven" otros obreros públicos, les permitía sobrevivir a los altos costos de la vida. Un retazo de tela o algún carrete de hilo escamoteados son en Cuba objetos de valor capaces de representar una jornada de trabajo.

Camagüey se está cayendo a pedazos desde hace décadas. Desde el pasado siglo, la prohibición de colocar un ladrillo sin el permiso burocrático correspondiente y el alto precio de los materiales de construcción en la actualidad, han redundado en la difícil reparación de viviendas particulares; paralelo a esto, la desidia en la restauración y saneamiento de construcciones pertenecientes al Estado, por ser muchas y por la carencia del sentido de pertenencia de quienes las utilizan, determinan el desplome a diario, sobre todo en épocas de lluvia.

Nada se ha dicho al respecto por los medios de comunicación oficiales. Es penoso, pero es la triste realidad de la tierra de El Mayor. Si antes hablé de la reducción vial en el más abarcador Casco Histórico del país, no puedo ahora callar ante la necesidad urgente de salvar edificaciones útiles antes de que toda su estructura se despeñe y se convierta en escombros.

 

Pedro Armando Junco

 

lunes, 30 de mayo de 2016

La rebaja de los precios

Tomado del sitio "Cubanos por el mundo"

 

Si pegas diez azotes a tu esclavo cada mañana, cuando le anuncies que a partir del siguiente día solo lo azotarás ocho veces, te responderá "gracias, amo" y dormirá con una sonrisa de felicidad toda la noche.

Algo así es lo que disfruta una gran parte de la población cubana con la rebaja de los precios en algunos productos alimenticios de primera necesidad. Mucha gente ríe satisfecha, llena de euforia, abrigando la esperanza de que los artículos vitales continúen declinando sus costos y se aplique cada vez más esta medida a una mayor cantidad de ellos. ¡Hasta Pánfilo pensó comprarse un televisor nuevo! Algunos escépticos piensan que la oferta caducará pasado el Primero de Mayo…; otros atribuyen el "generoso" proceder a los acuerdos tomados en el Séptimo Congreso del Partido. No faltan tampoco quienes desconfíen de que, pasadas algunas semanas, los vuelvan a subir como metódicamente se acostumbra.

Sin embargo, muy pocos "proles" han razonado que el precio del arroz oscilaba siempre entre los veinte centavos por libra y de que la rebaja de un peso con relación a los cinco de su costo actual, es una mueca a la historia. En términos aritméticos, es fácil calcular que cinco pesos es veinticinco veces mayor a la de su precio tradicional y que, al dejarlo en cuatro pesos, no existe tal rebaja, sino se mantiene el aumento veinte veces por encima de lo normal en relación con los salarios habituales del pueblo de a pie.

De igual forma pueden entenderse las "gangas" del aceite, de los chícharos, y de ese ínfimo puñado de mercancías que la prensa, la radio y la televisión oficial repiten con bombo y platillos como un generoso regalo. Nada se dijo del "café de la Victoria" –recordando a Orwell–, mejunje diabólico que nos vemos obligados a ingerir mientras en las shopping aparecen el Café Cubitas y el Café Serrano a un costo imposible de solventar por el bolsillo obrero. Tampoco se habla de la carne, del pescado, de los mariscos vedados a la población. Solo el pollo, importado de la producción del "enemigo del que nada necesitamos", seguramente adquirido a pocos centavos la libra, se le vende ahora a la ciudadanía a 2.60 CUC por unidad, que al llevarlo a la increíble conversión de la divisa en pesos naturales asciende a sesenta y cinco (65) pesos cubanos.

Pero muchos tontos sonríen complacidos. Sobre todo aquellos que reciben la fatiga y sangre de sus familiares en el exterior convertida en divisas, los que han conseguido salirse del carril de trabajo estatal y de una manera u otra, a veces involucrándose en un negocio turbio o estafando al prójimo en anaqueles propios, se conforman con el status quo.

El ejemplo más evidente radica en el pan. El precio de la flauta de pan común fue siempre de veinte centavos. El gobierno liberó su entrega: a tres pesos el pan suave y a cuatro el pan duro. Entiéndase que esa liberalización aumentó el precio quince y veinte veces de lo normal, respectivamente. La justificación ha radicado en que todas las mañanas cada ciudadano del país tiene derecho a una bolita de pan, pequeña y dura, por la libreta de racionamiento, a cinco centavos solamente. El que quiera más bolitas de pan debe pagarlo quince o veinte veces más caro.  Esto dio lugar al surgimiento del vendedor ambulante por cuenta propia, que sale en bicicleta con cincuenta panes de a tres pesos y los expende a cinco: le gana dos pesos a cada flauta; si vende los cincuenta, gana cien pesos en solo un par de horas: cien pesos es el aproximado de entre ocho o diez jornadas de trabajo del obrero cubano. ¡Ese vendedor de pan, puede comprar pollo en la shopping! Y así con todo.

A veces me cohíbo de revelar estos desbalances sociales por temor a que el Estado se la coja con estos vendedores ambulantes, en vez de ofertar la flauta de pan a sus 20 centavos naturales.

El colapso vendrá cuando algún sesudo del Ministerio de Economía determine aumentar los salarios como ya hicieron con la salud y es urgente llevar a cabo en la educación para no quedarse sin maestros. Si se aumentan los salarios estatales en general, resolverán el problema a corto plazo, para luego caer en una inflación igual a la que ha llevado la quiebra económica a Venezuela.

 

El talón de Aquiles de la economía cubana radica en los millones de puestos de trabajos improductivos que representan el exceso de circulante no remunerable. Es contrario a la lógica financiera, incluyendo la marxista, que la plusvalía de una producción, multiplicada en la venta al detalle entre diez y cien veces con relación a su costo, sea retenida en la mano estatal en detrimento de la ciudadanía. La doble moneda enmascara la gran estafa, donde muchos aceptan que una botella de aceite vale $2.40, cuando en realidad cuesta sesenta pesos.  

Estos beneficios cosméticos de limosna, para nada resolverán el desmantelamiento poblacional cubano. Los jóvenes continuarán marchándose, los inescrupulosos "merolicos" seguirán devorando a su prójimo, los dirigentes de acomodadas residencias y carros modernos persistirán en no soltar el jamón de sus manos y coadyuvarán al acoso y a la persecución de quienes levanten la voz para quejarse. Y la ley de la selva prevalecerá un tiempo indefinido hasta que todo el pueblo sea capaz de abrir los ojos y entienda que no hay razón para alegrarse cuando el amo reduce de diez a ocho los azotes de por la mañana.

 

Pedro Armando Junco