lunes, 5 de diciembre de 2016

Aberraciones incongruentes

Pocos Sistemas en el mundo son tan incongruentes como el cubano a la hora de cometer sus errores. Quizás el exceso de celo por "revolucionar" todo sea la causa principal de estos desatinos políticos, que se apartan de la lógica con prisa de electrones en átomo que estalla. Lo peor no radica en lo insensato de las proposiciones, sino en una voluntad oculta por formar nebulosas atronadoras en los ojos y oídos domesticados en parte de una ciudadanía, que luego las reproduce como acertadas.

¿Quién que medite con justeza puede afirmar que "el 26 es el día más alegre de la historia" como repite el estribillo de una cancioncita mediocre actualmente reproducida por la televisión en saludo a la trágica fecha? Una madrugada luctuosa en la que cayeron decenas de jóvenes, muchos de ellos torturados y luego asesinados a manos frías, ¿puede resultar alegre para alguien que no sean los esbirros ejecutores de tales barbaridades? Celebrar el Primero de enero de 1959 cabe en la lógica de la misma manera que el 20 de mayo o los Gritos de Yara y de Baire, cuyas venturosas páginas han quedado escritas con gritos de rebeldía y de victoria. Pero, solo cerebros aturdidos pueden creer que el 26 de julio sea digno de celebración festiva hasta para los comunistas más conservadores.

No es esa solamente la pifia histórica en la que se tergiversa el sentido fervoroso de la nación cubana. Porque a la hora de bautizar una empresa, una granja o una comunidad recién construida, prefieren nombrarla con el sitio infortunado en la que perecieron los mártires que se pretenden honrar. Tal es el caso de Vado del Yeso en la provincia Granma o, peor aún, Jimaguayú en Camagüey. ¿Quién desconoce en Cuba que Vado del Yeso fue el lugar de la selva boliviana en que emboscaron a una fracción de la guerrilla del Che al cruzar un río y los ametrallaron en medio del cruce, dentro de las aguas? ¿Es digno de enarbolar ese nombre en una comunidad nueva, allá en las cercanías de Bayamo? En Camagüey se tomó el nombre del sitio donde cayera el mayor general Ignacio Agramonte, nombrado desde antes del suceso Jimaguayú, y se le ha calcado e impuesto a un municipio recién creado. Desde entonces el visitante foráneo si busca el lugar del obelisco histórico que rinde honores al Héroe del Rescate, puede que vaya a dar a un poblado muy distante de aquel, que para nada tiene que ver con el sitio originario.

A comienzos del siglo XX, apenas instaurada la República, los mambises victoriosos cambiaron el españolizado Santa María del Puerto del Príncipe por el sencillo Camagüey, la tercera ciudad de Cuba. Era la respuesta apropiada que nuestros padres fundadores dieron a las monarquías ibéricas y el justificado reconocimiento al cacique Camaguebax, autóctono nativo y dueño de estas tierras quien, con la natural generosidad indígena, diera bienvenida y cobijo a los primeros habitantes de la villa en los comienzos del siglo XVI. "Camagüey", palabra sonora y aguda, de fácil recordación y para nada homófona con otros calificativos, resultó perfecta y reconocida hasta en el mapamundi. Ahora el arcaico nombre "Puerto Príncipe" aparece hasta en las promociones turísticas más comunes, y a los habitantes de la ciudad se les nombra "principeños" con la clara intención de opacar el que con tanto orgullo muestran los lugareños.

En esta misma ciudad se reproducen situaciones análogas que hasta nuestros historiadores reconocen: Salvador Cisneros Betancourt, ilustre camagüeyano de la independencia, aborrecía se le nombrara con su título de nobleza "Marqués de Santa Lucía". ¡Todos los intelectuales lo saben! Pues ahora, su casa natal, convertida en hostal del Estado, lleva inscripto en la fachada: "La casa del Marqués". 

¿Cuál será el móvil de este empeño por opacar la voluntad de los próceres que lo entregaron todo por la Patria? ¿Por qué la determinación de nuestros mambises no es respetada en la memoria de los nuevos hijos? ¿Acaso será porque Ignacio Agramonte deploraba el comunismo y Salvador Cisneros era anexionista?

El odio a los Estados Unidos ha sido capaz de tergiversar la historia. Para nada se enseña en las escuelas que el ejército norteamericano fue quien en definitiva echó de Cuba al ejército colonial. Se ha llegado a la aberración histórica de rendir honores al Almirante Cervera, el más alto oficial naval de España en Cuba al final de la Guerra de Independencia. Cuando éste se negó a rendir su flota a la armada de los Estados Unidos que bloqueaba la bahía de Santiago de Cuba y luchaba al lado de nuestros patriotas, lanzó imprudente todos sus buques a romper el cerco. Por supuesto, los norteamericanos le hundieron la flota. Y quizás porque se la hundieron los norteamericanos, eso haya bastado para vender la imagen de Cervera como un héroe histórico.

El odio ha exacerbado tanto el cerebro dócil de tantos cubanos, que hasta muchos artistas se ceban en promoverlo. El ejemplo más evidente es el de Elpidio Valdés, un cómic fílmico que nació con la Revolución y representa a un coronel mambí en la guerra contra España. Los niños cubanos y, ¿por qué no? los adultos también, se deleitaban con aquellos cortos fílmicos y se identificaban con los personajes de la serie donde, hasta el caballo Palmiche, combatía contra los colonizadores. Pues, de la noche a la mañana, los malos ya no eran tanto los soldados de España como los magnates norteamericanos, tipos crueles, bribones y ridículos.

Pudiera escribir infinidad de cuartillas más con ejemplos fehacientes de la pésima correspondencia con la verdad histórica como los acabados de citar. En las clases de historia de los escolares cubanos reina un alejamiento tal de la autenticidad, que los nombres de Miguel Tourbe Tolón –diseñador de la bandera y el escudo de la Patria– y Narciso López, primer hombre en izar en Cárdenas el respetado estandarte nacional, son borrados de los programas de estudio, y cuando se habla de ellos es para vituperarlos por el solo motivo de que fueron anexionistas. Es la manipulación más morbosa de la identidad nacional cubana. ¿Qué habría dicho ante estas manipulaciones el Padre Valera que nos enseñó a pensar? ¿Qué habría dicho Martí, tan aferrado siempre a la verdad histórica y al respeto y a la negación del odio hasta de sus propios enemigos?

Sin embargo, lo que parecen ignorar los responsables de estos desaciertos es que cada día que pasa, debido a la deficiente administración del Estado y al poco respeto a la soberanía individual, se cierne en Cuba, como hace más de cien años, una tendencia anexionista en la población, que pone en peligro inminente el futuro de Cuba independiente, libre y soberana.



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jueves, 17 de noviembre de 2016

Crónicas de un pueblo pequeño

Hace aproximadamente un mes no subo nada a mi blog. Motivos de salud y ocupaciones varias han interrumpido mis ciclos semanales o decenales. Pido disculpas a mis seguidores.
Allí les envío la cubierta de mi último libro que, a pesar de no tener una portada tan atractiva como yo hubiese querido, se agotó en el mismo agosto cuando salió a la venta. Está compuesto por quince textos reales, humorísticos y un poco más eróticos de lo que me había propuesto; sin embargo, al parecer ha sido esto el mayor éxito de venta y el propulsor de los comentarios favorables que ha recibido.
Pude hurgar en el almacén y encontrar una veintena de ejemplares en el día de ayer, que serán presentados y vendidos el próximo sábado 19 de noviembre en la sede provincial de la UNEAC en Camagüey. Aviso por este medio a todas las personas que no alcanzaron a comprarlo cuando estuvo en los estantes de las librerías, porque estos serán los últimos disponibles hasta que logremos una futura reedición. 
Un abrazo fraterno y
¡Hasta pronto!

domingo, 23 de octubre de 2016

¿Esclavos?

 El nivel de esclavitud de un pueblo lo determina la suma de libertades que lo restringen. La esclavitud y la libertad son los dos extremos de una balanza que a la medida de su inclinación hacia abajo por el peso que carga uno de sus platillos, eleva su contraparte.

Esto le expliqué a un estudiante de preuniversitario hace algunas jornadas cuando me preguntó si coincidía con el criterio de su abuelo, quien asegura que el pueblo cubano sufre una esclavitud moderna.

Como es natural, demoré algunos minutos en responder a su pregunta. Con los adolescentes y los niños hay que ser sumamente cautelosos a la hora de ofrecer discernimientos, más cuando presentan interrogantes basadas en la admiración y el respeto que sienten por nosotros. Aquello que expresemos lo impregnan como axioma dogmático para toda su vida. Los niños inteligentes piensan por sí mismos para luego ir en busca de un adulto que, para ellos, tiene reconocido criterio propio.

Para esquivar su disparo le había respondido con otra pregunta:

–¿En qué basas tu opinión sobre la condición de esclavo moderno?

–En muchas características, profe. (Los muchachos de la enseñanza media llaman "profe" a todo aquel que consideran instruido).

–¿Por ejemplo…?

–Los esclavos de siglos anteriores sufrían castigos que hoy serían nada funcionales: el grillete, el látigo, la mutilación… Pero asegura mi abuelo que los cubanos hemos perdido derechos que gozábamos antes del triunfo de la Revolución y a eso llama él la esclavitud moderna.

 

El jovencito se había informado con su abuelo que en enero de 1959 más del 90 por ciento de los cubanos eran filelistas. Que el pueblo colocaba carteles en las puertas de entrada a sus hogares: "Fidel, esta es tu casa". Y que, al parecer, el máximo líder se tomó el ofrecimiento muy en serio: prohibió la venta de viviendas y confiscó a todo quien mantuviera a su nombre más de una, todas las restantes. A eso le llamó Reforma Urbana.

Luego hizo igual con las haciendas y le llamó Reforma Agraria. Confiscó los negocios, desde grandes corporaciones hasta el último timbiriche particular de los cuales sobrevivían miles de familias proletarias paliando la estrechez con sus escuetas utilidades. Su abuelo le había contado con sonrisa irónica, que no escaparon a las confiscaciones ni las tijeras y peines de los barberos. A eso no apareció cómo llamarle.

Se prohibió la tenencia de armas de fuego. Se fusiló o se encarceló a quienes se rebelaron. Se nacionalizó el sindicato y, junto a él, se eliminó el derecho a huelga. Se les hizo saber a los intelectuales que "con la Revolución todo y contra la Revolución nada", dejando en la ambigüedad el concepto, pero en clara advertencia para los que pretendieran esgrimir razonamientos individuales en publicaciones y obras artísticas de cualquier tipo. El pueblo de Cuba, en pleno, quedó al desnudo de sus derechos elementales: sin posesiones, sin armas y sin la posibilidad de mostrar su descontento. Los grandes ideólogos de las tiranías, sobre todo Stalin, estuvieron siempre convencidos de que un pueblo miserable no es capaz de rebelarse.

Esto sucedió en la primera década de la Revolución. Los resultados no se hicieron esperar. La población, en su totalidad, pasó al proletariado. Surgió la libreta de racionamiento, macabra idea leninista de cuando en Rusia el pueblo se moría de hambre a tendales. La cuota de café se redujo junto a la de carne y otros artículos de primerísima necesidad. Al minifundio se le prohibió la venta de sus producciones a no ser al Estado; el ganadero que sacrificara una res para el consumo familiar sería castigado con largas penas de cárcel; y así con la generalidad de los productores individuales, creando el monopolio más grande del que se tenga memoria en la historia de Cuba, incluyendo los siglos de coloniaje.

Se creó un documento oficial para quienes pretendieran abandonar el país: la "carta blanca", controlada por el Ministerio del Interior y prácticamente inalcanzable al ciudadano común, salvo en casos excepcionales. El cubano pasó a ser un recluso más dentro del limitado territorio de la Isla, y a todos aquellos que emigraran de forma ilegal como a quien se hiciese ciudadano extranjero, se les despojó de la ciudadanía. Para mayor limitación aún, se restringió el derecho a residir en La Habana a los foráneos de otras provincias.

En 1973 se privó al pueblo del derecho a comparecer directamente frente a un tribunal como acusador aunque tuviese pruebas de haber sido el perjudicado principal, sin importar cual hubiese sido el agravio o los daños sufridos, violando así el artículo seis de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica.

 

En 1975 decenas de miles de cubanos fueron enviados a pelear en Angola. Negarse a participar como soldados en esa guerra era duramente castigado, sobre todo en los jóvenes del Servicio Militar Obligatorio. Los militantes del Partido y la Juventud comunista que rehusaran engrosar esas filas como soldados, eran despojados de sus militancias y los no militantes eran separados de sus centros de trabajo. Miles de estos cubanos, perdieron la vida por una causa injerencista en los asuntos de otro país, que nada tenía que ver con ellos. Todavía el pueblo desconoce la cantidad de compatriotas muertos en esa aventura.

En 1980 la homofobia alcanzó su máximo grado de preponderancia cuando un grupo de desesperados invadió la embajada del Perú: se abrió un puerto para la deportación y por allí se expulsaron homosexuales, desafectos, y presidiarios hacia Estados Unidos. La anuencia humanista del presidente Carter le costó la presidencia al Partido Demócrata en los Estados Unidos,

A final de esa década colapsó el comunismo europeo y sobrevino una miseria sin precedentes en la historia de Cuba. La manera de sobrellevarla estuvo en la implementación de mayores restricciones ciudadanas y hasta se habló de cocinas comuneras y crear hábitat al estilo indígena. Por fortuna apareció Chávez con su petróleo canjeado por personal cubano de alta calificación, arrendado por el estado cubano. Esos "internacionalistas" colaboradores recibieron apenas un miserable estipendio de lo que Venezuela pagaba por su trabajo.

La posesión de un dólar norteamericano se castigó con varios años de cárcel. Se restringió en mayor grado el consumo de  pescados y el ciudadano común nunca más tuvo derecho a probar mariscos, carne de res y otros derivados de la ganadería.

Llegó el nuevo milenio –explicaría el abuelo al joven estudiante de preuniversitario–. El tiempo hizo su trabajo y la dirección del país pasó, aparentemente – recalcó el abuelo con ironía–, a manos de Raúl Castro, el General Presidente.

El General Presidente abrió algunas vertientes ante la agobiada situación ciudadana con su lema reiterativo "sin prisa, pero sin pausa". Suprimió las restricciones de salida, sin soltar por completo la cuerda mediante el acápite de un decreto. Permitió el trabajo individual, a pesar de impedir el crecimiento económico de los negocios y mucho menos la autorización a un ciudadano nacional para una inversión de envergadura, cuyo privilegio se reservó solo para extranjeros. Se liberó la tenencia del dólar, pero toda remesa que llega al individuo, es canjeada de inmediato por un billete que no tiene valor alguno fuera del territorio nacional.

El pueblo de Cuba prosigue bebiendo en los amaneceres un mejunje que no es café puro. Pone en su mesa engrudos de picadillos con alta proporción de soja, haciéndole creer que come carne. Compra en las "trapishoping" ropas de uso, donadas como limosna por otros países. Continúa ganando un peso que vale cuatro centavos. Asiste de vacaciones a campismos populares en las orillas de un río como los aborígenes, porque Varadero está reservado para los extranjeros y los altos dirigentes. Su estrechez proletaria no le permite solventar ni el pasaje en avión para salir al exterior y carece de caudal para comprar un carro. El monopolio estatal se traga, a manera de embudo, la escasa producción agrícola a precios irrisorios. No se permite ni se reconoce el descontento popular, abatiendo a mujeres con flores cuando salen a la calle a protestar de manera pacífica y se acalla la voz de la disidencia, la oposición y los libres pensadores con el hermético silencio de los medios masivos de difusión, el bloqueo de los sitios de internet y emisoras radiales que se consideran "enemigos"…

Luego de escuchar todas aquellas conjeturas del joven estudiante de preuniversitario, no me quedó otra opción que responder al muchacho:

–Tú perteneces a la nueva generación de cubanos que representa el futuro de la Patria. Tú eres un joven talentoso y amigo de la verdad y la sabiduría. Tú tienes el derecho a determinar por tus propios razonamientos, si el pueblo de Cuba es o no, un pueblo de esclavos; y, por supuesto, el deber de trabajar para que esas injusticias sean eliminadas.

 

Pedro Armando Junco

 

 

viernes, 14 de octubre de 2016

Mi nieto

Mi nieto Enmanuel Enrique ya tiene dos meses. Conmigo es con quien siempre sonríe. No hace más que escuchar mi voz y me busca con la mirada hasta dar conmigo. Entonces me suelta sus desdentadas risas y gorjeos. ¿No es cierto que es hermoso?

domingo, 2 de octubre de 2016

¿Cuál es el reto que nos espera?

Tomado del sitio "Cubanos por el mundo"

 

Quizás parezca anacrónico el análisis que pretendo hacer. Pero luego de la visita de Barack Obama a Cuba, el presidente norteño visitó otros países del hemisferio y de Europa. En particular, llamaron mucho la atención sus recibimientos en Argentina y España que, según la prensa nacional de nuestro país, matizaron ambos aterrizajes oleadas de protestas ciudadanas contra el representante de la Casa Blanca. Se vio en el noticiero estelar de televisión, tanto a españoles como argentinos, enarbolar pancartas de repudio hacia un hombre demócrata, pacifista y conciliador por solo representar al gobierno y al pueblo norteamericano. Claro que en estos dos países aludidos reina la democracia y el derecho a disentir abiertamente, aún cuando solo elementos extremistas se propongan hacerlo.

Sin embargo, se pasó por alto que en Cuba, a la llegada del presidente Obama, del pueblo "más antimperialista del continente" no apareciera uno solo de sus habitantes a gritar improperios o mostrar un letrerito siquiera en el que se pusiera de relieve la desavenencia por el líder negro del "Norte revuelto y brutal". ¡Ni un ciudadano repudió la llegada! Y los que intentaron festejarla, según videos que ruedan clandestinos entre la población, fueron reprimidos brutalmente.

Fue una visita sui géneris. Significativamente contrario a lo tradicional, el presidente del país anfitrión no asistió a saludarlo; tampoco se mostraron imágenes del recorrido por más de veinte kilómetros que separa al aeropuerto José Martí del centro de La Habana.

En las jornadas posteriores el mundo pudo palpar en el rostro del General Presidente la alegría de la paz. Había llegado el momento del fraterno abrazo de dos hermanos que se distanciaron alguna vez y ahora se reconciliaban. Hay, además, una realidad tangible en todo esto que no ha salido por la prensa y se ha pasado por alto: el pueblo de Cuba se mostró obamista. Se volvió a hablar del empoderamiento de los cubanos y su derecho a escoger libremente su destino. En la calle, en los centros laborales, en cualquier sitio, la gente hablaba con entusiasmo y aplaudía el discurso "Cultivo una rosa blanca" que el visitante dirigió al Gobierno y al pueblo en el insigne teatro habanero. Desde el balcón se pudo ver la grata complacencia en el rostro del General Presidente. Porque hay una poderosa virtud en Raúl Castro: no sabe ser hipócrita.

Unos días después, en el Congreso del Partido apareció la rancia idea de medio siglo atrás y se desplomó el castillo de naipes. Vuelta otra vez a lo mismo y retóricas van y retóricas vienen, y a continuación el clímax de la crisis venezolana que es lo mismo que la crisis en Cuba y… un nuevo Periodo Especial a las puertas del pueblo cubano. 

Las conversaciones continúan estancadas. Se reclama por el lado de acá la suspensión del bloqueo, desactivación de la Ley de Ajuste y que se devuelva la Base Naval de Guantánamo. Pero no se menciona que por el lado de allá se exige el respeto y reconocimiento de la disidencia y la oposición y –¡vuelta con la palabrita que tanto molesta!– el empoderamiento real y objetivo del pueblo de Cuba con su derecho adjunto a recibir los frutos reales de su trabajo sin intermediario estatal.

Hay quienes opinan que la alta dirigencia de Cuba está dividida y habrá que esperar unos "añitos" más para que los cambios fundamentales en el sistema echen a andar los potenciales económicos que yacen dormidos en la nación cubana. A fin de cuentas, si existe esta división, ¡pobres los girondinos!

La orden del día en los politólogos cubanos no es el futuro de Cuba, sino las elecciones en los Estados Unidos. Que si la demócrata o el republicano. Se especula sobre lo ajeno y se margina lo propio. ¿Por qué no se habla en la Mesa Redonda de las elecciones en Cuba para el 2018 cuando ya el General Presidente se retire? ¿Será un factor determinante la población cubana a la hora de escoger un nuevo presidente? ¿Podrá el pueblo, mediante voto directo y secreto seleccionar al hombre o la mujer que deba dirigir esta nación cansada de tanta miseria?

Por lo pronto, la incertidumbre radica en que, tanto la Clinton como el Trump, en vez de mirar con misericordia a los cubanos de a pie como lo ha hecho Obama, entre en arreglo con la oligarquía en el poder, suspendan el bloqueo, devuelvan la Base, anulen la Ley de Ajuste y permitan a los grandes consorcios de su país invertir en Cuba tomando como obreros a los millones de proletarios nacionales que andan en bicicleta o a pie, que se alimentan de pésimos engrudos, y les importe un bledo que quienes gobiernen el futuro de Cuba continúen pagando con monedas engañosas, les impidan ventilar sus inconformidades por los medios, manifestar en público sus deseos y aspirar a manejar negocios propios sin limitaciones económicas.

   

Pedro Armando Junco

 

domingo, 11 de septiembre de 2016

Mi hija Ana Dalia en preuniversitario

Me siento complacido al ver a mi hija más joven matricular décimo grado. Cuando nació temí no poder llegar a verla hecha una jovencita, pues yo contaba ya 54 años. La fortuna ha querido que la haya visto crecer y desarrollarse a mi lado. Es inteligente, bella y buena, virtudes pocas veces reunidas en la misma persona.
Tanto es mi orgullo que allí se la presento como la mayor de mis riquezas.
 
Pedro Armando Junco

viernes, 9 de septiembre de 2016

Los pescozones al gato

Tomado del sitio "cubanos por el mundo"

Los gatos de mi casa fastidian en demasía. Son muchos y cada uno de ellos es diferente: unos son mansos y cariñosos; otros rebeldes y ariscos. Pero la mayoría son ladrones; también es cierto que roban porque pasan hambre. El hecho de alimentar bien a mi familia me priva de tenerlos rollizos. Al fin y al cabo, ni ratones cazan los muy perversos. A veces quisiera verlos desaparecer a todos, pero ¿qué dirían los vecinos del barrio, filántropos del reino animal, que se dejan ver por las tardecitas sentados en los portales de sus viviendas con obesos perros de raza y mininos limpios y cebados? No me queda otra opción que soportarlos y, si se ponen majaderos, brindarles un cebo cualquiera para cuando se acerquen darles un pescozón en la frente.

Esta filosofía lógica es quizás la que implementa el Gobierno para el pueblo cubano. No es la primera vez que presentan la pequeña carnada entre el índice y el pulgar, y al acercarse el pueblo muy contento a tomarla, le propinan el golpe. Es el incuestionable método de los tanques pensantes del Sistema. Ya sabían que la crisis económica tocaba las puertas y rebajaron los precios a unos pocos productos de primera necesidad. Los "gatos" le partieron eufóricos al señuelo. Dejaron tiendas sin aceite, se fajaron en las colas, declararon por los medios televisivos y la prensa que ahora la economía del país sí iba en ascenso y que, –sobre todo eso, el entusiasmo– en lo adelante cada semana se iría reduciendo el importe de esos y otros muchos productos más, hasta nadar en la abundancia. Hubo quien matemáticamente calculó: "si un litro de aceite antes me costaba cinco días laborables, una depreciación de 20 por ciento me dispensa un día menos de trabajo en la semana". ¡Vaya ecuación revolucionaria!

Pero la euforia duró poco. Parte de la población estuvo de plácemes hasta que los más contentos se tocaron el bolsillo y se percataron de que lo tenían tan desinflado como antes.

En los gráficos del entusiasmo, el puntero se elevó como nunca antes en mucho tiempo. ¡Esa era la hora exacta de "soltar la podrida"!: el anuncio de la crisis del petróleo venezolano por la caída de los precios; paradoja incomprensible, pues, si el país no es productor de crudo, sino por el contrario tiene que adquirirlo en el exterior, habría que estar contentos con la noticia, debido a que con menos divisas se adquiriría mayor cantidad de hidrocarburo. Pero el Ministro lo dijo para que se entendiera sin análisis ni réplicas de nadie, como desde hace medio siglo se ha venido acostumbrando a la población.

Para andar sin rodeos, crisis de petróleo significa crisis general. En cualquier país del mundo hoy la energía lo mueve y lo regula todo y así ha de ser hasta que se descubran fuentes generativas alternas de energía, capaces de igualar en eficacia al combustible fósil. Cuba apenas produce una mísera fracción del carburante necesario. Sin combustible no habrá equipos para incrementar la agricultura de la que se aspiraba duplicar su producción; se limitarán y paralizarán las industrias; empeorará o desaparecerá el transporte público, etc. El escarpelo ha tocado hasta la cuota de muchos directivos obesos de la clase media que acostumbraban asistir a la playa y resolver "otras necesidades" con gasolina estatal gratuita.

El coscorrón puede llegar hasta los apagones eléctricos que, en un país donde se electrificó la cocina hogareña, han de resultar funestos. Pienso que a una madre que esté cociendo los alimentos de su bebé, se lo interrumpa un corte de electricidad en el hogar, no podrá dormir con buen humor esa noche; o lo que es peor: estará dispuesta a salir a la calle para manifestar su incomodidad.    

Mucho queda por especular sobre el tsunami que amenaza a la infausta Isla donde quienes la dirigen siguen empecinados en mantener un sistema político, económico y social que ha fracasado. Temen ser expeditos con la economía privada, porque el empoderamiento del ciudadano común puede cambiar las reglas del juego y prefieren cualquier crisis, hasta el caos, antes de darse por enterados. Por eso hay quienes, como gatos ariscos, huyen a los patios vecinos en los que sus dueños los ponen a cazar ratones, pero al menos los cuidan y alimentan bien. Mientras, los más estoicos y resignados, cuando reciben las infaustas noticias solo fruncen el ceño, toman aire y alistan su entelequia para descubrir la mejor fórmula de paliar lo que se les viene encima.

 

Pedro Armando Junco