lunes, 23 de marzo de 2015

Hablemos un poco de Santiago.¿solamente?

En el número 51 de la revista Viña Joven aparece un artículo de Rafael Duharte Jiménez, intelectual santiaguero de primera línea. Y yo, asiduo lector y colaborador de esa revista desde hace varios años, conocedor de su línea editorial completamente apolítica, quedé sorprendido. Por primera vez en su espacio "Sociedad" alguien habla tan claro y se lanza a fondo en la crítica, porque –dejémonos de simulaciones –sociedad y política son hermanas gemelas.

El título de su trabajo es "El Santiago feo". Y el señor Duharte lleva a cabo un análisis muy concreto sobre las causantes de que a los santiagueros que emigran se les denomine peyorativamente "palestinos".

"¿Existe una crisis en la cultura santiaguera?", se pregunta. Sí, existe. Y ha tenido el valor de señalar vertientes: cine, literatura, música, artes plásticas, danza. No excluye a la prensa ni a la televisión y, además, cita una serie de instituciones que también han sido tocadas por esa crisis. Lo que al señor Duharte le faltó señalar es el nombre de la causante, no ya del problema cultural sino espiritual del pueblo santiaguero, como agregar que es un lamentable desequilibrio nacional.

Si en algo no estoy de acuerdo con la tesis del articulista es en culpar a la población santiaguera por la pérdida de su condición capitalina desde hace varios siglos, cuando pasó a ser La Habana "la capital de todos los cubanos".  Porque luego de aquello Santiago de Cuba fue cuna de hombres célebres, hechos históricos relevantes y un sinnúmero de caracteres que la ornamentan históricamente.

Tengo amistades ilustres en Santiago de Cuba, permanentes allí. Acaso opacadas, como en muchos lugares de la Isla, pero fieles a su terruño. Y he podido constatar personalmente que ninguna otra idiosincrasia nacional es más desprendida y fraterna que la del santiaguero autóctono.

Sé que para Viña Joven, mi revista amiga –tan mía que a ella agradezco más de nueve publicaciones y mi escapada del ostracismo –debió haber sido difícil permitir una crítica que pone sobre la picota a quienes manejan nuestra sociedad desde hace varias décadas. Pero felicito a Viña Joven, porque es la hora de decir la verdad y sacar a la luz los errores que se cometieron y todavía se cometen.

Cuando el amigo Duharte señala que los santiagueros de hoy (no todos, por supuesto) andan sin camisa por las calles, se orinan en las esquinas, ponen música a los más altos decibeles en autos y viviendas, gritan palabras obscenas, echan basura en cualquier sitio y venden alimentos antihigiénicos, hay que responderle que eso no sucede solamente en su querida ciudad; que eso y mucho más es un hábito consuetudinario de todas las ciudades de Cuba, incluyendo a "la capital de todos los cubanos".

Señalar que los carnavales se han transformado en verbenas para esquilmar a la población con la venta de cervezas superlativamente caras y permitir que los merolicos y estafadores hagan su zafra, no es solo un problema santiaguero. Que se asen puercos en púas en medio de la calle en detrimento del asfalto que luego crea un bache seguro, ha sido el producto de una supuesta orientación de cocinar ajiaco popular en la vía pública cuando los festejos por los aniversarios de los CDR, y se acostumbra hacerlo en cualquier parte del país –si se tiene el puerco, claro –.  

En lo que sí estoy de acuerdo es en que el fraccionamiento territorial de la provincia de Oriente ha sido una causante más de esta crisis. Y eso lo han sufrido también, principalmente, las provincias de Camagüey y Santa Clara. No quiero ni pensar que esta medida haya tenido su génesis en la axiomática teoría de Maquiavelo. Pero el tiempo ha demostrado en la práctica que nos estamos dividiendo mientras desde Santa Ifigenia nuestro Apóstol suplica con dolor infinito todo lo contrario. 

¿Por qué "palestinos"? Es cierto que a los camagüeyanos no nos califican igual los habaneros incultos, pero cierta vez en una "guagua" capitalina escuché cuando una señora le recalcaba a mi niña que ingenuamente refirió ser camagüeyana: "Mija, La Habana es La Habana. Lo demás es área verde". Quizás esa señora desconoce que más de la mitad del pueblo habanero tiene sus raíces en tierras palestinas de áreas verdes.

Pero así también se nos divide. Y se nos divide cuando se fomentan contingentes de personas marginales para llevar a la construcción o vestirlos de policías. Y esos policías incompetentes, extraídos sobre todo de zonas rurales, llevados desde Oriente y desde Camagüey y desde otras provincias, cuya cultura choca con la del habanero ilustrado, ha dado lugar al apodo de "palestinos" junto a la presunción de que el resto del país es "área verde". Es hasta desgarrador el momento en que, en el filme Conducta, aquel policía expulsa de La Habana a un coterráneo suyo solo por venir de donde él mismo vino. Es bochornoso para la historia ese decreto que ordena expulsar, como a palestinos, –quizás ese decreto haya originado el despectivo apodo –a un ciudadano cubano de un lugar de Cuba. 

Lo cierto es que vivimos una crisis total de valores. La vive Santiago de Cuba; la vive Cuba en su totalidad. El propio presidente del país hubo de reconocerlo hace ya más de un año, pero nada se ha hecho para revertirla. Computaron 191 formas diferentes de "indisciplinas sociales". 

Algunas de estas indisciplinas pueden solucionarse fácilmente. Poner contenedores de basura pudiera ayudar a que los vecinos de la cuadra no echen los desperdicios en la calle. Crear urinarios puede servir para que nadie tenga necesidad de orinar en las esquinas. Luego de estos cimientos es plausible infligir a los infractores. Permitir a las personar publicar sus desacuerdos no solo podría evitar las manifestaciones callejeras de los opositores, sino ayudaría a los artistas e intelectuales a elaborar una mayor y más exitosa producción porque, como apuntara Martí: "Ni escribe el escritor, ni habla el orador, ni medita el legislador, sin libertad. De obrar con libertad viene obrar con grandeza".

Hay otros vicios que no serán tan fáciles de erradicar; que solo una cultura de punta puede arrinconar en el escenario popular. Pero esa cultura ha de ser limpia, sincera, multitudinaria. Una cultura de amor en las que las iglesias –de todas las denominaciones –pueden –y estoy seguro –desean participar.

No sé si Viña Joven esté dispuesta a publicar esta "bloguería". De hacerlo me sentiré altamente gratificado.

 

Pedro Armando Junco

lunes, 16 de marzo de 2015

Mi hija en sus XIII cumpleaños

A los amigos que siguen mi blog les envío esta foto de mi hija menor el día que cumplió 13 años. Es mi orgullo y una de las más fuertes razones que tengo para vivir.
 
Pedro Armando Junco

miércoles, 11 de marzo de 2015

Frases para recordar

Si algo me permito aconsejar a los noveles escritores es la utilización de las "frases relámpagos". Y si estas frases relámpagos pertenecen a su autoría, mejor aún. Esto puede ser válido tanto para la narración como para la poesía, sin marginar el periodismo.

Soy de la opinión que la literatura actual en nuestro país es entendida erróneamente por muchos autores como la necesidad de ofertar al lector la idea de que quien escribe es una persona de alta cultura, conocedor de un sinnúmero de personalidades –muchas de ellas desconocidas por el gran público –, y citarlas a carretilla con sentencias brillantes, olvidando por completo colocar las propias en el texto que, a fin de cuentas, serán quienes califiquen al autor.

La sencillez tanto en la prosa como en el verso, si está usada con arte, prende por sí sola: "Es tan corto el amor y es tan largo el olvido". Pablo Neruda.

Claro que estoy de acuerdo en que las frases célebres aparezcan metódicamente para calzar el criterio del que escribe, ya que en ellas, por lo general, va implícito el mensaje universal de alguna idea nunca antes dicha de esa manera y que, casi siempre, brinda desiguales vertientes de criterios. Pero la pifia radica en traerlas agarradas por los pelos con el único propósito de mostrar cuánto hemos leído y cuánto conocemos del ámbito cultural.

Nunca he gustado más, sobre todo en mi blog, que colocar citas de José Martí, héroe indiscutible de la Patria, pensador supremo de Cuba y, posiblemente, de toda Latinoamérica. Porque nuestro Apóstol pertenece tanto a la iconografía de los cubanos de izquierda como a los cubanos de derecha dentro del país  y allende el mar. Del lado de acá del Estrecho se le conoce, inclusive, como el Autor intelectual del asalto al cuartel Moncada; del lado de allá, la emisora más odiada por el Gobierno Revolucionario lleva su nombre. Y me gusta citarlo por eso, para que no nos lo tuerzan ni de un lado ni del otro.

Y sucedió recientemente que cayó en mis manos una revista nombrada Convivencia, de perfil opositor, pero con buenos artículos periodísticos. Y al buen periodismo hay que aplaudirlo venga de donde venga, como se ha de echar a un lado el fabricado de consignas gastadas. En esta revista aparece la conferencia magistral del canciller español José Manuel García-Margallo, exponiendo sus experiencias durante la transición en España después del franquismo. Y como en Cuba estamos en período de transición, acéptese o no por los extremistas –el hecho de poder escribir este artículo sin temor a represalias verticales es un baluarte a mi criterio –, no puedo pasar por alto frases que, sin ser propias del canciller, trajo a colación en su discurso.

La primera de estas citas que, a propósito, corrobora lo que acabo de decir, fue una sentencia del novelista ibérico Miguel Delibes: "antes te obligaban a escribir lo que no sentías, ahora se conforman con prohibirte que escribas lo que sientes". Esto nos viene como anillo al dedo, puesto que todavía la prensa cubana continúa permeada por lineamientos partidistas y excluye todo criterio que intente el cuestionamiento más ínfimo. Aún los directivos que tienen que ver con este desajuste antidemocrático no acaban de entender lo provechoso que sería una prensa respetuosa con criterios de oposición a lo mal hecho y a lo mal establecido. Todavía el calificativo opositor –afortunadamente sustitutiva de la anterior: gusano –aparece como un estigma en aquellos que pretenden el entendimiento más lúcido y civilizado. Por eso, la frase de Miguel Delibes escrita en medio de la transición española, tiene para Cuba plena vigencia.

En su conferencia magistral el canciller español descarga un diluvio de conceptos imposibles de reproducir en las escuetas líneas de este enunciado, pero algunos de ellos se revelan inadmisibles a pasar por alto, como es la primacía de la concordia en estrecho enlace con la diversidad de criterios. "Es necesario pasar de un régimen personal a un régimen de participación, sin rupturas y sin violencia".

La reconciliación nacional en España puede servirnos de ejemplo para la futura reunión de los cubanos: ausentes y presentes en la Isla. Y trae de inmediato a colación una cita del historiador y pacifista peninsular Salvador de Madariaga: "Los que antaño escogimos la libertad perdiendo la tierra y los que escogimos la tierra perdiendo la libertad nos hemos reunido para otear el camino que nos lleve juntos a la tierra y a la libertad". Este pensamiento es totalmente lapidario para nuestro futuro.

De esta conferencia, a pesar de traer solo mensajes de reconciliación y respeto en las exposiciones sobre experiencias vividas por el pueblo español luego de Franco, nada supo el pueblo de Cuba. No fue transmitida por la televisión, ni escuchada por la radio, ni publicada por la prensa escrita. Sin embargo, en ella estuvieron presentes altas personalidades de la diplomacia cubana que otras veces vemos pronunciar largometrados discursos en el espacio estelar del noticiero televisivo.

El canciller de España planteó, categóricamente, que no es preciso –para sacar adelante a un país –que toda la ciudadanía piense de igual manera, desee lo mismo, trabaje por lo mismo; sino todo lo contrario: en las argumentaciones disímiles se esconde el éxito, el desarrollo, no solo porque los seres humanos nada tenemos de autómatas, sino porque somos entes pensantes que para nada deben mantener idénticos criterios. En el brillante final de su exposición José Manuel García-Margallo concluye con las siguientes palabras del conocido filósofo y ensayista español Julián Marías:

"Los españoles no estamos de acuerdo –gracias a Dios –. Ningún pueblo lo está. El desacuerdo es inevitable y maravilloso, siempre que no roce la concordia, la decisión inquebrantable de no romper la convivencia"

 

Pedro Armando Junco    

 

viernes, 27 de febrero de 2015

Los malos malos

Dos días más tarde del encuentro con "los buenos buenos", precisamente el 23 de enero, recibí una llamada telefónica al mediodía. Era una llamada anónima que me instaba a sintonizar el televisor en la emisora provincial. El que llamaba me insistió en que era algo de suma importancia que debía ver, y de inmediato colgó el auricular.

Como yo no tengo televisor, fui a la parte de la casa que doné a mi hija y le pedí pusiera Televisión Camagüey. Transmitían en ese instante una especie de documental provinciano en el que acusaban a un falso pastor de iglesia de nueva denominación que recibía dinero desde el exterior y se dedicaba a ofrecer meriendas y comidas los viernes, en determinado punto de la ciudad a personas muy pobres; se afirmaba en el documental que este pastor apócrifo, perteneciente a los malos malos, recibía ese dinero de una institución contrarrevolucionaria de Miami, o algo así, pues cuando me senté a ver el audiovisual ya había comenzado.

Todos sabemos que en Cuba –como en los demás países del mundo –hay individuos miserables que ni siquiera cuentan con un plato de comida al día. Conocemos también que el Estado cubano mantiene puntos dentro de la ciudad donde esas personas pueden adquirir un plato de arroz, potaje y algo más a un precio módico. Pero es honesto reconocer que, debido al envejecimiento de la ciudadanía, el éxodo de los más jóvenes y la caótica crisis alimentaria del país, ese número de personas infortunadas va en aumento acelerado. Por lo tanto pensé que no estaba mal que alguien más se sumara en ayudar al Gobierno y al Estado cubanos en esa labor altruista de socorrer a los más necesitados. De hecho, la iglesia católica lo está llevando a cabo desde hace tiempo sin mucho ruido, y algunas otras denominaciones cristianas lo tienen en proyecto. La iglesia Bautista a donde asiste mi familia tiene un programa de visita y ayuda a los niños que padecen enfermedades incurables en el hospital pediátrico de la ciudad. ¡Eso es hermoso! Nada hay más cristiano que auxiliar al prójimo necesitado.

Pero en el documental aparecieron personas, disimulado el rostro, que prestaban testimonios negativos de ese supuesto pastor y de su equipo, aduciendo que junto a los alimentos, aprovechaban la oportunidad para hacer propaganda enemiga. Y unos momentos después apareció en pantalla una foto en la cual aparecía el apócrifo ministro. Para sorpresa mía, el sujeto era un joven amigo cibernético que desinteresadamente atiende mi PC, le realiza mantenimientos y resuelve cualquier dificultad que se le presente sin costo alguno, salvo cuando hay que adquirir alguna pieza, y pocas veces hemos tocado temas políticos. Como es natural, corrí a su casa inmediatamente. Creo que también hay algo de cristiano en eso de visitar al amigo cuando se le denigra. Y es bueno, por supuesto, como aconsejaba Sancho Panza en la Ínsula Barataria poner un oído para el acusador y otro para el acusado.

Según me cuenta Yiorvis Bravo, el falso pastor –a quien le pedí el máximo de sinceridad –, es cierto que la ayuda que se ofrecía vino desde el exterior, de manos de una mujer exiliada; que él en realidad no es pastor, aunque sí es un celoso colaborador de la iglesia; pero que la razón principal de públicamente denigrarlo es porque él vive en una mansión heredada de alto valor económico debido a su arquitectura y localización urbanística de la que en más de una vez han tratado de desalojarlo y por eso se le difama públicamente.

 

A mi juicio, de ser cierto que al entregar la dádiva se arguyen intereses ajenos al fruto, se falsean los principios cristianos, porque desde el Sermón de la Montaña nos llega la idea de que, cuando tu mano derecha otorgue algo, que tu mano izquierda ni se entere; pero al margen de estos principios, el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclama la libertad para difundir nuestras ideas por todos los medios de expresión. Y hasta cabe preguntar: ¿no es un repiquetear constante por todos los medios difusivos del país las gratuidades del Estado cubano en todas sus vertientes, sobre todo en educación y salud? Cuando entramos a un local hospitalario lo primero que aparece ante nuestros ojos es el afiche arto conocido de que "La Salud es gratuita, pero cuesta".

Soy de la opinión de que, si los alimentos que regala la iglesia de Yiorvis no traen venenos ni virus infecciosos, poco debe importar de dónde vengan ni si es pastor o laico quien los ofrece pues, hasta donde yo conozco, ni Cristo ni Juan el Bautista contaban con certificaciones de santos. En vez de calificarlos como malos malos, debería estimularse a que otros se sumen, y pedirles más, mostrándolos como ejemplo a seguir.

 

Pedro Armando Junco.  

 

lunes, 16 de febrero de 2015

Aviso

Ante todo pido disculpas a mis seguidores por la ausencia en mi blog. Esto fue el resultado de una intensa labor, contra reloj, que la editora de mi novela 36 hombres a bordo y yo tuvimos que desplegar junto al equipo editorial, para que el texto pudiese llegar en tiempo y forma a la Feria Internacional del Libro en la Habana.

Por fortuna, lo conseguimos. El 20 de febrero, según me informan los programadores, haremos la primera presentación oficial en La Cabaña, sede del mayor evento literario del país. Allí estaremos, lavando con letras la tanta sangre que en ese lugar se derramó. Y aprovecho para invitar a los amigos de mis bloguerías residentes en la capital, para que me acompañen en día tan importante para mí. Para aquellos que no me conocen personalmente esta es una oportunidad magnífica. Para aquellos que residen en Camagüey, les aviso que se harán presentaciones en nuestra ciudad a partir del 8 de abril; la convocatoria queda hecha.

Y les prometo mi próximo post apenas a mi regreso de la Feria Internacional con el contrapeso de Los buenos buenos: Ya tengo en mente: Los malos malos.

Los quiere y abraza,

 

Pedro Armando Junco

martes, 27 de enero de 2015

¿Los buenos buenos?

El miércoles 21 de enero, el camión en que viajaba de regreso a la ciudad fue requisado a las cinco de la tarde en el punto de control de la carretera de Santa Cruz del Sur.

Antes de llegar al sitio conversaba con otros pasajeros sobre las requisiciones que se han incrementado últimamente en dicho lugar –desconozco si en todos los puntos de control del país sucede lo mismo –. Y hasta me atreví a decirles:

–Hoy no nos registrarán. Hoy se están llevando a cabo las conversaciones de concordia y entendimiento entre Cuba y los Estados Unidos.

Lo expresé con toda sinceridad, porque los mensajes que nos hicieron llegar desde sus tribunas los presidentes de ambos países fue un mensaje de paz y de ardientes deseos por sacar adelante a la sociedad cubana, que tanto lo necesita. Podía agregar además el júbilo con que más del 90 por ciento de la ciudadanía acogió los acuerdos y, teniendo en cuenta que la Revolución es del pueblo, que desde hace años se viene promoviendo por nuestro presidente un cambio de mentalidad en la directriz nacional y en toda la población, que era precisamente ese día cuando se estaban negociando cuestiones claves sobre la gran cantidad de convenios acordados, quedaba completamente fuera de lugar una requisa para incautaciones arbitrarias. 

El chasco fue tremendo. Estaban requisando a todos los vehículos que cruzaban desde o hacia Camagüey. A nuestro camión de pasajeros subió un par de policías gruesos y grandes, idénticos a los atletas de lucha greco-romana. Uno de ellos, al cruzar la puerta de entrada, antes de comenzar la inspección dijo muy alto, para que todos escucháramos:

–¡Este año vengo que no creo ni en camarones ni en pescados!

Y acto seguido fue apretando maletín por maletín de cada pasajero como suyos, al mismo tiempo que iba preguntando a quiénes pertenecían. Por último, al no encontrar lo que buscaban, bajaron del camión a un jovencito que traía dos porrones de puré de tomate. Lo bajaron del camión y lo dejaron detenido. El camión continuó viaje y fue entonces cuando escuché a los pasajeros hablar de las arbitrariedades y falta de compostura de los dos policías. Todos habíamos callado cuando debimos protestar, incluso yo. Sentimos miedo a enfrentarnos a los dos gigantes para al final, como siempre sucede, perder el pleito. Ellos siempre tienen la anuencia de sus superiores.

En términos legales, ¿esa arbitrariedad del registro en público no está vedada en nuestras propias leyes? ¿Es que ya no basta con prohibirle al pueblo comer carne de res, langostas y camarones, sino que ahora también van a prohibir comer pescado y transportar puré de tomate? ¿Puede considerarse ilícito que un ciudadano cualquiera transporte dos porrones de puré o cualquier otro tipo de mercaderías puestas a la venta libremente en cualquier sitio del territorio nacional?

El pueblo comenta que la obesidad de algunos funcionarios se debe a esas requisas arbitrarias, porque no todo lo decomisado va a parar a los círculos infantiles, hospitales, ni a casas de abuelos. Pero, además, ¿qué daño puede causar a la sociedad que un ciudadano cualquiera se busque la vida en cualquier negocio que apenas le proporcionará el pan de cada día?

¿Jorge Luis Tapia sabe de esas arbitrariedades? No lo creo. Un hombre que desde que llegó a esta provincia no ha hecho más que ocuparse de encaminar el inmovilismo en que estábamos sumidos, debería tener sobre su buró esta queja. Y más aún. Recuerdo cuando nos pidió a los intelectuales proyectos para el desarrollo. Hace tiempo estoy trabajando en un proyecto vial que pienso enviarle muy pronto. Pero ahora se me ocurre una sugerencia adicional: ¿por qué no se les ofrece a esos policías obesos una caballería de terreno, se le facilitan créditos para herramientas y semillas y se les compra todo el puré de tomate que, junto a su familia, sean capaces de producir en su finca, para que conozcan verdaderamente el sacrificio de la productividad? 

Debemos hacerles conocer a cada uno de estos uniformados, cuyos sueldos solventa la sociedad en pleno, que ellos existen para proteger, para dar asistencia, para cuidar los intereses del ciudadano, para tratar con benevolencia aun cuando se cometa un delito; no para esquilmar como a mansas ovejas una población que "lucha" el peso diario para malamente alimentarse. En un país sumido en la incapacidad industrial y agropecuaria, el derecho a sobrevivir gracias a cualquier pequeño negocio, debe entenderse válido.

Hace algunos años veíamos por la televisión un comercial donde un niño se acercaba a un policía y le gritaba: "¡Policía, policía, tú eres mi amigo!".¿Es válido esto en referencia al punto de control de la carretera de Santa Cruz del Sur? ¿En realidad estos tipos de agentes son los buenos buenos?

 

Pedro Armando Junco



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martes, 13 de enero de 2015

¡Dos pasos emergentes!



La gente comenta sus opiniones. Cada persona imagina el futuro y rara vez coinciden los criterios. El hito del Día de San Lázaro ha volcado la imaginación ciudadana hasta concebir las vertientes sociales menos imaginables, sobre todo inconsecuentes con los lineamientos oficialistas. Porque si algo de error se le puede señalar al ministro Murillo, es su creencia de que es posible efectuar cambios económicos sin siquiera tocar una esquina de los postulados sociales y políticos. Ese dogma no solo es erróneo, sino antidialéctico. Antimarxista.
Sin embargo, coincido con los que piensan que antes de las reformas constitucionales y la diversidad de partidos políticos, urgen otros cambios sociales que frenen la desintegración de la nación cubana, ofreciendo a los ciudadanos de a pie, o sea, a la totalidad del pueblo, la oportunidad de ascender en sus niveles de vida y proponerse metas de desarrollo real y fructífero a corto y mediano plazo. Porque el partido único puede permanecer hasta que las nuevas generaciones de cubanos que nos sucederán decidan qué hacer con él; hay mucho de verdad en la politiquería del multipartidismo. Por nuestra parte, un partido no tiene por qué ser una copia china ni vietnamita, que no por gusto vivimos en otro hemisferio; nuestro partido único pudiera abrirse a toda la población: no ser exclusivo, sino inclusivo. Pudiera admitir en sus filas no solo a los alcohólicos y débiles mentales, sino también a los moderados y a los “opositores”. Solo así podríamos afirmar que el Partido representa al pueblo. Negar esto es castrar el derecho ciudadano constitucional a participar en el Gobierno del país, que es diametralmente antidemocrático. Inclusive, dentro de este mismo partido único se pudieran consentir dos corrientes: la extrema izquierda de los acomodados que no quieren el cambio (cuya reacción al paso presidencial ya la están formulando mediante los medios difusivos que ellos controlan)  y el centro izquierda de los marginados, ya que en la nomenclatura comunista la “derecha” es una mala palabra.     
De esta manera el ciudadano común, con voz y voto oficial, podría colocar en el foro sus inquietudes y sus discrepancias; en fin, sus ideas de cómo debe marchar la sociedad en pleno, sacando de las manos de unos pocos el derecho a ordenar y desordenar. En un Partido inclusivo no podrían los funcionarios del Ministerio de finanzas y precios ponerle a la venta a un trabajador cubano un jabón Palmolive cuyo precio representa el 20 por ciento de su salario mensual.
El segundo paso de suma urgencia estaría encaminado a la creación de instituciones verdaderamente no gubernamentales, sobre todo un sindicato libre, capaz de explicarle al Ministerio de economía que un obrero de empresa mixta (entiéndase de inversión extranjera) no tiene por qué renunciar al 92 por ciento de su salario bajo el pretexto del desequilibrio social; primero, porque un trabajador que se sabe explotado no trabaja con eficiencia… o no trabaja (esta ha sido la causa principal del desastre económico del país), y segundo porque la solución está en elevar los salarios de aquellos que no ejerzan sus funciones en empresas mixtas. Si se tiene exceso de dirigentes, de Ejército y policía, de organismos improductivos y fantasmas, la solución está en darle camino a esos asalariados hacia formas inmediatas de producción, sobre todo alimentaria, y no esquilmando al que produce para mantener a los improductivos. 
Claro que estas dos medidas de indiscutible emergencia deben estar sustentadas por la apertura de los medios difusivos sin censura y el acceso a información global, como es el caso de Internet para todos. ¡No podemos dejarles a Pánfilo y Chequera toda la carga!

Pedro Armando Junco